ROSARIO (SANTA FE) – Calles desiertas, persianas bajas, colectivos parados en las terminales y escuelas cerradas por seguridad.
“Parecía que estábamos de vuelta en los días de la pandemia". Así describe Mauro Testa, presidente de la Familia Veneta de Rosario, la ciudad santafesina la mañana del lunes 11 de marzo, luego de un fin de semana de terror en el que las distintas organizaciones de narcotráfico sembraron pánico disparando contra objetivos aleatorios en la ciudad, entre ellos Bruno Bussanich, empleado de una estación de servicio, asesinado a quemarropa por un sicario.
Las autoridades decidieron cerrar los colegios para no exponer a los alumnos a peligros. Mientras los ciudadanos manifestaron su indignación con una huelga del transporte público y un cierre de comercios y estaciones de servicio. A eso se sumaron las asociaciones italianas, en señal de solidaridad y luto pero también por precaución hacia sus trabajadores y voluntarios.
“Una decisión –explica Testa– adoptada por unanimidad por todas las organizaciones y difundida a través de un comunicado conjunto”. Un modo de demostrar la importancia de hacer un frente unido, incluso a nivel cultural, contra el crimen organizado.
La de Rosario es una escalada que se prolonga desde hace años y culminó en las últimas semanas con la pérdida de control del territorio por parte del Estado.
“En dos años de trabajo en Rosario –dice el Cónsul General de Italia en Rosario, Marco Bocch– nunca vi una situación tan impresionante. Todos estamos muy conmovidos y cercanos a las familias de las personas asesinadas".
La ciudad y sobre todo sus alrededores son el campo de batalla entre grupos del crimen organizado (como Los Monos) que compiten sobre todo por el control del mercado de la droga pero que tambien extorsionan, manejan las apuestas clandestinas y la prostitución.
Hasta hace algún tiempo las acciones más violentas se limitaban a ajustes de cuentas internos en las llamadas "zonas liberadas" (es decir, aquellas donde la policía se niega a intervenir y, por lo tanto, son todo menos libres).
Ahora las bandas subieron la apuesta y comenzaron atacar a ciudadanos indefensos, objetivos aparentemente aleatorios, como Bruno Bussanich, o dos taxistas asesinados a sangre fría unos días antes. Con una finalidad: demostrar que son más fuertes que el Estado.
A pesar de todo, la comunidad italiana mantiene la calma.
Cuando me comunicaron la decisión de las asociaciones de adherir a los cierres y los paros del lunes, percibí un gran sentimiento de unidad de parte de nuestros compatriotas –continúa Bocchi–. La mayor parte nació acá, sono italianos además de argentinos, Rosario es su hogar”.
Conmoción, firmeza, voluntad de restablecer la legalidad y no muestras de miedo. “No hemos recibido solicitudes de asistencia ni siquiera de italianos en tránsito –afirma el cónsul–. Al fin y al cabo, la ciudad sólo estuvo parada un día, por lo que la huelga no causó grandes dificultades".
El cierre también fue apoyado por el diputado Franco Tirelli (Maie), de Rosario, elegido en la circunscripción extranjera en el Parlamento italiano y siempre involucrado en las instituciones italianas de la ciudad. “Nos pareció la elección más acertada y fuimos los primeros en recomendar no abrir en los días posteriores a los atentados”, afirma.
El anuncio conjunto del cierre de las asociaciones italianas.
Luego la vida de la ciudad se reanudó, también porque la mejor respuesta a los ataques que tienen el claro objetivo de intimidar a los ciudadanos es el trabajo, empezando por el de las asociaciones que siempre han promovido la solidaridad dentro de la ley.
La respuesta del gobierno argentino (se trata de crímenes de jurisdicción nacional) fue enviar inmediatamente a las fuerzas armadas en apoyo de la policía, para asegurar un mayor control del territorio.
“De todos modos, no hablaría de una ciudad militarizada, aunque la presencia de las fuerzas de seguridad en la zona haya aumentado significativamente después de los acontecimientos de la semana pasada –explica Bocchi–. El centro donde se encuentra el Consulado no es una zona de alto riesgo. Son sobre todo las zonas norte, oeste y sur de la ciudad y el cinturón urbano de la ciudad las que se ven afectadas por episodios de violencia".
Al oír hablar de Rosario, los italianos no pueden dejar de pensar inmediatamente en la "temporada bomba" de la mafia, en Palermo, Roma, Milán y Florencia, a principios de los años de los noventa.
No es casualidad que la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, en conferencia de prensa, afirmara que el modelo de respuesta del Estado será Italia y sus políticas antimafia. Lo que significa apuntar a una intervención global contra las organizaciones (sin limitarse a atacar a líderes locales individuales) y estudiar la genealogía para rastrear los lazos familiares que consolidan las organizaciones criminales.
Las detenciones para los jefes de las mafias según el modelo del artículo 41 bis, conocido como carcere duro, con contactos con el exterior reducidos al mínimo, para impedirles seguir dando órdenes desde prisión. Y la estrategia de Giovanni Falcone: seguir el rastro del dinero. Y no pequeñas sumas, sino grandes capitales sometidos a lavado de dinero.
También en Italia, con la operación Vespri Siciliani, desde 1992, luego de los atentados a Falcone y Borsellino, hasta 1998 se utilizó el ejército en Sicilia para colaborar con la policía.
Desde 2017 existe un acuerdo de cooperación entre Italia y Argentina en materia de seguridad. Y en 2023 se firmó un memorando de colaboración entre el Ministerio Público Fiscal argentino y la Dirección Nacional Antimafia italiana, para sumar esfuerzos en la lucha contra el crimen organizado.
En Argentina, sin embargo, existe un obstáculo legal.
El delito de asociación mafiosa, que en Italia está tipificado en el artículo 416 bis, no figura en el código penal del país. “Un artículo de gran importancia jurídica, porque permite que los miembros de las bandas criminales sean juzgados simplemente por el hecho de formar parte de ellas e independientemente del rol o función que desempeñen en la estructura criminal”, explica Bocchi. Y esto permite al Estado una actuación completa no sólo a nivel de orden público, sino también investigativa y judicial.
En Argentina se suele utilizar comúnmente el término "mafia" como sinónimo de corrupción y malversación, pero muy poco en el ámbito del crimen organizado. Tanto es así que Bullrich anunció "políticas y leyes antimafia que aquí llamaremos antibanda".
Sin embargo, desde hace años los jueces italianos investigan la presencia de la mafia siciliana y de la 'Ndrangheta calabresa en Argentina, como lo demuestra el viaje realizado por el propio Giovanni Falcone poco antes de su muerte.
Una reticencia que el diputado Franco Tirelli intenta explicar: "Hay que decir que aquí nunca hemos vivido lo que pasó en Italia con la mafia y por eso preferimos hablar de bandas o de terroristas, pero el método de acción del narcotráfico es similar al de la mafia".
Es inevitable preguntarse si la explosión de violencia en la ciudad no fue de algún modo predecible.
“Definitivamente sí”, responde Tirelli, que sin embargo no renuncia a una reflexión más general. “Lo que pasa en Rosario no es tan distinto a lo que sucede en el conurbano bonaerense. Lo que pasa es que los medios suelen darle más relevancia que a otras zonas del país", concluye, con una ligera nota de polémica. No tanto una defensa oficial de su ciudad, sino una invitación a considerar la capilaridad y omnipresencia de la capacidad de infiltración del crimen organizado que ciertamente no limita su acción a una sola ciudad.
Es cierto que Rosario encaja perfectamente en el papel de protagonista de una "narrativa perfecta". En la década de 1930 era conocida como la “Chicago de Argentina”, porque allí operaban bandas mafiosas, dedicadas principalmente al secuestro con fines de extorsión. La más famosa, la banda Galiffi, es también protagonista de una película titulada de forma emblemático: La Maffia de Leopoldo Torre Nilsson, estrenada en 1972, el mismo año que El Padrino de Francis Ford Coppola.
Pero después de que la banda fuera desmantelada, Argentina vivió durante casi un siglo en un "cuento de hadas" luego de haber expulsado a la mafia (identificándola con el bandolerismo) de su territorio, subestimando la capacidad de la piovra (pulpo, para usar una metáfora que dio (título de una exitosa serie de televisión italiana transmitida por la Rai de 1984 a 2001) para regenerarse, cambiar de nacionalidad y de modos de actuar, buscar nuevos mercados y nueva mano de obra.