MONTEVIDEO – Con cientos de personas en el gran salón del histórico edificio Pablo Ferrando y otras tantas en la puerta sin poder entrar, la inauguración oficial de la Feltrinelli en Montevideo, el sábado por la noche, se transformó en una verdadera celebración ciudadana alrededor de los libros.

Carlo Feltrinelli, presidente del grupo, tras un saludo breve pero muy sentido en español, dijo estar “emocionadísimo por la respuesta que hubo en esta ciudad tan vital culturalmente y de gran calidad democrática, con muchísimos jóvenes que ya se acercaron en estos días”.

El responsable de la editorial, fundada en 1955 por su padre Giangiacomo, recordó que es el primer local del sello fuera de Italia y lo definió como “un experimento en el que creemos mucho”. Y agregó: “tenemos que disfrutar esta fiesta increíble, con mil personas y quizá más que se disponen a celebrar una librería. Y eso creo que es, cultural, política y cívicamente, algo excepcional”.

También Alessandra Carra, directora ejecutiva del Grupo Feltrinelli, destacó la emoción por una idea que fue tomando forma con el tiempo y que hoy se concreta. “Pensamos abrir este espacio hace un año y medio y hoy se hace realidad un proyecto, un sueño. Este puente cultural entre Italia y Uruguay nos llena de orgullo y felicidad”, señaló antes de que comenzaran los festejos.

En representación de las instituciones italianas participó el embajador Fabrizio Petri, quien subrayó el valor de la iniciativa. “Es importante, es un orgullo para nosotros. La excelencia de la cultura italiana es realmente algo extraordinario y creo que esta iniciativa va a fortalecer los vínculos culturales entre Italia y Uruguay, y con toda América Latina”.

El diplomático recordó que, además de los títulos propios y de otros sellos, en el local también se ofrecen productos de la Fundación Feltrinelli, la Escuela Holden y todas las producciones audiovisuales de Feltrinelli Media, y remarcó que se trata de “una oportunidad única”.

La noche siguió con la música de la Orquesta de las Mil Melodías, que recreó el swing, el jazz, el charleston y la rumba de los años veinte y treinta. Los músicos tocaron desde la gran escalera y entre el público, y convirtieron la apertura en una fiesta animada, tanto dentro como fuera del edificio.

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