BUENOS AIRES - Las historias de este encuentro comenzaron mucho antes de la conmemoración, organizada en ocasión de marzo, el “mes de la mujer”. Las homenajeadas cruzaron océanos, atravesaron épocas y dejaron huellas que todavía persisten.
En la sede de la Federación Calabresa de Buenos Aires, la Liga de Mujeres Italianas conmemoró el Día Internacional de la Mujer con un acto que fue, a la vez, homenaje y reconstrucción: una forma de volver sobre trayectorias que explican, también, una parte de la historia argentina.
La actividad, moderada por Cristina Borruto, reunió a referentes de la colectividad, autoridades y representantes diplomáticos. La presidenta de la Liga, Irma Rizzuti, marcó el tono desde el inicio. Recordó que la organización tiene 26 años de trayectoria y que su trabajo apunta a preservar y visibilizar el rol de las mujeres en la historia de la colectividad. “Nosotras elegimos cinco, pero podrían ser muchas más. Todas ellas son faros”, señaló. El objetivo del acto, agregó, también fue dar a conocer —especialmente a los nuevos representantes diplomáticos— una historia que muchas veces queda fuera de los relatos oficiales.
El recorrido propuso una lectura transversal de la inmigración italiana a través de cinco figuras que condensan distintas dimensiones: el arte, la literatura, la ciencia, la política y la cultura popular.
La primera intervención estuvo a cargo de Mariel Pitton Straface, quien presentó a Regina Pacini. Soprano de trayectoria internacional, nacida en Lisboa en 1871 e hija de un músico italiano, llegó a la Argentina en 1899 en el marco de sus giras. Su relación con Marcelo T. de Alvear marcó un punto de inflexión: dejó los escenarios en el momento más alto de su carrera. Desde ese lugar, impulsó una política cultural con fuerte impronta social. En 1938 fundó la Casa del Teatro, en un contexto en el que los artistas carecían de sistemas de protección. “Entendía que el aplauso es efímero, pero la dignidad debe ser permanente”, se recordó. Su nombre quedó inscripto también en el territorio: la ciudad de Villa Regina lleva su nombre.
Luego fue el turno de M. Teresa Straface, quien abordó la figura de la escritora Syria Poletti. Nacida en Italia en 1919 y llegada a la Argentina en 1929, formó parte de una generación marcada por la migración y la reconstrucción de identidad. Su obra se centró en la pobreza, la infancia entre dos culturas y la tensión entre pertenecer y recordar. “Ser ítalo-argentino no es estar dividido: es estar duplicado”, se planteó durante la intervención. Sus textos dieron voz a quienes no la tenían: mujeres, niños, familias atravesadas por el sacrificio.
El eje científico encontró su punto más alto en la exposición de Marina Artese Grillo, dedicada a Eugenia Sacerdote de Lustig. La intervención partió de una ausencia que atravesó todo el relato: “Ni una calle, ni una plaza con su nombre”.
Nacida en Turín en 1910, Sacerdote era prima de la Premio Nobel Rita Levi-Montalcini y compartió con ella una vocación científica que debió abrirse paso en un contexto restrictivo para las mujeres. En la universidad enfrentó resistencias sistemáticas. Más tarde, ya médica, un paciente pidió “un médico de verdad” al verla, convencido de que era enfermera.
Las leyes raciales del fascismo la obligaron a emigrar. Llegó a la Argentina y debió empezar de nuevo: sus títulos no fueron reconocidos. Recorrió instituciones hasta incorporarse al Instituto Roffo y al Instituto Malbrán, donde desarrolló investigaciones y técnicas de cultivo celular en un campo aún incipiente a nivel local.
Durante la epidemia de poliomielitis, que tuvo uno de sus momentos más críticos en la década de 1950, fue enviada por la Organización Mundial de la Salud a Estados Unidos para especializarse en vacunas. Viajó sola, dejó a sus hijos al cuidado de su familia. A su regreso encontró desconfianza. “Convencida de su importancia, se vacunó ella misma y vacunó a sus hijos”, se recordó. Ese gesto ayudó a que otros se animaran.
Su trayectoria también incluyó la formación de investigadores y un compromiso concreto con otras mujeres en el ámbito científico. Murió en 2011, a los 101 años. “Las puertas que abrió hoy se transitan sin pedir permiso”, se afirmó.
La exposición derivó en un anuncio. Rizzuti retomó la palabra y explicó que la Liga impulsa desde hace dos años un pedido de reconocimiento. Luego, una representante del Instituto Roffo confirmó que existe un proyecto para nombrar un pabellón en su honor. Dos iniciativas que avanzan en paralelo y que buscan reparar una ausencia.
La historia de Julieta Lanteri fue presentada por Liliana Scarcella, quien llevó el eje hacia el terreno político y jurídico. Nacida en Italia en 1873 y radicada en la Argentina desde la infancia, se graduó como médica en un contexto de acceso restringido para las mujeres. Fue la quinta en recibirse en el país.
En 1911 detectó un vacío legal en el padrón electoral. La normativa no excluía explícitamente a las mujeres. Cumplía con los requisitos exigidos y logró inscribirse. El 26 de noviembre votó en La Boca. Fue la primera mujer en hacerlo en la Argentina y en América Latina, 36 años antes de la ley de sufragio femenino.
El sistema reaccionó. En reformas posteriores se incorporó el requisito del servicio militar. Intentó inscribirse. No se lo permitieron. Fundó el Partido Feminista Nacional y se presentó como candidata a diputada en 1919. Obtuvo 1730 votos. “Y eso no es un dato menor: todos los que la votaron fueron varones”, se destacó.
Su muerte, en 1932, tras ser atropellada por un hombre vinculado a la Liga Patriótica Argentina que se dio a la fuga, dejó interrogantes abiertos. El episodio nunca fue completamente esclarecido. “¿Por qué se truncó la vida de esta mujer?”, se planteó durante la exposición.
El cierre del recorrido estuvo a cargo de Liliana Brusca, quien presentó a Pierina Dealessi. Nacida en Turín en 1894 y llegada a la Argentina en su infancia, su trayectoria se inscribe en la consolidación del espectáculo popular del siglo XX. Pasó por el circo, el teatro, el cine y la televisión. Su figura quedó asociada a una escena cultural que integró a artistas inmigrantes en la construcción de una identidad nacional.
Durante la presentación se recuperaron escenas de su infancia en Buenos Aires, en un patio de la calle Uruguay donde jugaba con Carlos Gardel —entre bolitas, trompos y rayuelas—, y su vínculo con Eva Duarte en el ámbito artístico.
Tras esa evocación, el acto sumó un momento musical a cargo de la propia Irma Rizzuti, quien interpretó “No llores por mí, Argentina”, en un cruce simbólico entre memoria, identidad y cultura popular.
La dimensión artística de la jornada tuvo además un momento destacado con la participación de la mezzosoprano María Luján Mirabelli, quien interpretó dos arias del repertorio lírico italiano: fragmentos de Cavalleria Rusticana y Adriana Lecouvreur. Su intervención aportó una lectura sensible sobre las pasiones, los mandatos y los destinos de las mujeres, en diálogo con las historias evocadas a lo largo del encuentro.
Sobre el final, la Liga entregó su reconocimiento a Martina Nicoletti. Entre los presentes, su figura había sido especialmente destacada a lo largo de la jornada. Durante su intervención, subrayó el peso histórico de la inmigración italiana en la Argentina. “Argentina es lo que es también gracias a la presencia italiana. Agradezco que mantengan vivo ese vínculo”, afirmó.
El acto dejó algo más que un repaso de nombres. Las trayectorias expuestas construyeron una narrativa común. Mujeres atravesadas por la migración, la exclusión y la necesidad de abrir espacios en ámbitos vedados. Mujeres que, en distintos momentos, encontraron la forma de hacerlo.