MONTEVIDEO – El miércoles 21 de enero murió, a los 101 años, Linda Kohen, pintora emblemática del arte uruguayo del siglo XX.

Nacida en Milán como Linda Olivetti Colombo, en el seno de una familia judía de origen piamontés, se vio obligada a dejar Italia en 1939 a raíz de las leyes raciales del fascismo. Tras una breve estadía en Buenos Aires, se radicó definitivamente en Montevideo, ciudad donde desarrolló una extensa y reconocida trayectoria artística.

En una entrevista concedida a Il Globo hace un año, Kohen había recordado el viaje del exilio y la ruptura forzada con Italia: “Nosotros somos judíos. En el ’39 nos fuimos, por suerte”, contaba, sin dejar de subrayar el fuerte vínculo con su ciudad natal: “En Milán vivimos una vida plena, éramos felices de ser ciudadanos milaneses, meneghinos, aunque en mi casa se hablaba piamontés porque mi padre era de Casale Monferrato”.

Luego de su casamiento con Rafael Kohen adoptó su apellido y comenzó a firmar sus obras como Linda Kohen, desarrollando una pintura sobria, centrada en la observación de lo cotidiano y de la vida común.

Su vida estuvo atravesada por un doble exilio: el primero, impuesto por el fascismo, y el segundo, elegido durante la dictadura uruguaya de los años 70, cuando se trasladó a San Pablo, en Brasil.

Fueron numerosos los reconocimientos recibidos a lo largo de su carrera, tanto en Uruguay —con el Premio Figari y la distinción como Ciudadana Ilustre de Montevideo— como en Italia: en 2023 fue condecorada por el presidente Sergio Mattarella como Caballero de la Orden al Mérito de la República.

“Fue algo muy lindo. Aunque pensaba que habría sido aún más lindo para mi padre”, había dicho durante aquella entrevista.

Además, en el marco del Día de la Memoria, en el Liceo Beccaria de Milán se inauguró un atril con los nombres de los veinte estudiantes expulsados en 1938 por las leyes raciales y por su compromiso antifascista, entre ellos, el de Linda.