TEGUCIGALPA - El dirigente conservador Nasry “Tito” Asfura asumió este martes como presidente de Honduras hasta 2030 en una ceremonia austera realizada en el Congreso Nacional de Tegucigalpa. El acto, sin público ni delegaciones extranjeras y con la sola presencia del cuerpo diplomático acreditado, marcó el retorno del Partido Nacional al poder y puso fin a una transición atravesada por denuncias de fraude y una fuerte polarización política.

La toma de posesión se llevó a cabo en el recinto legislativo, recuperando una práctica institucional que había sido abandonada durante el gobierno de Xiomara Castro, cuando la investidura se trasladó al Estadio Nacional. La decisión de Asfura de reducir el despliegue protocolar funcionó como una señal inicial de la política de austeridad que promete aplicar desde el comienzo de su mandato.

Asfura llegó a la presidencia luego de imponerse por un margen estrecho —apenas unos 26 mil votos— en las elecciones generales celebradas en noviembre de 2025, un proceso electoral que derivó en protestas, pedidos de recuento e impugnaciones por parte de sectores opositores. El resultado también dejó un Congreso fragmentado y sin mayorías claras, un escenario que anticipa dificultades para avanzar con reformas estructurales.

Durante su primer discurso como jefe de Estado, el nuevo presidente llamó a la unidad política y aseguró que Honduras no puede “perder tiempo” frente a la magnitud de los problemas sociales y económicos. La pobreza afecta a seis de cada diez hondureños y el país enfrenta un severo déficit fiscal, situación que el flamante gobierno atribuye a la administración saliente.

Uno de los ejes centrales del inicio de la gestión será un recorte del gasto público estimado en unos 20 mil millones de lempiras, la moneda local. El plan incluye la fusión y eliminación de organismos estatales considerados redundantes y una reducción del tamaño del Estado, con el objetivo de redirigir recursos hacia infraestructura, salud pública y prevención de desastres naturales, un aspecto clave en un país altamente vulnerable a huracanes e inundaciones.

En paralelo, Asfura adelantó que impulsará iniciativas vinculadas al empleo y la inversión privada, en un intento por reactivar una economía golpeada por la crisis fiscal y la informalidad laboral. Entre los proyectos que podrían debatirse en el Congreso figura la Ley de Empleo por Hora, una propuesta que genera divisiones políticas y sociales, pero que el nuevo oficialismo considera necesaria para dinamizar el mercado de trabajo.

En el plano internacional, la asunción de Asfura consolida un giro en la política exterior hondureña. A diferencia del gobierno de Castro, que había profundizado los vínculos con China, Venezuela, Cuba y Nicaragua, la nueva administración apuesta a fortalecer la relación con Estados Unidos, Israel y países europeos. Antes de asumir, el presidente mantuvo reuniones de alto nivel en Washington y Jerusalén y recibió un respaldo explícito del presidente estadounidense Donald Trump durante la campaña electoral.

La relación con Estados Unidos resulta estratégica para Honduras: cerca del 60% de sus exportaciones tienen ese destino y las remesas enviadas por migrantes hondureños —más de un millón de personas— representan alrededor del 27% del producto interno bruto. En ese contexto, el nuevo gobierno no descarta revisar el vínculo con China y retomar relaciones diplomáticas con Taiwán, una decisión que tendría impacto regional.

A pesar de proyectar una imagen de gestor pragmático y austero, Asfura asume bajo la sombra de investigaciones judiciales por presunta malversación de fondos durante su paso por la alcaldía de Tegucigalpa, entre 2014 y 2022. El presidente niega las acusaciones y sostiene que se trata de causas impulsadas con fines políticos.

El desafío inmediato de la nueva administración será combinar el ajuste fiscal con respuestas concretas a las demandas sociales, en un país que logró reducir la tasa de homicidios en los últimos años pero mantiene altos niveles de violencia, desigualdad y precariedad en el sistema de salud pública.

Con una ceremonia medida y sin gestos grandilocuentes, Nasry Asfura dio inicio a un mandato que busca diferenciarse del ciclo anterior y reposicionar a Honduras en el tablero regional, aunque con un margen político limitado y una sociedad marcada por la desconfianza hacia el proceso electoral.