ROMA – El golpe fue demasiado fuerte. La eliminación de Italia ante Bosnia en Zenica, que dejó a la Azzurra fuera del Mundial por tercera vez consecutiva, desencadenó las primeras consecuencias dentro de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC).

Este jueves se confirmó la renuncia de Gabriele Gravina, presidente del organismo rector del calcio, en un movimiento que marca el inicio de una nueva etapa en medio de una profunda crisis deportiva e institucional.

Gravina, de 72 años, comunicó su decisión durante una reunión en la sede de la FIGC en Roma con los principales representantes de las ligas y asociaciones del fútbol italiano. Su salida deja a la federación sin conducción en un momento delicado, tras un nuevo fracaso de la selección nacional en el escenario internacional.

La FIGC anunció que se convocó a una Asamblea Extraordinaria Electiva para el próximo 22 de junio en Roma, donde se elegirá al nuevo presidente. La fecha fue fijada conforme al estatuto federativo, con el objetivo de garantizar que la nueva dirigencia pueda gestionar a tiempo los procesos administrativos de cara a la próxima temporada.

Además, Gravina deberá comparecer el 8 de abril ante la Comisión de Cultura, Ciencia y Educación de la Cámara de Diputados, donde presentará un informe detallado sobre la situación del fútbol italiano, analizando tanto sus debilidades como sus posibles vías de recuperación.

En el comunicado oficial, la federación destacó que durante la reunión el dirigente agradeció el respaldo recibido por parte de las distintas componentes del sistema, tanto en público como en privado, y defendió sus recientes declaraciones sobre las diferencias entre el deporte profesional y amateur, aclarando que no buscaban generar polémica.

La eliminación frente a Bosnia, definida por penales, terminó por acelerar una crisis que ya venía gestándose. La ausencia de Italia en la próxima Copa del Mundo vuelve a golpear el prestigio de una de las selecciones históricas del fútbol internacional.

El nuevo escenario abre ahora una etapa de fuerte incertidumbre en el calcio, no solo por la elección del próximo presidente, sino también por la necesidad de redefinir el rumbo deportivo, institucional y político de todo el movimiento. La reconstrucción no pasará únicamente por el banco de la selección, sino también por una revisión profunda de la gestión federativa y del modelo de desarrollo del fútbol italiano.

Ahora, el desafío será reconstruir no solo el proyecto deportivo, sino también la credibilidad de una estructura que atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente.