EL HOYO (CHUBUT) – Este verano la Patagonia argentina vuelve a estar atrapada por el avance de los incendios. En las últimas semanas, el fuego avanzó sin control en distintas provincias del sur del país, obligando a evacuaciones, arrasando miles de hectáreas de bosques y poniendo en máxima alerta a las autoridades.
Los focos siguen activos todavía hoy, en especial en zonas de Chubut y en las cercanías del Parque Nacional Los Alerces, uno de los patrimonios naturales más valiosos de la Argentina.
Para hacer frente a la emergencia, llegaron refuerzos desde otras provincias, incluso desde el norte del país. Córdoba, en particular, dispuso el envío inmediato de un avión hidrante y un helicóptero, con personal especializado y la logística necesaria para las operaciones. A esto se sumaron 63 bomberos voluntarios, que arribaron el 9 de enero a El Hoyo, donde se montó una base operativa.
Entre los profesionales que están en la primera línea se encuentra Pedro Paczkowski, apodado “Polaco”, considerado uno de los mejores pilotos hidrantes de la provincia de Córdoba.
Su trabajo, como el de sus colegas, es el resultado de una formación larga y altamente especializada. “Primero hay que obtener la habilitación de piloto comercial –explica– y después especializarse en el combate de incendios. Es otro curso, con una parte teórica y otra práctica, que conduce a una habilitación específica”.
Los aviones más utilizados a nivel mundial son los Air Tractor, considerados particularmente eficaces porque permiten volar a muy baja altura. “Son los más eficientes –cuenta Paczkowski– porque logran llegar mucho más cerca del frente del fuego que otros tipos de aeronaves”.
En la Argentina, a diferencia de otros países, muchos pilotos hidrantes provienen del sector de la aeroaplicación agrícola, es decir, de la fumigación de campos. “El tipo de avión es muy parecido –explica–, con algunas diferencias importantes, como el aire acondicionado, fundamental cuando se trabaja con temperaturas extremas. Usamos trajes ignífugos y casco, para tener una protección mínima en caso de accidente: la indumentaria es similar a la de los pilotos automovilísticos”.
Volar sobre un incendio implica, de hecho, operar a muy pocos metros de las llamas. “Según la vegetación, pastizales, monte bajo o bosque, volamos desde cuatro metros hasta quince o veinte metros de altura. Todo depende del viento, de la intensidad del fuego y de la conformación del terreno”, señala.
Un aspecto clave es la prevención y la rapidez de intervención. “La idea que se está imponiendo en todo el mundo es sofocar el incendio cuando todavía está en su fase inicial –subraya Paczkowski–, concentrando de inmediato todos los recursos disponibles. Cuando el fuego se vuelve grande, no hay sistema que alcance”.
Los ataques pueden ser directos o indirectos: “Podemos intervenir con agua o con un agente espumógeno, en el llamado ataque directo. O bien con el retardante químico, esa agua roja que se suele ver: impregna el material forestal y, cuando llega el fuego, retrasa o bloquea su avance”.

Foto gentileza de Mario Méndez.
Junto a los pilotos de avión trabajan también los helicópteristas, como Mario Méndez, apodado “Betazo”, piloto de la empresa privada JasFly, que opera bajo la órbita de la Agencia Federal de Emergencias.
Exmilitar de la Fuerza Aérea, hoy vuela modelos como Bell 407, Bell 212 y Bell 412. Con base en Monte Comán, en la provincia de Mendoza, fue convocado a intervenir en Chubut por la gravedad de los incendios.
El trabajo es una compleja operación en equipo, que coordina cielo y tierra, como explica Méndez: “Dependemos operativamente de un coordinador que nos asigna las zonas de intervención, los grupos de bomberos con los que trabajamos, los puntos de carga de agua y las frecuencias de radio que se están usando. La comunicación con los bomberos en el terreno es fundamental para evitar riesgos y hacer efectivos los lanzamientos”.
Además de los pilotos y, en algunos casos, los copilotos, hay un apoyo esencial en tierra. “Equipos que se ocupan del abastecimiento de combustible y de la logística, muchas veces con camiones cisterna que siguen las operaciones paso a paso”, detalla.
Méndez explica que el sistema argentino de lucha contra incendios se organiza según las estaciones. Entre diciembre y marzo, el período de mayor peligrosidad, los recursos se concentran sobre todo en el sur: Lago Puelo, Trevelin, Bariloche, San Martín de los Andes. El resto del año, la atención se desplaza hacia el centro y el norte del país, en zonas como San Luis, Catamarca, Jujuy, Corrientes y Misiones.
“Hay varias empresas aéreas privadas que trabajan mediante contratos estatales –explica el piloto–, mientras que las brigadas de bomberos son todas estatales. A ellas se suman los bomberos voluntarios, que cumplen un rol fundamental gracias al apoyo de las comunidades locales”.
A pesar de los avances, ambos pilotos coinciden en que todavía queda mucho por hacer. “El sistema está evolucionando de manera positiva –afirma Méndez–, pero hacen falta más inversiones, más medios, más infraestructura y más formación”.
Pedro Paczkowski remarca que la capacitación permanente de los pilotos es clave: “Es la experiencia acumulada en este sector la que garantiza la eficacia de las operaciones: no es algo que se aprende de un día para el otro, sino que se construye con el tiempo”.
En los incendios forestales, en un contexto climático cada vez más complejo, la prevención sigue siendo el eje central: cuando las llamas se propagan sin control, el trabajo de los pilotos y de los equipos en tierra solo puede limitar los daños. “Como sociedad tenemos que entender de qué manera podemos contribuir a evitar que estos incendios ocurran, porque cada año son más agresivos y destructivos –observa Méndez–. Invertir en recursos y en una campaña eficaz de concientización para la prevención de incendios significa defender el futuro de nuestra tierra”.
Según el helicópterista, “la inversión del Estado es fundamental. Sabemos que el país atraviesa momentos difíciles, pero al mismo tiempo vemos cómo el flagelo del fuego está devorando hectáreas y hectáreas de patrimonio nacional”.
Para Méndez, el gobierno debería prestar más atención a este tema. “Entiendo que no sea la única prioridad y que haya otras emergencias quizá más urgentes, pero no podemos mirar para otro lado –afirma–. Es necesario invertir un poco más para mejorar las infraestructuras, aumentar la cantidad de medios aéreos y también mejorar los salarios de los brigadistas, para que el sistema funcione mejor. Porque el sistema de combate de incendios tiene que ser eficaz, pero el aparato de la prevención también tiene que cumplir su parte”.