BUENOS AIRES – Ayer, a las 21 en Italia, las campanas de los municipios de Friuli sonaron al mismo tiempo para recordar el terremoto del 6 de mayo de 1976 que, en menos de un minuto, arrasó con 45 pueblos —y devastó cerca de un centenar más— entre ellos Gemona, Artegna, Venzone, Forgaria nel Friuli, Buia, Pinzano al Tagliamento, Monteaperta y Osoppo.
El epicentro se ubicó entre Gemona, Osoppo y Artegna, y el sismo alcanzó una magnitud de 6,5 en la escala Richter. La sacudida se sintió en todo el norte de Italia. El saldo fue de 990 muertos, más de 2.000 heridos y más de 100 mil evacuados. Unas 18 mil viviendas quedaron destruidas y otras 75 mil sufrieron daños.
No por casualidad, los habitantes de la zona bautizaron al terremoto como Orcolat (“monstruo”, en friulano).
A pesar de la larga secuencia de réplicas, la reconstrucción avanzó con rapidez. Gianni Rodari, enviado del diario Paese Sera a la zona afectada, escribió que “ya no se veía a nadie llorar al segundo día después del terremoto”.
El 8 de mayo, apenas dos días después del desastre, el Consejo Regional de Friuli-Venezia Giulia aprobó de inmediato una partida de 10 mil millones de liras de entonces —casi 5 millones 165 mil euros, una suma gigantesca para la época—. El gobierno de Giulio Andreotti, además, designó a las diez horas de la emergencia un comisario extraordinario con plenos poderes.
Las personas desplazadas, alojadas en la costa del Adriático, regresaron antes del 31 de marzo de 1980 a los complejos prefabricados construidos en sus localidades de origen.
La reconstrucción total llevó diez años y siguió un criterio preciso: primero las fábricas, para garantizar la recuperación económica y preservar los puestos de trabajo; después las viviendas y, finalmente, las iglesias.
Los edificios históricos reducidos a escombros fueron levantados nuevamente mediante un proceso conocido como “anastilosis”: recoger cada piedra caída, numerarla y devolverla a su lugar original. Todavía hoy, en Gemona, pueden verse números sobre algunas piedras de los pórticos, dejados intencionalmente como huella del paso del Orcolat.
Las asociaciones friulanas en la Argentina recordaron el aniversario en sus redes sociales para homenajear a quienes ya no están, pero también para reafirmar el orgullo por sus raíces.
La publicación de la Sociedad Friulana de Buenos Aires.
En la página de Facebook de la Sociedad Friulana de Buenos Aires se difundió un emotivo mensaje, en español y friulano, para rendir homenaje “a quienes, con esfuerzo, dignidad y valentía, supieron reconstruir y construir una comunidad unida y vibrante”. La elección del friulano —no un simple dialecto, sino una lengua propiamente dicha— subraya el vínculo afectivo y cultural con los orígenes.
La publicación de la Asociación Friulana de La Plata.
“1976 – 2026. Friuli recuerda. Friuli agradece. Friuli no olvida”, expresó la Asociación Friulana de La Plata. El mensaje pone el foco en el valor de la memoria, no como repetición interminable del dolor, sino como impulso hacia adelante y homenaje a unas raíces que se extienden de una orilla a otra del Atlántico.
El homenaje de la Familia Friulana de Rosario.
La Familia Friulana de Rosario quiso recordar “no solo la tragedia, sino también la fortaleza de un pueblo que supo ponerse de pie con dignidad, trabajo y unidad. La memoria sigue viva en cada reconstrucción, en cada historia compartida, en cada gesto de solidaridad que atravesó fronteras. Celebramos el espíritu resiliente de una comunidad que transformó el dolor en futuro”.