BUENOS AIRES – Se mueve entre lo figurativo y lo abstracto, de la pintura a la cerámica. Expuso sus obras no solo en la Argentina, sino también en distintos países de América Latina, en Francia, en Italia y en Estados Unidos.
Para vivir y trabajar, sin embargo, Josefina Di Candia eligió Buenos Aires. Artista y docente de pintura, mantiene con Italia un lazo especial. Afectivo y artístico.
“En Italia, más precisamente en Teggiano, en la provincia de Salerno, viví los primeros tres años de mi vida –cuenta–. Es la lengua en la que aprendí a decir mis primeras palabras. Cada vez que vuelvo, afloran imágenes, recuerdos, expresiones, incluso modos de decir dialectales”.
A los paisajes y vistas de ciudades italianas, Josefina les dedicó una nutrida serie de obras, con técnicas que van del óleo a la carbonilla. “Es un homenaje a mi familia italiana, o mejor dicho, campana”, explica, aunque aclara que hoy su investigación la lleva más hacia lo abstracto.
La inspiraron los pintores del grupo de los Macchiaioli toscanos (Giovanni Fattori, Silvestro Lega y Telemaco Signorini…), predecesores de los impresionistas franceses y conocidos por haber retomado la pintura “en plein air” luego de siglos de academia. El nombre del movimiento, nacido en Toscana en la segunda mitad del siglo XIX, alude a la importancia de la luz y el color: para estos artistas, la figura debía entenderse como una “mancha” de color sobre un fondo.

Josefina Di Candia en su atelier.
Lo que fascina a Josefina es el uso del color para reproducir esa luz que solo conoce quien estuvo en Italia. Y, a partir de eso, construir la arquitectura de la obra. “En 2005 estaba en Florencia y fui al Palacio Pitti, que conserva una importante colección de obras de los Macchiaioli, pero la sala estaba cerrada –recuerda–. Recé, imploré, insistí y al final me dejaron entrar a echar un vistazo”.
Josefina es una firme defensora de la existencia del genius loci, es decir, el “espíritu de los lugares”, que influye en la forma de ser de sus habitantes y en las expresiones culturales: “Por ejemplo, en Italia un artista no puede no pintar paisajes”.

Un rincón del centro de Florencia, pintado al óleo.
Sobre la situación del arte en la Argentina, Josefina tiene una mirada clara: “Hay mucho talento, muchos artistas y curadores, muchos espacios, pero es un mercado chico y, además, circula mucho individualismo. Desaparecieron los colectivos, las escuelas, las vanguardias”.
En tono de broma, reivindica ser una boomer. “Creo en el valor del estudio, para mí no hay nada revolucionario en abandonar la escuela –dice–. Tampoco me gusta cierto adoctrinamiento ‘social’ que te obliga a asumir determinadas posturas, a hacer propios ciertos discursos, a uniformarte”.
Su respuesta al ruido es el arte. “Es el arte el que nos permite reencontrarnos con nuestra parte espiritual –concluye–. Creo que hoy es cada vez más necesario cultivar la creatividad para volver a encontrarnos con nosotros mismos”.