LA HABANA – Después de la operación lanzada sobre Caracas, Donald Trump había dejado una advertencia dirigida a la dirigencia cubana. Ahora, de acuerdo con el Wall Street Journal, el líder republicano ya estaría intentando identificar, dentro de la estructura estatal del país caribeño, figuras dispuestas a colaborar en un entendimiento que permita desplazar al actual poder antes de que termine el próximo año.

Se trataría de una reedición del esquema ensayado en Venezuela. Para el diario estadounidense, en Washington consideran que la economía de la isla se encuentra al borde del colapso y que la conducción política atraviesa un momento de especial debilidad, sobre todo tras la pérdida del respaldo del chavismo y, en particular, del suministro de crudo proveniente de ese país.

Funcionarios norteamericanos —señala el artículo— reconocen que todavía no existe un plan operativo definido para forzar un recambio, pero interpretan el cierre del ciclo de Maduro y las concesiones obtenidas por su entorno como una señal inequívoca para La Habana. En ese marco, la presencia del portaaviones USS George H.W. Bush a apenas 60 millas de Varadero es leída como una demostración concreta de la atención con la que Estados Unidos sigue la situación regional.

El propio Trump había mencionado a Cuba inmediatamente después del ataque sobre la capital venezolana. En un mensaje publicado en Truth, sostuvo que el gobierno de la isla debía “llegar a un acuerdo” antes de que fuera “demasiado tarde”.

“La dirigencia cubana —según el razonamiento de Trump— sobrevivió durante años gracias a enormes flujos de dinero y petróleo enviados desde Venezuela”. En los días posteriores, el magnate también deslizó que su secretario de Estado, Marco Rubio, de ascendencia cubana, podría ser un eventual presidente del país caribeño, sometido a un embargo económico estadounidense desde hace más de seis décadas.

Desde La Habana, Miguel Díaz-Canel respondió con una ofensiva política destinada a contrarrestar la narrativa de Washington, que lo presenta como un mandatario aislado. A través de X, hizo público un intercambio telefónico con Delcy Rodríguez, a quien transmitió el “apoyo y la solidaridad” de Cuba, en una señal de que el vínculo bilateral se mantiene firme incluso tras el final del ciclo de Maduro.

Además, en una estrategia más amplia, el jefe de Estado ajustó las tuercas de sus alianzas internacionales históricas. Hace dos días mantuvo un encuentro calificado de “fraterno” con el embajador chino en la isla, orientado a fortalecer “el lazo de amistad especial que une a Cuba con Pekín”. Y el miércoles recibió en el Palacio de la Revolución al ministro del Interior ruso, Vladimir Alexandrovich Kolokolcev, a quien le recordó que para el gobierno cubano Rusia sigue siendo “un país hermano”.