BUENOS AIRES - El arte, al igual que la naturaleza, es garante de la diversidad. Biológica, pero también de lenguajes, técnicas, culturas, nacionalidades y formas de expresión.

Ese es el espíritu de la muestra Naturalia o la diversidad del mundo, inaugurada el viernes 29 de agosto en el Museo Larreta de Buenos Aires. Se trata de una casona del siglo XIX, originalmente construida en estilo italianizante, que fue la residencia del escritor Enrique Larreta (1875-1961). Apasionado del arte español antiguo, especialmente del siglo XVI y XVII, Larreta la transformó en un espacio de inspiración andaluza, con jardín morisco incluido.

La exposición forma parte de los múltiples proyectos de Bienalsur 2025 y cuenta con la curaduría de Pablo La Padula, quien convocó a tres artistas cuyas obras dialogan idealmente entre sí y con el lugar que las recibe.

Son Valeria Cannata y Paula Darriba, argentinas, y Alberto Tadiello, italiano. La muestra permanecerá abierta con entrada gratuita (se cobra sólo el ingreso al museo) hasta el 30 de noviembre.

Valeria, nacida en Tucumán y con raíces sicilianas por parte de su abuela, trabaja con lo que llama “fotografía expandida”, una práctica artística que trasciende la idea tradicional de la “imagen impresa en papel” e incorpora transformaciones de la imagen o el uso de soportes no convencionales.

“Presento una serie de fotografías de aves autóctonas sudamericanas –explica– impresas en gasa”. Las imágenes cuelgan entre los árboles del jardín del museo y generan un efecto casi fantasmagórico, con transparencias y superposición de planos.

(Fotografía impresa en gasa de Valeria Cannata. Foto: F. Capelli)

Alberto Tadiello, formado en artes visuales en la Universidad IUAV de Venecia, desarrolló para esta exposición “esculturas sonoras” basadas en cantos de ballenas australes de Puerto Madryn –donde residió un tiempo– procesados junto con música y voces humanas.

“Este trabajo se conecta con mi formación –dice Alberto–. El sonido es escultural, moldeable. Las bajas frecuencias emitidas por las ballenas generan vibraciones en nuestro cuerpo”.

En el jardín del museo se instalaron tres dispositivos con forma de hongo que emiten los sonidos. “Están diseñados para optimizar la difusión, pero sin invadir el espacio”, detalla.

Las obras de Paula Darriba, nacida en Bariloche, se exhiben en el interior del museo. Especialista en ilustración científica, su trabajo se inspira en los naturalistas del siglo XIX que acompañaron a Charles Darwin y documentaron la flora y fauna sudamericana.

(Ilustración de Paula Darriba. Foto: F. Capelli)

“Retrato plantas, animales y hongos –cuenta–. Trabajo sobre todo con acuarela y lápiz y, como artista, me tomo ciertas licencias para sumar toques personales en los volúmenes, las luces y las sombras”.

Paula, recibida como profesora de arte en 2005, descubrió la ilustración científica en un viaje a Melbourne, Australia, donde estudió dibujo botánico. “Fue un flechazo”, recuerda. Desde entonces no paró, al punto de integrar la Sociedad de Arte Botánico del Reino Unido, un reconocimiento clave en su trayectoria.

Los tres artistas no se conocían, pero fueron seleccionados por el curador Pablo La Padula, que vio el potencial de diálogo entre sus obras y construyó la muestra en torno a esa idea.

“Elegí el Museo Larreta –explica Pablo– porque funciona como una Wunderkammer, una cámara de las maravillas, una colección de objetos curiosos, donde los trabajos de estos artistas se insertan de manera perfecta”.

El curador recomienda al público: “La visita requiere atención y silencio, porque los estímulos son delicados, sutiles”. Las fotos de Valeria aparecen y desaparecen, las esculturas sonoras piden celulares apagados para poder ser apreciadas, y las ilustraciones de Paula –colgadas en las paredes del museo– se mimetizan con las obras de la colección permanente.

“El sentido de la muestra es ese: desconectarnos un momento de la tecnología, olvidarnos de la urgencia y volver a vincularnos con la naturaleza”, concluye La Padula.