BUENOS AIRES - La Confederación General del Trabajo (CGT) concretó este jueves su cuarto paro general desde la asunción de Javier Milei, en rechazo al proyecto de reforma laboral que se debate en la Cámara de Diputados y que la semana pasada obtuvo media sanción en el Senado.

La medida tuvo un impacto visible en el transporte, la actividad fabril y los puertos, y dejó postales de estaciones vacías y accesos con circulación reducida en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) y en varias capitales provinciales.

Desde la conducción cegetista destacaron el alcance de la huelga. “Hemos sido consecuentes y responsables en mantener la paz social”, sostuvo el cosecretario general Jorge Sola en conferencia de prensa. Según el dirigente, el nivel de adhesión fue “de más del 90 por ciento” y comenzó a evidenciarse ya en la noche previa, cuando los turnos nocturnos en distintas plantas industriales dejaron de operar.

El transporte público fue uno de los sectores donde más se notó la protesta. No funcionaron trenes ni subtes y la mayoría de las líneas de colectivos permanecieron fuera de servicio por la adhesión de la Unión Tranviarios Automotor (UTA). Solo circularon unidades de empresas que no se plegaron a la medida, principalmente del Grupo DOTA y algunas de Metropol, lo que generó demoras y una mayor demanda en aplicaciones de traslado y combis.

La actividad industrial también mostró un freno significativo, al igual que la atención en organismos públicos y entidades bancarias. En contraste, buena parte de los locales comerciales abrió sus puertas, con movimiento dispar según la zona y el rubro.

Uno de los datos más sensibles de la jornada fue la paralización de los puertos. La Federación de Estibadores Portuarios Argentinos (FEPA) activó un cese nacional desde la medianoche, lo que dejó sin operaciones a terminales de carga general, cerealeras y pesqueras en distintos puntos del país. La medida impactó en un engranaje clave para las exportaciones y la logística, y reforzó la dimensión federal de la protesta.

En paralelo, sindicatos enrolados en las dos CTA y sectores más críticos de la CGT marcharon hacia el Congreso mientras Diputados debatía la iniciativa oficial. El Frente de Sindicatos Unidos —que integran, entre otros, la UOM, Aceiteros, ATE, gremios aeronáuticos y pilotos— venía reclamando una postura más contundente frente a los cambios impulsados por el Gobierno.

“Estamos cumpliendo con el compromiso de estar en las calles luchando. No concebimos otro camino para revertir esta realidad”, afirmó el titular de la UOM, Abel Furlán, antes de movilizarse. Y cuestionó el espíritu del proyecto: “Esta reforma, mal llamada modernización, tiene como único objetivo el sometimiento y la pérdida de dignidad para los trabajadores”.

La CGT, por su parte, insistió en que la protesta excede las diferencias partidarias. “Esto no tiene que ver con ideologías, muchos de los trabajadores que representamos votaron al Gobierno y otros a la oposición”, planteó Sola, quien vinculó la medida con lo que definió como un deterioro del empleo formal y del entramado productivo.