BUENOS AIRES – Con Donald Trump anunciando el control de 30–50 millones de barriles de crudo venezolano, que quedarán a disposición de Estados Unidos, ¿qué pasará con los yacimientos en la Argentina? ¿Seguirán siendo rentables y capaces de atraer capitales? ¿O el ataque a Caracas, celebrado por el propio presidente Javier Milei, se revelará como un boomerang para Buenos Aires?

De esto hablamos con Nicolás Gadano, economista especializado en la industria petrolera, docente de la Universidad Di Tella de Buenos Aires y autor del libro Historia del Petróleo en Argentina (Edhasa, 2006).

“La situación en Venezuela es muy incierta –advierte–. En qué medida lo que ocurrió sea el inicio de un proceso de normalización democrática y económica, por ahora no se sabe”.

Lo cierto es que la producción actual de petróleo en el país es muy baja en relación con sus reservas. “Para volver a los niveles de los años previos a la presidencia de Hugo Chávez, es decir antes de 1999, harán falta muchas inversiones y mucho tiempo”, explica el especialista.

Además, el petróleo venezolano es muy bituminoso (se lo denomina “pesado”) y requiere técnicas avanzadas de extracción, a diferencia del petróleo convencional y del gas natural.

“En el caso del petróleo convencional, una vez encontrado el yacimiento y realizada la inversión inicial, los costos posteriores son relativamente bajos –explica Gadano–. En cambio, para Venezuela hay que ver si existen empresas dispuestas a apostar a largo plazo por el país”.

Con dos incógnitas: la estabilidad política y el precio del crudo. “Que hoy es muy bajo, al menos 20–30 dólares por barril menos que hace algunos años –observa–. Y en el futuro podría bajar aún más”.

Tanto es así que en la Argentina los pozos convencionales (Patagonia, Comodoro Rivadavia, Santa Cruz, Neuquén) tienen márgenes de ganancia cada vez más ajustados, incluso sin la competencia de Venezuela. Afirma Gadano: “Harían falta acuerdos entre empresas, sindicatos y provincias para aumentar la producción, bajar impuestos y el costo laboral, una convergencia bastante improbable”.

Así, a medida que el pozo “envejece”, la extracción se vuelve cada vez más costosa. “En ese sentido –dice el economista– YPF, la empresa petrolera estatal, actuó correctamente al desprenderse de gran parte de los pozos convencionales para concentrarse únicamente en el yacimiento de Vaca Muerta”.

Este último (ubicado en gran parte en la provincia de Neuquén, con extensiones en Mendoza, La Pampa y Río Negro) seguiría siendo muy rentable a los precios actuales, incluso si Venezuela volviera a ser un competidor. De hecho, hace apenas dos días se firmó el contrato con Continental Resources, una empresa privada estadounidense que desembarca en Vaca Muerta con una inversión directa para el desarrollo de cuatro bloques de shale oil (petróleo atrapado en sedimentos de roca a gran profundidad).

El futuro de Venezuela sigue siendo una variable incierta. “Para la oposición será inaceptable una continuidad del régimen chavista –sostiene Gadano–, pero para Estados Unidos sería la solución más sencilla en términos de estabilidad”. Algo que, para las inversiones económicas, resulta más importante que la democracia.

“Si pensamos en todo el siglo XX, no es que las democracias occidentales se hayan preocupado demasiado por los derechos humanos en los países donde iban a comprar o extraer petróleo –remarca el economista–. Lo que importaba era la continuidad política y normativa”. Basta pensar en los acuerdos de Enrico Mattei con el entonces sha de Persia, para enfrentar a las “Siete Hermanas”, los gigantes petroleros estadounidenses.

“Mattei, en 1961 –concluye Gadano–, firmó un pacto petrolero, en nombre de ENI, también con el presidente argentino Arturo Frondizi, muy favorable al ingreso de capitales extranjeros”. Luego, en 1962, Frondizi fue derrocado por un golpe de Estado y Mattei murió en un accidente aéreo. Pero esa es otra historia.