BUENOS AIRES – Se realizó una nueva edición de la tradicional Cena del Lunes del Círculo Italiano de Buenos Aires, que esta vez pasó al martes (7 de abril) y tuvo como invitada de honor a la embajadora de México en la Argentina, Lilia Eugenia Rossbach Suárez.

La noche arrancó con un menú de primer nivel, a cargo del nuevo chef Germán Ruberto: entrada con un tortino de papa sobre fondue de gorgonzola con aroma a trufa blanca, seguido de pasta con camarones y zucchini y, como cierre, una tarta de limón. Una propuesta a la altura de un restaurante de alta gama.

Moderada por Francisco Tosi, vicepresidente del Círculo, la charla dejó en claro la profundidad histórica del vínculo entre México y la Argentina, marcado desde siempre por un fuerte intercambio cultural.

“México reserva para la representación en Argentina figuras de gran relevancia, especialmente en el ámbito cultural”, se recordó, mencionando nombres como José Vasconcelos (filósofo y escritor que a comienzos del siglo XX fue también ministro de Educación en su país), Alfonso Reyes (fundador y primer presidente, entre 1940 y 1959, del Colegio de México, prestigiosa institución académica) y Amado Nervo (poeta y escritor).

Rossbach Suárez, en el cargo desde 2021, tiene una trayectoria diversa que atraviesa distintos ámbitos. Es licenciada en Sociología por la Unam, cuenta con formación lingüística internacional y una amplia experiencia en los sectores cultural, empresarial y político.

En el plano cultural colaboró con el Festival Internacional Cervantino (el evento artístico más importante de México y de toda América Latina) y desarrolló proyectos vinculados al cine, además de haber fundado un centro cultural en Portugal.

En el ámbito empresarial dirigió compañías de importación y exportación y una fábrica de instrumentos de precisión en México. En política, fue diputada en el Congreso Constituyente de Ciudad de México y promovió reformas sociales relevantes, especialmente en defensa de los derechos de la infancia y contra la violencia hacia las mujeres.

La embajadora Rossbach, entre Leonardo Schifani (a la izquierda), tesorero del Círculo, y Francisco Tosi.

Durante la cena, la embajadora destacó el valor de una relación que lleva más de un siglo y que se sigue fortaleciendo a través de programas académicos, movilidad estudiantil y colaboraciones artísticas.

“Existe una comunidad cada vez más amplia, la de los argenmex, que demuestra cuán fuertes son los lazos entre ambos países”, afirmó, y agregó: “Yo también me siento ya argenmex, después de tantos años en la Argentina, un país que quiero profundamente”.

La diplomática recordó que este año se cumplen 40 años de la muerte de Jorge Luis Borges, efeméride que será conmemorada con una agenda cargada de eventos y exposiciones en sedes diplomáticas. También está prevista la presentación de un documental sobre las visitas del escritor argentino a México, país que Borges recorrió en tres oportunidades.

Rossbach también resaltó la riqueza de la cultura mexicana, incluso en sus raíces indígenas, y el prestigio internacional de su cine, capaz de conquistar Hollywood tanto en la época dorada como en la actualidad, con directores como Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu.

Junto con los vínculos culturales, las relaciones económicas entre México y la Argentina también se muestran sólidas, con numerosas empresas activas en ambos mercados.

Este intercambio económico ayuda a sostener un puente entre los dos países que se mantiene incluso frente a las diferencias de orientación política entre sus gobiernos. “Es más lo que nos une que lo que nos separa”, sostuvo, y remarcó que los lazos culturales históricamente lograron superar cualquier diferencia ideológica.

Durante las preguntas del público, también se abordó el recorrido personal de la embajadora y su vínculo con la izquierda latinoamericana.

“Es una pregunta muy personal, así que la respuesta también lo será”, aclaró Rossbach, al recordar que su acercamiento a la cultura se dio justamente a través de ámbitos intelectuales de izquierda durante su juventud.

Un aspecto clave en esa formación está ligado a su historia familiar: su abuelo, empresario español, compró el Casino de la Selva en Cuernavaca (capital del estado de Morelos) con la idea de transformarlo en un gran hotel y, al mismo tiempo, dejar un legado cultural en la ciudad. Para eso encargó un enorme mural a David Alfaro Siqueiros, uno de los principales referentes del muralismo mexicano (junto con Diego Rivera y José Clemente Orozco).

Siqueiros instaló su taller dentro del hotel, donde se alojó junto a sus colaboradores, todos artistas de gran nivel. “Fue allí donde empecé a conocer a muchos intelectuales y a acercarme al arte plástico y a la poesía”, contó la embajadora.

En ese período, el lugar se transformó en un verdadero centro cultural, con encuentros, conferencias y actividades teatrales y literarias organizadas también por su madre, y se convirtió en un espacio de referencia en una ciudad que en ese momento no contaba con propuestas similares.

“Esa etapa me marcó profundamente: mi vocación siempre estuvo ligada a la cultura”, concluyó Rossbach, al subrayar que, más allá de los distintos caminos que recorrió, esa impronta se mantuvo central en su vida.

La última pregunta de la noche giró en torno a la tradición diplomática mexicana, basada en principios constitucionales como la no intervención, el respeto a la autodeterminación de los pueblos y la resolución pacífica de los conflictos, en relación con el actual escenario internacional.

“La coyuntura que estamos atravesando es gravísima, algo que jamás hubiéramos imaginado –respondió la embajadora–. ¿No tenemos memoria? Las guerras no dejaron nada. ¿Cómo podemos siquiera aceptar o avalar una guerra, en cualquier lugar del mundo?”.

Rossbach expresó entonces un deseo claro: “Estamos todos inmersos en esta situación terrible, y deseo y confío en que sean realmente la diplomacia y el diálogo los que prevalezcan”.