MONTEVIDEO - El Comité de mujeres italo-uruguayas convocó, el viernes 21 de marzo, un encuentro en ocasión del Día Internacional de la Mujer, para hablar sobre los derechos, las conquistas y las luchas que aún continúan en materia de derechos civiles.
“Consideramos importante celebrar en esta casa, la Casa de los Italianos, después de tanto tiempo sin hacerlo, el Día Internacional de la Mujer —dijo Filomena Narducci, responsable del Patronato INAS—. Agradecemos a todos ustedes por estar aquí y compartir con nosotros temas tan importantes como la conquista y la defensa de los derechos de los ciudadanos en general, y en particular de las mujeres”.
Frente a un público numeroso, y no solo femenino, se proyectó un video que resumía la historia de las luchas y logros de las mujeres en Italia. También asistieron personalidades importantes para la comunidad italiana, como el embajador de Italia en Uruguay Fabrizio Petri, que tomó brevemente la palabra para agradecer la invitación y renovar su apoyo a la causa. También estuvieron presentes la jefa de la Cancillería Consular, Alessandra Crugnola, y el representante del Consejo General de los Italianos en el Exterior (CGIE), Aldo Lamorte.
“Es horrible pensar que recién en 1981 se abolieron los llamados ‘delitos de honor’. Es decir, ante una infidelidad, la autorización, protegida por la ley, del asesinato de la esposa por parte del marido —comentó Narducci en referencia al video—. Para la historia, esto fue una conquista lograda hace 40 años, pero para las mujeres, lamentablemente, la muerte por femicidio sigue siendo moneda corriente y debemos luchar para que ninguna más muera solo por el hecho de ser mujer”, agregó.
En su discurso, Filomena Narducci recordó que la República Italiana tuvo “una ley de ciudadanía machista, la ley 555 del año 1912, que estipulaba que solo el hombre podía transmitir la ciudadanía a sus descendientes”.
Esa norma, además, generaba una importante discriminación para los hijos de mujeres italianas casadas con extranjeros, quienes no tenían derecho a la ciudadanía italiana a pesar de que su madre era italiana y de que hubieran nacido y vivido en territorio de la República. Esos niños, por ley, eran extranjeros. En algunos casos lograban obtener la ciudadanía del padre, pero la mayoría de ellos eran considerados apátridas (quienes no poseen la ciudadanía de ningún Estado).
Fueron las mujeres, explicó Narducci, quienes se organizaron en todas las ciudades italianas y lucharon hasta derribar los principios de la ley 555, logrando en 1983 el derecho a transmitir la ciudadanía italiana a los hijos de padres extranjeros, entre ellos muchos sudamericanos.
Gracias a esa lucha, en 1992, el Parlamento italiano aprobó la ley 91, cuyo artículo 1 establece la igualdad entre hombres y mujeres en la transmisión de la ciudadanía. La responsable del Patronato Inas explicó que, aun después de la aprobación de esta ley, quedó una limitación importante en la ciudadanía por vía materna. La Constitución de 1948 permitió por primera vez a las mujeres transmitir la ciudadanía, pero solo a los hijos nacidos después de su entrada en vigor.
Narducci subrayó que en la actualidad, con las nuevas disposiciones que limitan el acceso a la ciudadanía italiana para los descendientes nacidos en el extranjero, una vez más son las mujeres quienes pagan el precio más alto.
Los límites fijados por la ley han sido en parte superados por las sentencias de los jueces, quienes, en su mayoría, “comprendieron que se trataba de un acto de discriminación contra las mujeres y, en consecuencia, concedieron la ciudadanía a los nacidos antes de 1948”, continuó Narducci, explicando que, con las nuevas medidas, dependerá de los jueces otorgar o no la ciudadanía a los hijos nacidos antes de esa fecha.
“Como mujeres italianas que vivimos en el exterior, tenemos la gran responsabilidad de unirnos y luchar para eliminar esta discriminación. Nadie debe olvidar que las mujeres migrantes, junto con sus compañeros de vida, contribuyeron enviando dinero, obtenido con su trabajo, a sus familias en Italia para ayudarlas a subsistir, y de esa manera colaboraron con la reconstrucción del país”, concluyó.
Mónica Xavier, directora del Instituto Nacional de la Mujer, tomó la palabra para recordar que también en Uruguay, a pesar de ser una democracia consolidada hace muchos años, “recién en 2006 se derogó el artículo 116 del Código Penal, que establecía que el culpable de ciertos delitos sexuales, al casarse con la víctima, extinguiría el delito”.
Una norma similar, el llamado “matrimonio reparador”, también existió en Italia y fue abolida en 1981, junto con el delito de honor.
Lamentablemente, Uruguay “está presenciando otro fenómeno, cuyo nombre hemos tomado de otros países que han reconocido su existencia, y es la violencia hacia los niños, es decir, la violencia vicaria. Aún no tenemos una regulación al respecto, pero lamentablemente existe en muchos casos”, explicó Xavier.
Señaló que la “violencia vicaria” es una forma de violencia de género cuyo objetivo es dañar a la pareja (o expareja) a través de los hijos. Esto es posible, subrayó, debido a una “desigualdad de poder: algunos hombres sienten posesión sobre otras personas, considerándolas no como sujetos de derecho, sino como objetos de su propiedad”.
La directora del Instituto Nacional de la Mujer habló sobre el enorme desafío que enfrenta hoy el país y de cómo uno de los objetivos es trabajar en la autonomía de las mujeres, “porque una mujer que no tiene autonomía económica y que no puede decidir irse, es una mujer que no tiene libertad”. Y remarcó que esto no es solo tarea del gobierno, sino también de la sociedad, mediante un sistema de asistencia que “debemos fortalecer”.
Ninguna mujer, continuó Xavier, “por más que tenga una buena oportunidad de trabajo, debe ser dejada atrás si no cuenta con apoyo para el cuidado de sus hijos o de adultos mayores a su cargo. Necesitamos muchas cosas, y solo serán posibles si estamos convencidos de que vale la pena luchar por una sociedad mucho más justa, mucho más equitativa”.
Por su parte, Collette Spinetti, secretaria de Derechos Humanos de la Presidencia de Uruguay, recordó la situación de las mujeres en las zonas rurales del país, que muchas veces se encuentran atrapadas en una espiral de violencia sin siquiera ser conscientes de eso:“Debemos trabajar para que la gente entienda que la violación de derechos ocurre de diferentes maneras”.
Spinetti, que asumió su cargo en la secretaría hace pocas semanas, reconoció que tiene por delante numerosos desafíos. “No podemos convertirnos en un país fuerte sin fortalecer a las personas. Debemos trabajar en cooperación”, aseguró.
Y concluyó afirmando que “queremos trabajar con todas las instituciones del Estado. Ya tenemos una línea de trabajo en nuestro plan estratégico con la sociedad civil para alcanzar la igualdad, para alcanzar la libertad. Y para eso necesitamos a cada uno de todas y todos”.