BUENOS AIRES – El tema de esta edición de la Bienal de Venecia son los extranjeros y la forma en que el encuentro entre culturas da vida a nuevas formas culturales.

Un pabellón está dedicado íntegramente a los artistas italianos y de la diáspora del siglo XX. Entre ellos se encuentra toda una generación de italoargentinos, considerados entre los artistas más influyentes de la época, tanto en Europa como en todo el continente americano.

Santiago Grondona, de la casa de subastas de arte Cubo, en el barrio porteño de Recoleta, explica que los coleccionistas suelen seguir un criterio histórico y estilístico preciso para crear sus colecciones y que la producción argentina de los años cuarenta, cincuenta y sesenta se encuentra entre las más buscadas.

“Los artistas ítalo-argentinos expuestos en la Bienal de Arte de Venecia se encuentran entre los grandes maestros de la pintura y la escultura argentina moderna, María Martorell, Libero Badii, Del Prete, Pettoruti... –explica Santiago–. Tienen una fuerte presencia en el mercado actual y son muy buscados”.

Santiago es martillero público, además de un joven director de la casa de subastas, especializado en arte moderno argentino.

Su apellido es también el nombre del pequeño pueblo piamontés de donde procede su familia -Grondona, en la provincia de Alessandria, en la frontera con Liguria-, pero su conexión con Italia comenzó como turista, cuando visitó las clásicas ciudades de arte, Roma, Florencia y Venecia, pero también Milán, de gran importancia para el arte moderno, cuna del futurismo y del movimiento espacialista (el de Lucio Fontana).

Luego, al darse cuenta de que podía convertirse en ciudadano italiano por su ascendencia, dedicó mucho tiempo a estudiar la historia de su familia. Fue así como descubrió que sus abuelos habían vivido durante muchos años en Génova y habían sido expulsados ​​por Napoleón III.

Su trabajo comienza con la recepción de las obras que serán subastadas y su valoración. Para valorar una pintura es necesario verificar primero su autenticidad y procedencia. 

Santiago explica que, aún en el caso de que el artista haya fallecido, se puede conocer la procedencia de las obras de diversas formas. Algunas provienen directamente de miembros de la familia del artista, otras veces en el reverso del cuadro hay etiquetas o sellos de galerías o exposiciones -bienales, salones nacionales- donde fue expuesto.

También puede ser que la obra esté reproducida en libros, catálogos de galerías o en las actas de otras subastas realizadas en el pasado. 

Para la tasación se realiza una exhaustiva sesión fotográfica, y luego una investigación de archivo en libros, catálogos y las plataformas online de las casas de subastas. 

“Durante muchos años, el perfil del público asistente a las subastas de arte moderno y contemporáneo estuvo compuesto por personas mayores de cuarenta años –afirma Santiago–. Hoy el mercado ha cambiado mucho, hay jóvenes de veinte, treinta años, nuevas generaciones que se van acercando a este mundo”. 

El público más joven suele tener un acercamiento inicial impulsado por la curiosidad por entender más sobre el mercado, y luego comienza a coleccionar obras de menor valor, pequeños cuadros o serigrafías.

En el fascinante y vasto mundo del arte siempre hay algo para todos los bolsillos y gustos. Mientras tanto, siempre puedes visitar las exposiciones de Cubo (Guido 1919) en la Ciudad de Buenos Aires y soñar con algún día poder adquirir las pinturas expuestas en la Bienal de Venecia.