BUENOS AIRES – El aliento futbolero no se va de vacaciones. Y el corazón del Napoli Club de Buenos Aires, tan grande como el de la ciudad partenopea, recibe con los brazos abiertos a cualquiera que tenga ganas de ver en compañía un partido del equipo de sus amores.

La cita se anuncia a través de las redes sociales de Facebook e Instagram y es siempre en el Sullivan’s Pub del barrio de Palermo (Borges 1702), donde se puede tomar o comer algo mientras se sigue el partido.

Acá nadie hace diferencias entre italianos, napolitanos de pura cepa o hinchas argentinos, entre los habitués que no se pierden un partido o los viajeros de paso por la ciudad que quieren compartir un par de horas. Todos son recibidos con los brazos abiertos, con un calor “vesuviano”.

“Muchos nos escriben por las redes sociales para saber cómo sumarse – cuenta Romina Blastre, que en cada partido llega con la infaltable camiseta del equipo y una colección apotropaica de banderines, bufandas y santitos de Diego Maradona –. Quien responde siempre es nuestro fundador y presidente, Andrea Camera, que actualmente vive en Italia, y nos avisa de su presencia para recibirlos de la mejor manera”.

Algunos no hablan español o creen que es obligatorio asociarse. Nada de eso. Solo hace falta tener ganas de compartir y alentar de manera sana.

La de este domingo 12 de enero era una cita importante: un partido como visitante frente al Inter, líder del campeonato. Desde el arranque se sabía que iba a ser un encuentro complicado.

A veinte minutos del pitido inicial, muchos ya estaban presentes para preparar la salita reservada del pub con carteles y banderas.

La preparación de la sala. (foto: F. Capelli)

Carmelo y Anna Maria Di Meo, napolitanos de pura cepa y padres de Teresa, una joven muy activa dentro de la comunidad italiana de Buenos Aires, descubrieron el Club Napoli hace cinco años, durante una visita a su hija. “Y ahora, cada vez que volvemos a la Argentina, venimos siempre acá a ver los partidos”, cuentan contentos, y agregan que forjaron amistades que van más allá de la coyuntura de la pasión futbolera. “Por ejemplo, cuando Romina fue a Nápoles, nos vimos y la llevamos a recorrer la ciudad”, suma Carmelo.

Las dos horas pasan volando y nadie pierde nunca el buen ánimo.

Ni siquiera este fin de semana, a pesar de un penal dudoso y muy protestado por el entrenador del Napoli, Antonio Conte, con una vehemencia que le valió la tarjeta roja del árbitro. “Al menos se sacó la bronca”, comentó alguien en la sala, con inconfundible acento partenopeo.

El público poco antes del inicio. (foto: F. Capelli)

El partido terminó con un digno 2 a 2, y el gol del empate definitivo fue recibido con una ovación, entre cantos, saltos, abrazos y gritos de alegría. Y al final, la infaltable foto grupal bajo la bandera. Los bailes en la calle, frente a la puerta del pub, quedan reservados para las victorias de copa o para el cierre del campeonato.

Ahora el Napoli está tercero en la tabla, a cuatro puntos del Inter y apenas a uno del Milan. “Después del scudetto de 2023, que coincidió con los 10 años de nuestro Club, y el del año pasado, nos encantaría traer otro más – dice Romina –. Nosotros tenemos mucha esperanza”.