BUENOS AIRES – Fue una celebración que reunió a los ligures de Sudamérica: los 125 años de la fundación de la Asociación Genovesa Argentina Carboneros Unidos (AGACU). El festejo, el 11 de marzo, comenzó en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y terminó en la sede de la entidad. 

De la ceremonia oficial, que cerró con el descubrimiento de una placa conmemorativa, participaron socios y amigos de la asociación: una concurrencia ligada a la comunidad italiana. 

La distinción ya había tenido un anticipo el año pasado, cuando la propia Legislatura declaró a la institución “de interés cultural”. 

La legisladora Gimena Villafruela (PRO, partido político argentino de centroderecha fundado por Mauricio Macri) destacó el trabajo de AGACU y, en un plano más amplio, el de las organizaciones de la colectividad italiana, “herederas de una tradición cultural que contribuyó a moldear la fisonomía de los barrios de la ciudad e incluso el léxico y la manera de hablar de la gente”. Tanto es así que los lingüistas reconocen en el español latinoamericano una variante rioplatense, extendida en Buenos Aires y Montevideo, epicentro de la inmigración italiana en Sudamérica. 

Y no solo eso. El trabajo de los carboneros tenía una utilidad social porque permitía calefaccionar las viviendas y acompañar el desarrollo de los comercios, empezando por las parrillas, los restaurantes especializados en carne a la brasa, famosos en todo el mundo. 

De izquierda a derecha, Sorba, Villafruela, el cónsul Barbera, Brignardello y Ripamonti. (Foto: Francesca Capelli) 

En la misma línea se ubicó la intervención del periodista gastronómico Pietro Sorba, que vive en la Argentina desde 1992 y fue nombrado embajador cultural de Liguria. “Mi padre y mi tío, que eran marinos, me hablaban mucho de esta ciudad mítica, de la avenida Corrientes y del asado”, recordó. 

En su relato describió toda la “liguridad” que encontró en Buenos Aires, tanto en la cocina como en el lenguaje. El tuco, salsa de tomate, deriva del toco genovés. La fainá y la fugazzeta son variantes y cruces de recetas de la Riviera, el pan dulce es una versión del pan dolce navideño ligur. “El original es bajo y con poca fruta, pero el gigantismo argentino lo enriqueció –bromeó–. Es comprensible en quienes habían nacido en la pobreza, habían escapado del hambre y construyeron la abundancia a fuerza de sacrificio”. 

El cónsul Carmelo Barbera señaló que la doble identidad genovesa y argentina ya está presente en el nombre de la asociación, “comprometida, como muchas otras, con transmitir los valores y el vínculo con Italia”. 

Desde Italia llegó, junto con la delegación del Consejo Regional de Liguria, Paolo Ripamonti (Lega, partido de derecha que integra el gobierno italiano junto a fuerzas como Fratelli d’Italia, de Giorgia Meloni, y Forza Italia, de Antonio Tajani), ministro regional de Seguridad y Energía, con delegación para los italianos emigrados. En su discurso no ocultó la emoción. 

“Este no es un simple aniversario, sino una historia hecha de personas, trabajo y esperanza –explicó–. Para quien partía de Génova, lo último que se veía desde el barco era la Lanterna, el faro. Por eso se llevaba a la Argentina su luz de esperanza. Acá encontró un nuevo hogar, pero sin olvidar las raíces. Y Agacu siempre cumplió ese papel: mantener vivo el lazo”. 

La Lanterna adquirió una importancia simbólica tan fuerte entre los descendientes de genoveses en el mundo que la Región decidió regalar reproducciones monumentales a distintas ciudades que albergan a la diáspora ligur. Una ya fue inaugurada hace pocos días en Poços de Caldas (Minas Gerais, Brasil), por el propio Ripamonti. Otras llegarán a Buenos Aires y a Chile, en Valparaíso. 

También se mostró radiante y conmovido Sergio Brignardello, presidente de AGACU, impulsor además de una modernización en la gestión de la asociación —presencia en redes sociales, actividades culturales e iniciativas editoriales—, aunque sin apartarse de los valores de los padres fundadores. “Este reconocimiento –afirmó– es un estímulo para difundir con todavía más pasión la cultura de Génova en la Argentina y viceversa”. 

El festejo siguió en la sede de Agacu, donde se reunieron representantes de distintas asociaciones ligures de la Argentina (La Plata, Tucumán y Santa Fe), Uruguay (Paysandú) y Paraguay, los cristezzanti —tradicionales organizadores de celebraciones religiosas y comunitarias de origen genovés, vinculadas a fiestas patronales y a la vida social de los inmigrantes— y los bomberos voluntarios de La Boca, cuya historia se entrelaza con la presencia genovesa en el barrio porteño. Cada una llevó un regalo típico de su territorio y una placa de su institución, para integrar una muestra permanente en la entrada de la sede. 

De izquierda a derecha, Ripamonti, Brignardello y la funcionaria de la Región Liguria Claudia Costa. (Foto: F. Capelli) 

“Muchos de nosotros hoy nos conocemos por primera vez –observó Brignardello–, aunque estamos en contacto por un grupo de WhatsApp”. La presencia institucional de Paolo Ripamonti fue la ocasión para poner en marcha iniciativas conjuntas con la Región Liguria, en una invitación implícita a la unidad y la cooperación que no quedará sin respuesta. 

De la Lanterna al Obelisco, ida y vuelta: ahora las distancias parecen mucho más cortas.