NECOCHEA – En una ciudad donde la huella de la inmigración sigue muy presente, hay historias que se sostienen en el tiempo gracias al empuje de quienes decidieron organizarse y mantener vivas sus raíces.

Una de ellas es la del Crer (Centro Regional Emilia-Romaña), que el pasado 11 de febrero celebró su 26° aniversario.

Todo empezó justamente hace más de dos décadas, cuando Olga Cavalca recorría Necochea, golpeando puertas de familias de origen emiliano-romañolo para poner en marcha una asociación regional.

Olga Cavalca es hoy la presidenta, junto a un grupo de emiliano-romañolos de la zona que fueron el núcleo inicial de aquella joven institución.

“Los que nacieron en Italia hoy son todos muy mayores –explica–. La mayoría somos descendientes. En mi caso, de Poviglio, pero también de Brescello, ambos cerca de Reggio Emilia”. Dos pueblos que formaban parte del llamado “triángulo rojo”, una zona donde, tras el final de la Segunda Guerra Mundial, el Partido Comunista gobernaba con amplias mayorías.

Justamente en Brescello se ambientan las novelas del ciclo de Don Camillo, de Giovannino Guareschi (abiertamente anticomunista), un cura algo rudo, enfrentado a Peppone, el intendente comunista. Sin embargo, cuando se trata del bien común, dejan de lado las diferencias y terminan trabajando juntos, como durante la Resistencia.

De esos libros también se hicieron varias películas. Los protagonistas fueron Fernandel en el papel del sacerdote y Gino Cervi, sorprendentemente parecido a Stalin, como Peppone.

“No solo Reggio Emilia –remarca Olga–. Muchos de nosotros venimos de familias que llegaron desde Bolonia, Rávena y Cattolica, en la zona de Rímini”.

Tal vez por esas raíces reggianas, para Olga hay una fecha ineludible: la Fiesta del Tricolor, el 7 de enero, el “día de la bandera nacional italiana”, establecido por la ley 671 de 1996. Una fecha oficial, aunque en Italia no sea feriado.

No es casual: el Tricolor nació en Reggio Emilia el 7 de enero de 1797, como bandera de la República Cispadana creada por Napoleón. Durante las guerras de independencia del Risorgimento se convirtió en símbolo de la unidad y fue adoptado como bandera nacional.

Los tres colores representan la esperanza y los bosques de las colinas (verde), la fe y la nieve de los Alpes (blanco) y la sangre de los patriotas que lucharon por la independencia y la unificación del país (rojo).

Olga Cavalca lee un discurso durante la celebración de la Fiesta del Tricolor.

“Como todas las asociaciones italianas en la Argentina, tampoco faltamos al acto del 3 de junio, Día del Inmigrante, en el aniversario del nacimiento de Manuel Belgrano, hijo de un genovés”.

Un ADN emiliano-romañolo que no se cierra al trabajo conjunto con otras colectividades. “Trabajamos con calabreses, abruzzeses, piamonteses, marchigianos y lucanos –afirma la presidenta–. Fue nuestro vicecónsul quien nos propuso unirnos para generar sinergias y aprovechar mejor los recursos”.

“Impulsamos con mucha fuerza la creación en Necochea, en 2010, de una escuela bilingüe y bicultural –continúa–. El Centro Educativo Ítalo-Argentino, que funciona en la antigua sede de la Sociedad Italiana, ofrece todos los niveles, desde inicial hasta secundario”.

El Crer también colabora con escuelas y comedores para chicos, a los que entrega materiales y ropa.

“Mantenemos un contacto permanente con la Consulta de los emiliano-romañolos en el mundo –explica Olga–. Nos envían docentes de italiano y compañías teatrales con espectáculos en ese idioma”. Ella misma es docente, formada en la sede local de la Dante, hoy cerrada.

“A su vez –agrega– enviamos jóvenes a Emilia-Romaña para que participen en cursos y pasantías, gracias al proyecto Bumeran”. Un programa de estadías y prácticas destinado a descendientes, para que conozcan la tierra de sus familias, refuercen el idioma y vivan una experiencia formativa, desde cursos de cocina hasta disciplinas artísticas.

Un ida y vuelta permanente entre el Atlántico y el Adriático, sostenido también por la vicepresidenta Rita Beltrami, casada en Bolonia y radicada allí desde hace años, donde trabaja como abogada y tiene dos hijas adolescentes, Francesca (16) y Sara (14). “Sigue colaborando y participando de la vida de la institución desde allá”.

Al fin y al cabo, Necochea y Bolonia no solo comparten lazos afectivos, sino también un mismo símbolo: la estatua de Neptuno. En Bolonia, la famosa fuente de Giambologna junto a Piazza Maggiore. En Necochea, un monumento frente al mar, donde la colectividad organiza, durante la Semana de la Cocina Italiana en noviembre, un evento gastronómico con un chef italiano.