BUENOS AIRES - El Sindicato de Pensionados Italianos (SPI) se presentó formalmente en la Argentina el viernes por la tarde en la sede del Patronato INCA de Monserrat, ubicada en Tacuarí 445, con el propósito de organizar y representar a los jubilados italianos residentes en el país. Del encuentro participaron dirigentes sindicales y políticos, entre ellos el exministro de Trabajo Carlos Tomada y referentes de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA).
La iniciativa apunta a cubrir un vacío: la ausencia de una estructura sindical específica para los pensionados italianos en territorio argentino. En ese marco, las autoridades plantearon la necesidad de construir una organización con base territorial, capacidad de interlocución política y trabajo cotidiano con la comunidad.
El SPI cuenta con más de 2,3 millones de afiliados, presencia en las 21 regiones italianas, 1.500 ligas territoriales y más de 2.500 oficinas en toda Italia, sostenidas por una red de miles de voluntarios y colaboradores jubilados. A la vez, tiene inserción internacional en 26 países, en articulación con el patronato INCA —la red de asistencia técnica para la seguridad social— y otras redes sindicales europeas.
A diferencia del INCA, que funciona como patronato e intermediario entre el Estado italiano —sobre todo a través del INPS (el organismo previsional de Italia, equivalente a la ANSES argentina)— y los afiliados para la realización de trámites, el SPI actúa como sindicato: representa a jubilados y pensionados ante el Estado, negocia con gobiernos locales y nacionales y promueve derechos vinculados no solo a la jubilación, sino también a la salud, la asistencia y la ciudadanía.
“Nosotros hicimos una batalla muy grande para exigir una ley que ayude a estas personas a tener una vida digna, con servicios sanitarios, con la posibilidad de ayuda financiera y con la posibilidad de organizar los servicios en las ciudades”, planteó Carla Mastrantonio al poner en el centro uno de los temas más fuertes de la presentación: la dignidad en la vejez y la necesidad de políticas públicas para las personas mayores.
En esa línea, la dirigenta explicó que el SPI impulsó en Italia una ley aprobada en 2022 para atender la problemática de la no autosuficiencia (la dependencia funcional) de las personas mayores.
Según describió, la norma buscó garantizar asistencia sanitaria, apoyo económico y una mejor organización de los cuidados, si bien su implementación se encuentra estancada. “Esa ley la logramos obtener en el 2022, pero el gobierno Meloni nunca le puso un 100%”, advirtió.
Mastrantonio remarcó además que la pelea del sindicato apunta a sacar ese problema del ámbito puramente privado. “Es un tema de emergencia de tantas familias”, dijo. Y agregó: “Nosotros queremos que salga afuera este tema, tirarlo afuera como un tema real, no un tema que tiene la familia, que tengo yo en mi casa con mi mamá. Es un tema del cual la sociedad se tiene que hacer cargo”. Para el SPI, insistió, el objetivo es que las personas mayores “puedan envejecer con dignidad”.
Otro de los puntos subrayados en el encuentro fue la estructura interna del sindicato, atravesada por una regla de paridad del 50% entre varones y mujeres en los órganos de conducción. La propia conducción nacional responde a ese criterio: está encabezada por una mujer y compuesta de manera paritaria.
En ese esquema ocupa un lugar central el coordinamento de mujeres, un espacio específico donde se discuten problemas que atraviesan a las jubiladas y pensionadas, se elaboran propuestas e impulsan políticas de género en el territorio.
La explicación de las dirigentes partió de una constatación social y demográfica: las mujeres son mayoría entre la población mayor, tienen una expectativa de vida más alta, suelen atravesar situaciones de mayor fragilidad y además cargan con tareas de cuidado, tanto de nietos como de padres ancianos. Por eso el sindicato no trata esa agenda como un asunto secundario, sino como una dimensión estructural de su acción política.
Silvana Capuccio, responsable de relaciones internacionales del sindicato, reivindicó la tradición histórica del SPI y recordó que la organización fue concebida en 1946 por Giuseppe Di Vittorio. “Tuvo la reflexión de decir que los trabajadores cuando salen del trabajo no pierden la identidad”, señaló, al evocar la idea de que la jubilación no borra la condición de trabajador ni los derechos de ciudadanía.
En esa misma línea, remarcó que el sindicato es general y no sectorial: representa a quienes se jubilan después de cualquier oficio o actividad.
Capuccio también planteó que el desafío actual es retomar el trabajo con los pensionados italianos en Argentina, en el marco de una estrategia internacional que el SPI despliega en todos los países donde también está presente el INCA.
Roberto Astudillo será uno de los encargados de organizar políticamente esta nueva etapa en el país. Con experiencia sindical tanto en Italia como en la Argentina, su nombre aparece ligado a la tarea de darle base territorial y desarrollo concreto a la iniciativa.

Roberto Astudillo durante el acto de lanzamiento. El dirigente será el encargado de coordinar la base territorial y la organización política de la nueva etapa del SPI en el país.
Él mismo definió la propuesta como una herramienta de agregación para la comunidad italiana: “Cada uno de nosotros tenemos un jubilado adentro nuestro”, sostuvo, y planteó que esa condición compartida puede convertirse en un punto de encuentro para quienes llegan de Italia o ya viven en el país.
La propuesta de Astudillo también tiene una raíz personal. Según relató, fue en la sede de Tacuarí donde encontró soluciones para la documentación de su esposa al llegar a la Argentina.
Esa experiencia es la que busca replicar ahora: transformar al sindicato y al patronato en un espacio de contención y organización. “Sin el diálogo, sin la unidad, no vamos a poder resolver las cosas”, afirmó.