BUENOS AIRES – Abrir una puerta a la lengua italiana, pero sobre todo a su cultura: la historia, el arte, la literatura, la ópera, la cocina. Esa es la idea que está en la base de Che bel piacere, la escuela online fundada por Davide Dalla Vigna, padovano, profesor de italiano para extranjeros, hoy radicado en Buenos Aires.
Graduado en la Universidad Ca’ Foscari de Venecia en Lenguas, civilizaciones y ciencias del lenguaje, con especialización en español y ruso, Davide obtuvo luego un máster en Didáctica y promoción de la lengua y cultura italianas para extranjeros (Itals I), una licenciatura magistral en Lenguas y literaturas europeas, americanas y poscoloniales, y la certificación Cedils (también orientada a la enseñanza del italiano).
Un recorrido académico sólido, acompañado por una experiencia internacional que lo llevó primero a México y luego a la Argentina.
Los cursos de Che bel piacere, una cita de una de las arias más célebres de El barbero de Sevilla de Gioachino Rossini, están pensados sobre todo para estudiantes de nivel avanzado: personas que ya conocen el italiano y quieren ir más allá de la gramática, mantener la fluidez, enriquecer el vocabulario e inmersarse “con placer” en la cultura del bel Paese.
Después de la licenciatura, Davide sentía la necesidad de hacer una experiencia en el exterior antes de continuar con la maestría. “No quería quedarme en casa otros dos años. Quería hacer algo distinto”, cuenta. En ese momento estudiaba ruso e imaginaba un futuro entre Italia y Moscú.
Pero la llegada a Europa del Este, justo en los primeros meses del conflicto en Ucrania en 2014, cambió todos sus planes. “Fui a Kiev en colectivo desde Padua. La guerra civil acababa de terminar. Después llegué a Moscú, pero ahí me di cuenta de que no iba a poder…”.
Demasiados controles, un clima de tensión asfixiante, una dimensión que lo hacía sentirse aplastado: “Tenía 19 años, todo era gigantesco. Me sentía una hormiguita”.
¿La alternativa? México. Habiendo estudiado también español, Davide pensaba que era un país estimulante para convertirse en periodista, que en ese momento era su sueño. “Había escuchado a Roberto Saviano hablar de la situación mexicana en la TV. Para un cronista hay muchas historias para contar”.
Terminada la licenciatura y después de un año de preparación, Davide parte a Ciudad de México, donde se queda cinco años. El periodismo, sin embargo, queda en segundo plano. La necesidad de mantenerse lo lleva a enseñar italiano, gracias también al estímulo de Paolo Balboni, docente de la Ca’ Foscari y uno de los máximos expertos en didáctica del italiano para extranjeros. “Me dijo: andá, en México necesitan profesores”.
Lo que al comienzo debía ser solo una manera de pagarse los estudios se convierte rápidamente en una profesión. Enseña en la Sociedad Dante Alighieri y en el Instituto Italiano de Cultura, donde le dan una gran libertad didáctica: “El director me dijo: cuando yo era joven me dieron una oportunidad, ahora te la doy a vos”. Y tuvo carta blanca para crear cursos de todo tipo.
Junto a las clases de lengua, empieza a proponer cursos de cultura: historia, arte, regiones italianas. El éxito llega sobre todo con un ciclo sobre la familia Medici, repetido varias veces. “Entendí que había un público que, una vez terminados los niveles de lengua, ya no sabía cómo seguir. Bastaba una buena historia para hacer conversación”.
A pesar de la satisfacción laboral, después de cinco años Davide sintió la necesidad de cambiar. “La calidad de vida era baja: el agua no era potable, la salud pública era deficiente. Y después de haber abandonado el sueño de ser periodista, ya no tenía sentido arriesgarse en un lugar peligroso”. Así vuelve a Italia para completar la maestría.
Ese período en México, sin embargo, fue fundamental también para comprender hasta qué punto el interés por la cultura italiana va más allá de los orígenes familiares. “Mis estudiantes rara vez tenían ascendencia italiana –dice–. Muchas veces eran mujeres jubiladas, apasionadas por el arte, la ópera, personas que habían viajado a Italia o tenido un vínculo afectivo con el país”.
Un episodio en particular marcó su recorrido. Durante un curso de conversación, una estudiante le presentó la figura de Sofonisba Anguissola. “Yo no la conocía –admite–. Me pregunté: ¿cómo puede ser que una pintora tan importante haya sido olvidada?”.
De ahí nació un interés profundo por la historia de las mujeres, que Davide luego integró en todos sus cursos: desde los Medici hasta las mujeres en la ópera, pasando por las figuras femeninas en la historia de la mafia. “Los discursos discriminatorios de hoy son los mismos de hace siglos –afirma–. Entenderlo es fundamental”.
Fascinado por la literatura argentina –en particular por Julio Cortázar, a quien dedicó su tesis analizando la evolución de la mirada femenina en su obra– y en busca de nuevos horizontes, Davide se mudó el año pasado a Buenos Aires, donde está haciendo crecer su escuela online, hoy con un sitio web y una estructura cada vez más sólida.
A pesar de apuntar a un servicio virtual, observa: “Las clases online tienen ventajas, pero también límites, se trabaja de manera más aislada. Me gustaría complementarlas con cursos presenciales, como hacía en el Instituto Italiano de Cultura”.
Che bel piacere está dirigido a quienes buscan una experiencia premium: “No por el costo, sino por la idea de lujo como placer, elegancia y profesionalismo. El italiano estudiado por placer, no por obligación”.
Hoy Davide tiene alrededor de treinta estudiantes, algunos de los cuales lo siguen desde hace casi diez años. “Quiero seguir creciendo, quizás llegar a empresas y a un público más amplio, convirtiéndome en un punto de referencia para quienes buscan algo más”.