CARACAS – La detención de Alberto Trentini, iniciada el 15 de noviembre de 2024, terminó hoy, después de 423 días. El cooperante venezolano de 46 años, que trabajaba con la ONG “Humanity & Inclusion” en la asistencia a personas con discapacidad, llevaba menos de un mes en el país sudamericano cuando fue detenido.

Había llegado a Caracas el 17 de octubre y fue interceptado en un control mientras viajaba hacia Guasdualito, en la frontera con Colombia, para llevar ayuda a comunidades locales. Al momento del arresto no tenía consigo los medicamentos que necesitaba para controlar la hipertensión y durante semanas no se supo nada sobre su paradero.

Fue recluido en la cárcel de máxima seguridad de Rodeo 1, en las afueras de Caracas, una estructura denunciada en múltiples ocasiones por organizaciones internacionales por las condiciones “crueles, inhumanas y degradantes” a las que son sometidos los presos políticos. Durante más de dos meses, las autoridades venezolanas no brindaron ninguna información ni permitieron contactos con el exterior, hasta que en enero de 2025 el Palacio Chigi aseguró que el gobierno italiano estaba “activando todos los canales posibles” para lograr una solución positiva.

Durante la detención, la propia ONG “Humanity & Inclusion” mantuvo un perfil de extrema reserva sobre el caso, compartiendo únicamente una campaña de recolección de firmas impulsada por la familia.

La primera señal concreta llegó recién en la noche del 16 de mayo de 2025, después de 181 días de silencio, cuando Trentini logró llamar a su familia desde la cárcel para tranquilizarlos sobre su estado de salud.

Un mes antes, en abril, la presidenta del Consejo de Ministros, Giorgia Meloni, había llamado personalmente a la madre, Armanda Colusso, garantizando el compromiso de las instituciones para lograr la liberación de su hijo.

A lo largo de los meses no faltaron las tensiones: con motivo del primer aniversario de la detención, la madre del cooperante expresó públicamente su indignación, acusando al gobierno de haberse movido con demora. Una postura que luego se moderó, con un llamado al silencio para no entorpecer las negociaciones: “Cada palabra equivocada puede comprometer la liberación”, habían dicho los padres.

La noticia esperada llegó hoy, 12 de enero, cuando el ministro de Relaciones Exteriores, Antonio Tajani, anunció la liberación de Alberto y del empresario turinés Mario Burlò, también detenido por el régimen venezolano. La primera ministra expresó su “gran satisfacción” por el desenlace positivo del caso.

Ambos pasaron las últimas horas en Venezuela en la embajada de Italia en Caracas, en el municipio de Chacao, antes del regreso al país, que debería concretarse esta misma noche.

Al momento de la liberación, Trentini apareció muy delgado y completamente rapado y, según expertos en derechos humanos, esto serviría para demostrar que el detenido no presenta signos evidentes de tortura en el rostro, aunque “las condiciones de reclusión en Rodeo 1 son en sí mismas un maltrato”, como subrayó el activista venezolano de derechos humanos Marino Alvarado.

“Fue todo repentino, inesperado. Estoy feliz, agradezco a Italia”, fueron sus primeras palabras tras recuperar la libertad, al tiempo que tranquilizó: “Nos trataron bien, no nos torturaron”.