BUENOS AIRES – Con dos días de anticipación al 8 de marzo, los alumnos del secundario de la escuela italiana Cristoforo Colombo de Buenos Aires celebraron el Día de la Mujer con una invitada llegada desde Italia.
Se llama Silva Bortolussi, es docente del departamento de Física de la Universidad de Pavia e investigadora del Infn (Instituto Nacional de Física Nuclear).
Su especialidad es la física médica y su presencia en la Colombo tuvo un doble objetivo. Por un lado, poner en valor la participación de las mujeres en las llamadas disciplinas Stem (sigla en inglés de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática) e inspirar a las estudiantes a elegir este tipo de carreras. Por otro, explicar de qué manera la física colabora con la medicina en el tratamiento de tumores resistentes o ubicados en zonas difíciles de alcanzar.
Silva comenzó recordando sus años en la escuela secundaria. “Los más importantes de mi vida desde el punto de vista intelectual –recuerda–. Porque me enseñaron a desafiar a la autoridad”. Y contó la historia de un profesor, a quien apreciaba mucho, que le había desaconsejado inscribirse en Física en la universidad porque las matemáticas serían un obstáculo. “Ante esas palabras, acepté el desafío, para demostrar que lo lograría”, afirma.
Con Argentina, Silva tiene una relación de gran afecto. Aquí realizó parte de su doctorado, desafiando (una vez más) a quienes le sugerían ir a Estados Unidos. Una decisión de la que no se arrepintió.
“También porque la principal colaboración científica entre Italia y Argentina es justamente en el campo de la física, además del sector aeroespacial”, afirma. Por eso siempre se entusiasma cuando un doctorando o doctoranda elige Argentina para desarrollar una parte de su tesis.
¿En qué consiste la física médica? “Se trata de estudiar las propiedades de la naturaleza para mejorar la vida de las personas –explica–. En mi caso, además, significa tratar tumores”. Silva se dedica a la adroterapia, una forma avanzada de radioterapia.
“La primera en comprender que las radiaciones destruyen los tumores –dice– fue, a comienzos del siglo XX, Marie Curie”. La primera mujer en ganar un Nobel y una de las pocas personas en obtener dos, por Física y por Química.
Con el tiempo la radioterapia fue evolucionando y los físicos comenzaron a participar en el proceso, para mejorar los resultados y reducir los efectos secundarios.
“Frente a tumores que hasta hace poco no tenían tratamiento, hoy contamos con herramientas más precisas –explica–. Una de ellas es la adroterapia, que utiliza un haz de partículas cargadas de alta energía, iones o protones, capaces de atravesar los tejidos sanos y liberar energía de manera muy precisa solo sobre las células enfermas, destruyéndolas”. Es eficaz contra tumores de cabeza y cuello, ubicados en posiciones difíciles de tratar.
En Italia, el centro de referencia para la adroterapia es el Cnao (Centro Nacional de Adroterapia Oncológica) de Pavia. Pero también en Buenos Aires está por abrir un centro de adroterapia, junto al hospital oncológico Roffo.
La alternativa a la adroterapia —que pierde eficacia frente a tumores extensos, muy infiltrantes (como el glioblastoma) o metastásicos— es la llamada Bnct (terapia por captura de neutrones con boro).
En este caso no se utilizan partículas cargadas, sino neutrones, que se dirigen contra las células tumorales previamente marcadas mediante una sustancia llamada boro, que funciona como blanco.
“Nosotros, los físicos, tenemos la tarea de mejorar la eficacia y equilibrarla con los efectos secundarios –dice Silva–. Es un trabajo multidisciplinario y el propio ámbito médico y universitario muchas veces es hostil a las innovaciones y a los cambios. Pero los pacientes que llegan a estas terapias son quienes ya agotaron todas las demás instancias terapéuticas. Ofrecerles una oportunidad, o al menos una calidad de vida aceptable, es extremadamente motivador”.
Hacé clic en la foto para acceder a la galería de imágenes.