BUENOS AIRES - La tranquilidad del lunes en la Costa Atlántica bonaerense se quebró cuando, luego de una pronunciada bajamar, el mar avanzó de manera abrupta sobre la arena y provocó una situación de extrema tensión en playas de Santa Clara del Mar, Mar del Plata y Mar Chiquita. El episodio dejó un saldo de un joven fallecido, más de treinta personas heridas y múltiples rescates.

El fenómeno ocurrió pasadas las 16.30, cuando las temperaturas superaban los 38 grados y las playas estaban colmadas de turistas y residentes. Primero, el agua se retiró varios metros, un comportamiento inusual que llamó la atención de guardavidas y bañistas. Instantes después, una crecida repentina irrumpió con fuerza, arrastrando personas, reposeras, sombrillas y pertenencias personales.

En Mar Chiquita se produjo la tragedia mayor. Un hombre de 29 años perdió la vida tras ser arrastrado por la corriente en una zona cercana a la desembocadura de la laguna, un sector caracterizado por corrientes intensas. Según la investigación judicial, la muerte se habría producido por asfixia por inmersión. La víctima, oriunda de Mar del Plata y residente en Europa, se encontraba de visita con familiares y amigos.

Los servicios de emergencia desplegaron un operativo contrarreloj. Guardavidas, motos de agua y botes participaron de rescates simultáneos mientras el agua avanzaba más de 50 metros sobre la playa en algunos sectores. En total, se reportaron al menos 35 personas con golpes y cortes, aunque ninguna con lesiones de gravedad. En Santa Clara del Mar, incluso, un bañista sufrió un paro cardíaco en medio del caos y logró ser reanimado.

Tras el episodio, los municipios dispusieron la evacuación inmediata de las playas afectadas. Desde las áreas de Defensa Civil reconocieron que, si bien se esperaba un cambio en las condiciones del viento, no existían alertas que permitieran anticipar la magnitud de lo ocurrido.

La mayoría de los especialistas coincidió en que se trató de un meteotsunami, también conocido como tsunami meteorológico, o de un fenómeno asociado a una virazón, es decir, un cambio brusco en la dirección e intensidad del viento. A diferencia de los tsunamis de origen sísmico, estos eventos se generan por alteraciones rápidas en la presión atmosférica o por frentes meteorológicos que empujan grandes volúmenes de agua hacia la costa.

El rasgo más peligroso no es necesariamente la altura de la ola, sino la velocidad con la que cambia el nivel del mar. Esa brusca variación es la que toma por sorpresa a quienes se encuentran en la orilla y reduce el margen de reacción.

Aunque el impacto fue inusual, no se trata de un hecho sin precedentes. En diciembre de 2022 se registró un evento similar en Mar del Plata, aunque ocurrió de madrugada y sin presencia masiva de turistas. Los archivos históricos de la ciudad también mencionan episodios comparables en 1954 y 1945, con olas que avanzaron violentamente sobre la playa durante días de calor y mar en aparente calma.

Los especialistas advierten que estos fenómenos son difíciles de prever porque requieren la coincidencia de varias variables atmosféricas. Sin embargo, señalan que el cambio climático podría favorecer una mayor frecuencia de eventos extremos, lo que refuerza la necesidad de mejorar los sistemas de monitoreo y alerta temprana en zonas costeras.