BUENOS AIRES – El nuevo Board of Peace promovido por Donald Trump empieza a tomar forma entre muchas incógnitas y un respaldo internacional todavía muy limitado.

El presidente de Estados Unidos invitó a más de cincuenta países a sumarse al organismo, pensado en un primer momento para supervisar la reconstrucción de la Franja de Gaza y, en una segunda etapa, ampliar su alcance a otros conflictos a escala global.

El objetivo declarado de la Casa Blanca es llegar rápidamente a una ceremonia formal de adhesión, idealmente durante el Foro Económico Mundial de Davos, aunque los plazos parecen ajustados y poco compatibles con la complejidad política de la iniciativa.

Frente a más de cincuenta invitaciones cursadas, las adhesiones confirmadas hasta ahora son apenas ocho. Un número que refleja la cautela predominante entre los líderes mundiales, muchos de los cuales optan por ganar tiempo o guardar silencio para no quedar expuestos ante un proyecto percibido como fuertemente personalizado en torno a la figura de Trump y potencialmente competitivo con el rol de las Naciones Unidas.

En ese contexto, el lugar de América Latina aparece claramente relegado. Entre los países convocados por Trump, solo Argentina, Brasil y Paraguay forman parte de la región.

El dato resulta llamativo, sobre todo por la ausencia de México, actor histórico de la diplomacia regional, interlocutor tradicional de Washington y una de las principales economías del continente junto con Brasil. La exclusión mexicana fue leída por distintos analistas como un gesto político y alimenta dudas sobre el equilibrio geográfico y estratégico del nuevo organismo.

A estas reservas se suman interrogantes de carácter financiero. Trump incluyó una cláusula que establece el pago de un aporte de mil millones de dólares para los países que aspiren a una membresía permanente en el Board of Peace. Quienes no desembolsen esa suma podrán participar únicamente con un mandato limitado a tres años.

En Paraguay, el gobierno de Santiago Peña aclaró que no realizará ningún pago, al sostener que el aporte no es obligatorio para una adhesión básica y que la cláusula se aplica solo a una modalidad especial de participación.

Una postura similar se expresó desde la Argentina de Javier Milei. En la Casa Rosada dan por descontado que Estados Unidos no buscará imponer ese desembolso a un aliado político tan cercano, especialmente en un momento en que el país enfrenta fuertes vencimientos de deuda externa. De todos modos, el Ejecutivo no descarta que puedan plantearse alternativas, como esquemas de acceso preferencial o herramientas financieras que permitan una participación más amplia sin un costo directo.

En el plano diplomático, la presencia argentina en Davos se combina con una agenda intensa de reuniones bilaterales. El canciller Pablo Quirno tiene previstas varias actividades paralelas, entre ellas un encuentro con el ministro de Economía de Israel, Nir Barkat.

Además, Quirno y su par israelí Gideon Sa’ar ya acordaron una nueva reunión para febrero, en el marco de la Conferencia de Seguridad que se realizará en Múnich, Alemania, lo que confirma el fortalecimiento del diálogo entre Buenos Aires y Tel Aviv en el escenario internacional actual.

Más cautelosa se muestra la posición brasileña. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva inició consultas internas para evaluar las consecuencias diplomáticas de una eventual adhesión, sin adoptar por ahora una postura oficial.

Entre las preocupaciones que circulan en ámbitos diplomáticos de Brasil figura el posible debilitamiento del rol de la ONU, blanco frecuente de críticas por parte de Trump, y el riesgo de que el Board of Peace se convierta en un instrumento político paralelo, conducido de manera permanente por el propio presidente estadounidense.

Los borradores del estatuto refuerzan esas sospechas, al prever una presidencia vitalicia a cargo de Trump y una ampliación progresiva de las competencias del organismo más allá del expediente de Gaza.

Aunque la Casa Blanca defiende la iniciativa como un mecanismo innovador para premiar a los países más comprometidos con la paz y la seguridad global, la combinación de invitaciones selectivas, aportes millonarios y escasas adhesiones ya marca al proyecto con profundas divisiones.