MONTEVIDEO - En una época de cambios acelerados e incertidumbres globales, ¿dónde pueden los ciudadanos encontrar las brújulas para orientarse? La respuesta surgió durante el encuentro realizado en el Instituto Italiano de Cultura, donde Massimiliano Tarantino, director de la Fondazione Giangiacomo Feltrinelli, presentó el núcleo de una de las instituciones culturales más prestigiosas de Europa.

Fundada en 1949, la institución se configura como un centro de investigación y producción cultural que utiliza la historia como una lente para descifrar las transformaciones políticas, económicas y sociales del presente.

La historia de la institución tiene raíces profundas ligadas a la visión de su fundador. De hecho, como explicó Tarantino, Giangiacomo Feltrinelli “no la creó como fundación, sino como biblioteca. Entonces el comienzo de la aventura de Feltrinelli, a los 23 años, fue inaugurar un gran archivo que, en la posguerra, tuviera la tarea de recuperar en todo el mundo las fuentes que eran de interés específico para él”.

Ese patrimonio hoy está compuesto por un millón y medio de documentos de archivo, 280.000 volúmenes y 16.000 revistas, y constituye, como subraya el director, “el patrimonio más grande de Europa, después del Instituto de Ámsterdam, enteramente dedicado a las ciencias sociales”.

Lo que vuelve único a este acervo no es solo la cantidad, sino también la naturaleza de los documentos reunidos. La Fundación conserva la memoria de los movimientos que cambiaron el rostro de la sociedad desde las plazas: se trata de un archivo de “libros que son testimonio de la transformación del poder de los grandes filósofos de las ideas, pero sobre todo de las fuentes de cuando fueron los ciudadanos y las ciudadanas quienes hicieron la historia”, explicó Tarantino. Básicamente, “los grandes movimientos de masas, las revoluciones, las contrarrevoluciones y todas las fuentes que ayudaron a la sociedad a convertirse en lo que es hoy”.

La evolución de la institución encontró un nuevo impulso en 2011, gracias a la voluntad de Carlo Feltrinelli, hijo del fundador, decidido a transformar este tesoro de conocimiento en un espacio arquitectónico y social contemporáneo. “La idea es darle un futuro a esta Fundación, a este patrimonio, y al mismo tiempo contribuir al porvenir de la ciudad de Milán, construyendo una nueva gran sede para la institución dedicada a su padre”, contó el director.

Bajo la conducción de Massimiliano Tarantino, la Fundación emprendió un camino de apertura orientado a transformar la excelencia de la investigación en conciencia social más amplia. Un compromiso que busca cerrar la brecha entre la academia y la sociedad civil.

“El corazón de nuestras iniciativas debe ser la conservación y la actividad de investigación —explica—, pero también, y sobre todo, la producción cultural: es el operador cultural quien debe transformar los contenidos de investigación, nacidos para la comunidad científica, en algo accesible para el público más general. El objetivo es que los ciudadanos tengan los códigos para entender el entramado de transformaciones económicas, sociales y políticas que estamos viviendo”.

El director abordó además uno de los temas más urgentes del debate contemporáneo: el riesgo de que las lógicas económicas globales terminen por sofocar el papel central del ciudadano en el proceso democrático. “Nosotros creemos que hay que investigar esta perversa superposición entre democracia y capitalismo —explicó—. Y creemos que sus impactos deben ser bien estudiados, explicados y presentados al público, para que no haya malentendidos respecto de que la democracia es el gobierno ejercido por los ciudadanos”.

Tarantino subrayó la urgencia de brindar a la ciudadanía las herramientas críticas necesarias para participar activamente en la vida pública y recuperar su rol central en la sociedad. Según el director, el sistema económico global heredado del período posterior a 1989 (año de la caída del Muro de Berlín) hoy está “superando o superponiéndose a los principios de la democracia”, con el riesgo de que las decisiones individuales queden relegadas frente a las lógicas del mercado.

Hoy la Fondazione Giangiacomo Feltrinelli continúa entrelazando investigación interdisciplinaria y proyectos de alcance público. Desde 1949 hasta hoy, su misión se mantiene intacta: poner el conocimiento en el centro de la vida civil, promoviendo conciencia y participación.

A través de herramientas como los eventos abiertos a la ciudadanía (más de 230 iniciativas al año, además de la publicación de cientos de libros y podcasts), la Fundación se confirma no solo como guardiana de la memoria, sino también como un verdadero laboratorio para pensar los desafíos del futuro: el objetivo es “encontrar todas las herramientas de divulgación para preservar la actividad de investigación, pero también incluir a los ciudadanos en el futuro de la sociedad”, concluye Tarantino.