BUENOS AIRES - Pasadas las 04:30, el gendarme Nahuel Gallo descendió de un Learjet 60 de la empresa Baires Fly, poniendo fin a 448 días de cautiverio en la prisión venezolana de El Rodeo 1. Sin embargo, no lo traía un avión de la Fuerza Aérea ni una delegación de la Cancillería liderada por Pablo Quirno: lo traían los hombres de confianza de Claudio “Chiqui” Tapia.
El regreso de Gallo se convirtió así en el trofeo de una guerra que excede lo humanitario y se mete de lleno en la encarnizada pelea entre el Gobierno Nacional y la conducción del fútbol argentino.
Mientras Javier Milei finalizaba su discurso de apertura de sesiones en el Congreso, el operativo de la AFA ya estaba en su fase final, exponiendo una parálisis diplomática que el Gobierno intentó disimular durante toda la jornada.
La liberación de Gallo no fue el resultado de una gestión de Estado a Estado, dado que las relaciones entre Buenos Aires y Caracas están virtualmente rotas. En ese vacío, el régimen de Delcy Rodríguez encontró en la AFA el interlocutor ideal para una “trastada” geopolítica: entregar al rehén a una entidad civil enemistada con Milei antes que concederle una victoria política al líder libertario.
Según fuentes de Viamonte, el acuerdo se selló entre Tapia y su par venezolano, Jorge Giménez Ochoa, bajo la premisa de que Caracas no quería fotos con Patricia Bullrich.
La reacción del Presidente no se hizo esperar y llegó con una dosis de frialdad quirúrgica en una entrevista televisiva concedida a LN+. Milei se esforzó por bajarle el precio a la movida de la AFA, calificando el rol de la entidad deportiva como una cuestión de “vigesimoquinto orden”.
Para el mandatario, lo único relevante era el regreso del gendarme, independientemente de quién hubiera puesto el vehículo. Pero no se quedó ahí. Aprovechó para profundizar su embestida contra Tapia, comparándolo con el boxeador Joe Foreman y asegurando que el dirigente “se noquea solo” y “se ensucia más a sí mismo” con cada acto, en clara referencia a las causas judiciales por corrupción que el Ejecutivo impulsa mientras busca abrirle la puerta a las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). “Tapia está noqueado, lo que pasa es que todavía no se dio cuenta. Es como Foreman contra Ali: tiró tantos golpes que se quedó sin aire y se cayó solo”, sostuvo.
En la pista de Ezeiza, Patricia Bullrich y la ministra Alejandra Monteoliva intentaron retomar el control del relato oficial, aunque la senadora admitió con una frase reveladora que “no estaban al tanto” de los pormenores de la gestión de Tapia. Incluso sugirió que el gendarme sintió “desconfianza” al subir a un avión con gente que no conocía, en un intento por deslegitimar el operativo de repatriación.
El cabo primero Nahuel Gallo, integrante de nuestra Gendarmería Nacional, ya se encuentra de regreso en la Argentina.
— Ministerio de Seguridad Nacional (@MinSeguridad_Ar) March 2, 2026
Desde el primer momento actuamos con firmeza y responsabilidad para garantizar su integridad y acompañar a su familia. No los dejamos solos. pic.twitter.com/nKumMvJR9h
Por su parte, el Jefe de Gabinete Manuel Adorni redobló la apuesta y sugurió que la AFA deberá explicar su “relación con el régimen chavista”, marcando el inicio de una nueva fase de hostilidades.
El Canciller Pablo Quirno fijó la postura del Palacio San Martín a través de una serie de posteos en X que funcionaron como el parte de victoria oficial. En un hilo cargado de terminología jurídica, Quirno confirmó la liberación del Cabo Primero calificándola como un éxito de la “presión internacional” y agradeciendo explícitamente el apoyo de Italia, Estados Unidos y la ONG Foro Penal.
Sin embargo, el dato político fue la omisión absoluta: el ministro agradeció incluso a quienes colaboraron “desde el anonimato”, pero evitó mencionar a la entidad que puso el avión. El cierre de la secuencia llegó con un tono más emotivo pero igual de excluyente: “Bienvenido a casa, Nahuel. Hoy vuelve a pisar suelo argentino junto a quienes nunca dejaron de luchar por su libertad”, tuiteó el Canciller, sellando un relato donde los hombres de Tapia simplemente no existieron.
La contraofensiva de la AFA no se limitó a la logística aérea, sino que escaló al plano penal. A través de un duro comunicado de prensa internacional, el Dr. Gregorio Dalbón, actuando como abogado de la entidad, denunció que el Juez Diego Amarante intentó boicotear el rescate al prohibirle la salida del país a Claudio Tapia. Según Dalbón, el régimen de Delcy Rodríguez había condicionado la liberación de Gallo a la intervención personal del presidente de la AFA.
“El juez Amarante bloqueó el único canal que Venezuela aceptaba para liberar a Nahuel Gallo. Eso no es jurisdicción, es decisión política”, disparó el letrado, quien además adelantó que presentará denuncias por cohecho y dádivas contra el magistrado. Para Dalbón, la justicia actuó en sintonía con el Ejecutivo para evitar que Tapia se colgara la medalla del rescate: “La vida de un argentino vale más que cualquier resolución sin fundamento”, sentenció, transformando la pista de Ezeiza en la antesala de una batalla en los tribunales de Comodoro Py.
Mientras el clima en la Casa Rosada oscilaba entre la indiferencia y el ataque, Claudio “Chiqui” Tapia ejecutó una comunicación en dos tiempos que desnudó la soledad diplomática del Gobierno en territorio venezolano. En su primer posteo, el presidente de la AFA reveló la trama detrás del rescate: “Gracias a un trabajo silencioso y mancomunado con la Federación Venezolana de Fútbol y CONMEBOL, hoy, después de 448 días, Nahuel Gallo regresa a Argentina y puede reencontrarse con su familia”, escribió Tapia, exponiendo que su alianza con sus pares de la región fue más eficaz que cualquier gestión de la Cancillería.
Minutos después, el dirigente completó su victoria narrativa con una frase que resonó como una crítica directa a la intransigencia oficial: “El fútbol nos une, trasciende fronteras y demuestra que siempre es posible construir puentes para el entendimiento y la cooperación”, sentenció. Con este par de mensajes, Tapia no solo se adjudicó el éxito logístico, sino que se posicionó como el único interlocutor capaz de tender puentes allí donde la política de Milei y Quirno solo ha dejado muros.
El mensaje, que rápidamente se volvió viral bajo el hashtag #LaAFAEsDeLosArgentinos, fue interpretado como un directo al mentón de la narrativa oficial, reafirmando que, en la batalla por los símbolos, el fútbol sigue jugando de local.
Para el “Chiqui” Tapia, el operativo fue una jugada maestra de supervivencia política. En medio de una ofensiva judicial sin precedentes contra su gestión, demostró tener una red de contactos internacionales que la diplomacia oficial, alineada rígidamente con Washington e Italia, no logró activar con la misma eficacia en territorio venezolano. Nahuel Gallo ya está en Argentina.