BUENOS AIRES - Un proyecto expositivo que pone en el centro la relación entre arte contemporáneo y naturaleza. Pero también un diálogo cultural y simbólico entre Italia y Argentina. Así se presenta la muestra Tra Terra e Luce, inaugurada ayer por la noche en la Sala Clorindo Testa del Fondo Nacional de las Artes (Alsina 673).
La exposición, que forma parte del programa internacional 2026 de la Natural Bio Art Gallery, podrá visitarse hasta el 20 de marzo, de lunes a viernes entre las 10 y las 16, con entrada libre.
La propuesta reúne artistas provenientes de distintas regiones del país y plantea un recorrido visual en el que la naturaleza se convierte en fuente de inspiración, materia y lenguaje artístico. Algunas obras utilizan materiales de origen natural —pigmentos, minerales, hojas y otros elementos orgánicos— que pasan a formar parte del propio proceso creativo.
Entre las artistas presentes, María Gabriela Villanueva trabaja con tintes naturales y técnicas de impresión botánica, creando piezas atravesadas por veladuras, rastros de oxidación y marcas dejadas directamente por la materia vegetal. Sus composiciones ponen en evidencia una materialidad que parece seguir viva sobre la superficie de la obra, dejando huellas y memorias orgánicas.
También la artista Piedad Sainz, de Tandil (provincia de Buenos Aires), y las tres arquitectas del estudio Sciutto, de Córdoba —que firmaron su obra en conjunto— se dedican a la experimentación en torno al arte textil con pigmentos obtenidos de plantas y minerales.

La curadora y directora de la Natural Bio Art Gallery, Patricia González, al centro vestida de negro, junto a las artistas de las obras en exposición.
Paula Bottini explora la relación entre cuerpo y naturaleza. Después de un primer recorrido en el lenguaje del grabado, con papel y tintas naturales, su trabajo se desplazó progresivamente hacia lo textil. En la serie Susurros utiliza la tela como una superficie sensible para traducir sensaciones y percepciones vinculadas con la manera en que la naturaleza atraviesa el cuerpo y la experiencia humana.
El proyecto presenta una gran variedad de temas, técnicas e interpretaciones. Algunos trabajos recrean con realismo elementos del mundo natural, trasladando idealmente al espectador a los bosques de la Patagonia o a las praderas de la Pampa. Entre estos ejemplos se encuentra la obra de María Soledad Majdalani, que presenta Muestrario Antártico, una serie de esculturas en resina pigmentada y marmolada, y en arcilla mineral con resina y lacas vítreas.
La obra surge de una reflexión sobre la exploración científica y la memoria del paisaje polar: la serie nace de diez años de trabajo e investigación sobre la Antártida. “Me imaginé una expedición que recolecta y clasifica especies. La resina remite al hielo y al frío bajo los que se esconde el color de la Antártida: es como si toda su paleta estuviera guardada bajo la superficie. Imaginé formas nuevas, creando una especie de muestrario de especies imaginarias”, cuenta.
Desde Bariloche llega en cambio Beta Nobile, cuyo trabajo se inspira en los paisajes boscosos de la Patagonia. Sus obras incorporan materiales como ramas, ceniza volcánica y hojas, elementos estrechamente vinculados al paisaje austral.

María Soledad Majdalani, Muestrario Antártico, esculturas en resina pigmentada y marmolada, en arcilla mineral con resina y lacas vítreas (600 cm x 150 cm x 60 cm).
En esa misma atención a los materiales y al territorio se inscribe también el trabajo de Cecilia Rodríguez Bedacarratz, ingeniera agrónoma que traduce su experiencia profesional en un lenguaje artístico basado en el bordado. Sus obras se inspiran en los campos y praderas argentinos, utilizando materiales asociados al mundo rural.
Un vínculo íntimo con el paisaje aparece también en los trabajos de María Cecilia Mantaras, que expone una serie de acrílicos sobre papel titulada Lo que veo cuando no veo. Las obras nacen de su relación profunda con la naturaleza y con el territorio de Río Cuarto, donde vive. “Esta serie habla de lo que percibimos del paisaje incluso cuando no lo estamos mirando directamente. Es una forma de expresar el amor por la naturaleza y por el lugar en el que vivo, dejando que aparezcan imágenes interiores y sensaciones”, explica.
Junto a estas búsquedas, otros artistas proponen interpretaciones más simbólicas o personales del vínculo con la naturaleza. Stella Reduello presenta un libro de artista y obras de arte textil, donde el trabajo manual se convierte en un espacio de juego creativo: colores, formas y collage transmiten el placer de crear y la alegría que surge del contacto con los materiales.
La instalación site-specific de Paola Calcerano, en cambio, es una reflexión sobre el duelo por la muerte de su padre, que pone en diálogo belleza e inquietud en una “caja” simbólica. “La obra aborda la relación entre Eros y Thanatos, entre vida y muerte, a través de una composición efímera destinada a transformarse y deteriorarse con el paso de los días”, señala la artista, que viajará a Italia para realizar allí también la pieza.

Paola Calcerano, sin título de la serie Intimidad (instalación site-specific realizada con rosas).
Desde la provincia de Santa Fe llega Lourdes Pacheco, directora de una escuela rural, que entrelaza pintura y experiencia cotidiana del territorio: “Pinto mis emociones entrelazadas con la naturaleza —explica— transformando el paisaje en un espacio de expresión personal”.
La cordobesa Gladys Viviana Bruschi presenta la serie Naturaleza enigmática, nacida de la observación del mundo natural en sus dimensiones micro y macro, donde el asombro frente a los detalles y las estructuras de la naturaleza se convierte en punto de partida para la investigación visual.
Por último, Adriana Beatríz Ortolani trabaja con fotomontaje para entrelazar naturaleza y memoria familiar. Sus obras evocan la historia de la emigración y los lugares europeos vinculados a la vida de su padre antes de su llegada a la Argentina. “Son los lugares que mi padre recorrió antes de venir a la Argentina. El océano aparece como la naturaleza inmensa e incontenible que tuvo que atravesar”, afirma.
La curadora y directora de la Natural Bio Art Gallery, Patricia González, explicó el sentido del proyecto: “Tra Terra e Luce sitúa el arte contemporáneo en una relación esencial con la naturaleza, articulando materia, luz y territorio en un diálogo entre Argentina e Italia”.
La exposición se inscribe en el recorrido internacional de la Natural Bio Art Gallery durante 2026, consolidando una presencia institucional significativa entre Argentina e Italia.
En los últimos años la galería realizó muestras en importantes sedes culturales y diplomáticas italianas, entre ellas Casa Argentina en Roma, el Consulado argentino en Milán y el Centro Cultural Ex Fornace de esa misma ciudad.
Este año fue seleccionada por el European Cultural Centre para participar en el proyecto expositivo de Venecia 2026, dentro del programa paralelo a la Bienal de Venecia, confirmando el creciente reconocimiento internacional de su actividad.
La versión italiana de Tra Terra e Luce se realizará en la Torre Campanaria de La Morra (Cuneo), en la región de Langhe, un edificio histórico construido entre 1709 y 1711 sobre las ruinas de un antiguo castillo.

La torre campanaria de La Morra.
La torre, organizada en cinco niveles y hoy completamente destinada a espacio expositivo, se asoma a la plaza principal del pueblo y al paisaje ondulado de Langhe, declarado patrimonio mundial por la Unesco.
Algunas de las artistas que participan en la muestra viajarán a Italia para asistir a la inauguración y acompañar el proceso de montaje.