MONTEVIDEO - La empresa estatal de agua de Uruguay (OSE) resolvió profundizar las medidas para sostener el suministro en Montevideo y su área metropolitana, en un contexto de déficit hídrico que empieza a encender alertas.

Entre las principales decisiones, el organismo anunció una reducción gradual de la presión en la red de distribución, una estrategia que busca administrar mejor el recurso disponible y evitar cortes más severos. La medida se enmarca en la “fase de excepcionalidad” prevista en los protocolos ante sequías.

Según datos oficiales, las reservas se encuentran en niveles acotados, lo que obliga a un delicado equilibrio entre el consumo y la recarga de los embalses. En paralelo, OSE avanza con perforaciones para extraer agua subterránea —aunque por ahora no se utilizará— y ajusta la captación en el río Santa Lucía, principal fuente de abastecimiento.

En ese esquema, parte del sistema incorpora agua con influencia del Río de la Plata, una decisión que ya generó cuestionamientos políticos. Esto se debe a que ese aporte puede elevar la presencia de ciertos compuestos químicos, como bromuros, que en el proceso de potabilización derivan en trihalometanos. Desde la empresa, sin embargo, aseguran que los parámetros se mantienen dentro de los estándares internacionales y que el agua es apta para el consumo.

Al mismo tiempo, el organismo reforzó las cuadrillas para detectar pérdidas —un problema estructural del sistema— y reiteró el pedido a la población de hacer un uso responsable del recurso.

El escenario trae inevitablemente el recuerdo de la crisis hídrica de 2023, la más grave en décadas. Durante esos meses, Montevideo estuvo al borde de quedarse sin agua potable y debió recurrir a mezclas con mayor salinidad, lo que deterioró la calidad del suministro. La situación obligó al gobierno a distribuir agua embotellada y derivó en protestas sociales, además de reabrir el debate sobre la infraestructura y la gestión del recurso.