BUENOS AIRES – El recorrido de Agustín Melazo Díaz no comienza en los laboratorios de la perfumería tradicional, sino en un espacio donde los sentidos se convierten en herramientas fundamentales de comunicación.

Es 2017 y trabaja en un centro de día para personas con discapacidad de su familia, donde experimenta a diario la estimulación sensorial a través de luces, sonidos y aromas.

Ese año incorpora el uso de campanas tibetanas, combinadas con aceites esenciales colocados en su interior que, al evaporarse, potencian la respuesta emocional de los participantes, y descubre que tiene “nariz”. “Al ver la fuerza del olfato en las emociones humanas concebí el nombre de mi proyecto: Emotional Reminder, es decir, recuerdo emocional”, cuenta.

En 2018 se gradúa en Biotecnología en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE) y, al año siguiente, inicia un máster internacional en Ciencias de los Alimentos, realizado entre la Argentina e Italia gracias a la colaboración entre la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad de Parma.

Las clases eran online, con docentes italianos e intérpretes, y señala que “a pesar de la distancia, siempre mantuvimos el contacto con la lengua y la cultura italiana”. El máster dura un año y medio, período en el que Agustín ya empieza a desarrollar su línea de perfumería.

En agosto de 2019 recorre el norte argentino —Jujuy, Tucumán, Salta— en busca de aromas autóctonos y continúa hasta Chile, donde se instala en Puchuncaví y profundiza el estudio del boldo mientras trabaja como voluntario en un glamping.

En 2020, mientras cursa el máster, se traslada a Santiago y comienza a darle forma concreta a lo que hoy es el corazón de su trabajo: la perfumería personalizada, enfocada íntegramente en los aromas.

La pandemia altera sus planes. Queda varado en Buenos Aires, sin poder asistir a la parte presencial del posgrado en Italia y lejos de sus equipos, que habían quedado en Chile. Agustín se ve obligado a reinventarse.

“Solo tenía algunos goteros en la casa de mi familia, en La Plata. Con eso iba a lo de amigos, colegas, marcas de indumentaria y de diseño interior que me apoyaron. Así empecé a desarrollar y perfeccionar mi método personalizado”.

Cuando finalmente logra recuperar el material desde Santiago, nace oficialmente Emotional Reminder.

La espera no fue en vano y, a lo largo de estos seis años, Agustín construyó un verdadero “alfabeto olfativo”: un panel de fragancias provenientes de distintas partes del mundo, pensado para modular e interpretar la personalidad de cada persona.

Hoy desarrolló más de mil fórmulas y mira hacia adelante con un objetivo claro: afinar aún más su abanico de aromas, sus “colores olfativos”, para pintar fragancias únicas y profundamente personales.

“Ahora me especializo en lo que llamamos ‘degustaciones’: eventos experienciales en los que la gente viene a encontrar su perfume a medida”.

Un público cada vez más amplio se acerca a la perfumería no solo como un pequeño lujo, sino como una herramienta de identidad, capaz de dejar una huella en la memoria y definir la presencia de quien lo usa.

Un mundo fascinante y complejo, pero lejos de ser inaccesible, gracias a un sistema bien definido.

El panel aromático de Agustín está organizado según las familias olfativas y la clásica pirámide aromática. En la cima se ubican las notas de salida, las primeras en percibirse; en el centro, las notas de corazón; y en la base, las notas de fondo.

“Cuanto más volátil es una nota, más rápido llega a nuestra nariz: hablamos de cítricos, frutales, herbáceos frescos y notas ozónicas que recuerdan al aire marino”, explica. “Las notas de corazón representan el alma del perfume: flores y hierbas aromáticas. En la base, en cambio, encontramos las notas más profundas y persistentes —especias, maderas, almizcles, gourmand, ámbar, cuero— que constituyen la estructura de la fragancia. Son menos volátiles, pero las que permanecen con el paso de las horas”.

Según la selección realizada a partir de las preferencias individuales, las notas se disponen en la pirámide para definir la arquitectura del perfume, que se elabora con proporciones estandarizadas. “En estos años desarrollé una tecnología que permite preparar las esencias para mezclarlas en el momento, de modo que los clientes se llevan su perfume personal al finalizar la cata”.

Se trata de un proceso técnicamente complejo, pero sencillo y atractivo en la práctica, tanto que a fines del año pasado Agustín lanzó también una versión pensada para chicos, como actividad para fiestas de cumpleaños. Su enfoque didáctico, claro y lúdico, vuelve la experiencia accesible para todo tipo de grupos, con un souvenir final realmente especial.

Para las ‘degustaciones’ utiliza frascos discontinuados de la histórica firma milanesa Baralan, que también emplea para algunos clientes de alta gama. “Son botellas imposibles de conseguir, por eso son exclusivas”, revela.

Entre las nuevas iniciativas previstas para 2026 se destacan los perfumes para eventos y casamientos, en colaboración con una empresa internacional de wedding planners. Entre los productos más solicitados aparecen las ‘alianzas aromáticas’: las parejas crean su fragancia simbólica, dentro de la cual se colocan gemas que, una vez terminado el perfume, se integran a las alianzas matrimoniales.

No todo lo que brilla es oro y, en realidad, el proyecto que más lo entusiasma es Aromas de las Regiones Argentinas: una línea inspirada en la riqueza geográfica y cultural del país, donde cada provincia se interpreta a través de una fragancia única.

“Por ejemplo, Tucumán es una gran productora de cítricos, por lo que las notas de salida son cítricas. La menta piperita es una planta autóctona de Córdoba y San Luis. La idea es reinterpretar perfiles aromáticos valorados por el mercado utilizando materias primas locales”.

“Algunas esencias, hoy poco aprovechadas, tienen un potencial enorme, como el chañar de Tucumán, una flor que recuerda a un jazmín avainillado, similar al nardo”, señala, y deja en claro que su propuesta es mucho más ambiciosa y no se limita al aspecto comercial.

“A corto plazo trabajamos con materias primas ya disponibles y validadas a nivel internacional, pero a medida que crezcamos podremos generar empleo, conocimiento y formación para la extracción y formulación de aromas”, explica.

El año pasado, además de expandirse con eventos de perfumería especializada —un segmento muy rentable— Agustín dedicó gran parte de su tiempo a participar en congresos internacionales, donde presentó sus proyectos con un fuerte énfasis en la responsabilidad social empresaria.

Su sueño es que sus perfumes se conviertan en mucho más que un producto y que su trabajo funcione como una herramienta de diálogo entre territorios, promotora de saber científico y apoyo económico para las comunidades locales.