BUENOS AIRES - Con el cierre del año cada vez más cerca, para la Unione Calabrese San Francesco di Paola de Núñez es tiempo de balances y de reflexiones sobre el futuro. Quien traza un repaso del 2025 y comparte las expectativas para el 2026 es su presidenta, Graciela Laino, una figura de referencia de la comunidad italiana en Buenos Aires.

Su recorrido dentro de la colectividad es largo y diverso: además de conducir la asociación, ocupó cargos en la Federación de Asociaciones Calabresas en Argentina (Faca) y fue la primera mujer presidenta del Comites de Buenos Aires entre 2008 y 2015, durante los años complejos del debate por el retiro de la estatua de Cristóbal Colón del centro de la ciudad, que luego fue trasladada a la costanera.

De cara al 2026, la presidenta expresa un deseo que va más allá de los límites de una sola institución y alcanza al conjunto de la comunidad italiana en la Argentina. “Mi deseo es que el próximo año nos encuentre como una colectividad más unida”, afirma, señalando como prioritaria la participación de las nuevas generaciones. Y agrega: “Es fundamental que los jóvenes se acerquen a las instituciones, porque sin ellos las asociaciones corren el riesgo de apagarse”.

La Unione Calabrese, fundada en 1973, es también una historia atravesada por el legado familiar: nació por iniciativa de Riccardo Laino, padre de Graciela, junto a otros emigrados de Paola.

Carpintero llegado a la Argentina en la posguerra, se estableció en Saavedra, formó una familia y abrió un pequeño taller de muebles. De su espíritu emprendedor surgieron primero un bar y luego, en los años ochenta, el célebre restaurante “La cantina del Tano Laino”, que quedó en la memoria del barrio de Núñez como un lugar de encuentro para familias y celebraciones.

Con ese mismo espíritu de compromiso, la presidenta mira hoy el trabajo realizado a lo largo del 2025.

El balance es positivo, sobre todo en el plano de las actividades culturales y sociales: “Este año estamos muy contentos porque pudimos alcanzar varios objetivos, como ampliar la oferta de cursos de italiano, con un aumento significativo de estudiantes, desde chicos hasta adultos”, explica.

Junto con el italiano, la asociación también fortaleció su propuesta formativa con cursos de inglés y francés, además de numerosas actividades complementarias: “Ofrecimos actividades deportivas, yoga, pilates, ortodoncia, constelaciones familiares y muchas otras iniciativas”.

El 2025 fue también un año de mejoras estructurales. “Logramos arreglar un poco el edificio por dentro: se pintó, se adecuaron las aulas y también la biblioteca”, cuenta Laino, subrayando la importancia de tener “todo en regla” y de poder contar con una comisión directiva activa y colaborativa.

No faltaron los momentos de convivencia, como los almuerzos sociales, ni la atención puesta en el cuidado del entorno urbano. Un aspecto —este último— nada menor para la asociación, cuya sede está ubicada en una esquina de gran visibilidad, entre dos calles muy transitadas del barrio.

“También nuestra vereda está cada vez más cuidada y linda”, destaca con orgullo la presidenta, remarcando la necesidad de seguir siendo un punto de referencia para todos los vecinos de la zona, no solo para la comunidad italiana.

“Unión” sigue siendo la palabra clave también de cara al futuro, para reforzar el sentido de solidaridad y colaboración, fundamental para la vitalidad de las asociaciones. “Solo si todas las instituciones y los organismos más relevantes de la colectividad trabajan juntos vamos a poder ser realmente fuertes”, afirma con convicción.

“Para el nuevo año les deseo lo mejor a toda la colectividad italiana, a los dirigentes y a los lectores de Il Globo”, concluye Graciela, con la voluntad de seguir construyendo en 2026 una comunidad más unida, viva y proyectada hacia el futuro.