ROMA – “La elección de Belém do Pará, en el corazón de la Amazonia, como sede de la Cop30 tiene un significado político que va más allá de los aspectos simbólicos”. Lo dice Renata Bueno, italo-brasileña, abogada especializada en derecho internacional y exdiputada electa en las filas del entonces Usei por la circunscripción de América del Sur.

Hoy vive en Italia, está casada con un italiano y formó su familia allí. Aunque ya no forma parte del Parlamento, sigue participando activamente en la política italiana.

Bueno no tiene dudas: la 30ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que se celebrará del 10 al 21 de noviembre en Belém do Pará, será un evento histórico. “Por primera vez –continúa– los líderes mundiales se reunirán en la selva tropical más grande del planeta. Podrán observar de cerca las consecuencias de la deforestación y la resiliencia de los pueblos indígenas, ribeirinhos (comunidades que viven a orillas de los ríos amazónicos) y quilombolas (descendientes de personas africanas esclavizadas que formaron comunidades libres).”. Con su presencia, subrayarán la urgencia de adoptar acciones concretas para combatir el cambio climático y proteger los biomas esenciales.

“Todos los países se quejan de la deforestación, acusan a Brasil de no proteger lo suficiente la Amazonia, pero no es tan simple y no todo depende de Brasil”, dice Renata.

Se trata de un territorio inmenso que abarca –total o parcialmente– nueve estados brasileños, además de extenderse a varios países vecinos (alrededor del 40 por ciento), entre ellos Perú, Venezuela, Ecuador…

“Para controlar un territorio así hace falta un organismo internacional fuerte –dice Bueno–. El gobierno brasileño dispone de fondos para financiar programas de reforestación y preservación, pero no se puede limitar la acción a lo que haga un solo Estado”. Cada vez resulta más evidente la necesidad de crear círculos virtuosos, sinergias y acciones coordinadas a nivel internacional para impulsar las tecnologías verdes y la agricultura sostenible. “En los años en que fui diputada trabajé para fortalecer la cooperación ítalo-brasileña más allá de la diplomacia: intercambios culturales, tecnológicos y económicos”, afirma Bueno.

Renata Bueno es abogada y fue diputada italiana entre 2013 y 2018.

El verdadero problema son los controles. “La Unión Europea, por ejemplo, exige un certificado de sostenibilidad para que la madera proveniente de Brasil pueda entrar en Europa –observa Bueno–. La selva es un territorio dificilísimo de controlar. El uso de drones podría ayudar, pero el camino a seguir pasa por la formación”.

En este sentido, la Universidad de Belém trabaja mucho en sostenibilidad. “Es necesario lograr que el medio ambiente se convierta en un sector rentable, que los programas de reforestación y restauración sean fuente de empleo –dice la ex diputada–. En la Amazonia se libra una guerra oculta”. Las partes en conflicto son las multinacionales del sector agrícola, los pequeños productores, las poblaciones originarias y el gobierno.

“Un conocido mío que trabajaba en el terreno para un instituto gubernamental de medio ambiente tuvo que huir después de que sus colaboradores fueran asesinados –afirma Bueno–. Los riesgos pueden ser altos”.

Por eso –sostiene la ex diputada– la Cop30 es la oportunidad para que la Unión Europea, Italia y Brasil, juntos, marquen la agenda.

Italia estará presente en Belém con una participación significativa e innovadora, como anunció el embajador italiano Alessandro Cortese. Entre los proyectos se destaca AquaPraça (plaza del agua), una estructura flotante sustentable diseñada por Carlo Ratti, curador de la Bienal de Arquitectura de Venecia. Albergará debates sobre bioeconomía, conservación forestal y enfriamiento sostenible (una prioridad crucial para reducir las emisiones en los sectores de la refrigeración y la climatización, que representan una parte creciente del consumo energético mundial).

“Como abogada y exparlamentaria –concluye Bueno– hago un llamado para que Italia, la Unión Europea y Brasil lideren con el ejemplo: que eleven sus objetivos, financien a los países en desarrollo y pongan la protección de la Amazonia como prioridad”.