BUENOS AIRES - Había una exigencia en el aire. Después de una actuación que había dejado más dudas que certezas, Argentina necesitaba reaccionar. Y lo hizo como lo hacen los campeones: con autoridad, contundencia y fútbol. La Selección goleó 5-0 a Zambia en el segundo amistoso de la fecha FIFA y dejó una imagen completamente distinta, acorde a su jerarquía.
El equipo de Lionel Scaloni salió decidido a imponer condiciones desde el primer minuto. Herido en su orgullo, entendió que debía marcar diferencias rápidamente frente a un rival claramente inferior. Y no tardó en hacerlo. A los tres minutos, una jugada que combinó velocidad, precisión y talento terminó con Lionel Messi asistiendo a Julián Álvarez, que definió para abrir el marcador.
El gol temprano fue el impulso necesario. Argentina dominó con claridad, manejó la pelota y se adueñó del ritmo del partido. Zambia, replegado con todos sus jugadores detrás de la línea de la pelota, apostó a resistir. Pero la diferencia de jerarquía era evidente.
Leandro Paredes se convirtió en el eje del juego, con pases verticales que rompían líneas y generaban peligro constante. Sin embargo, la falta de espacios obligaba a la Selección a apelar a la paciencia y la creatividad. El dominio era absoluto, aunque por momentos faltaba profundidad para traducirlo en más goles.
Esa diferencia volvió a aparecer sobre el cierre del primer tiempo. A los 34 minutos, Messi tomó la pelota en el área, combinó y definió con categoría para marcar el 2-0 y empezar a liquidar el partido. Era justicia para un equipo que ya había hecho méritos suficientes.
El complemento no cambió la historia. Argentina volvió a golpear rápido y terminó de sentenciar el encuentro. Un penal sobre Thiago Almada le dio la oportunidad a Nicolás Otamendi de marcar el tercero. El defensor, en su último partido con la Selección en suelo argentino, no falló y recibió una ovación que resumió años de entrega, liderazgo y títulos.
Con el partido resuelto, Scaloni movió el banco y comenzó a darle minutos a otros nombres. El ingreso de Valentín Barco, Nicolás González y Rodrigo De Paul mantuvo la intensidad de un equipo que no bajó el ritmo.
Zambia tuvo una única aproximación clara, pero Emiliano “Dibu” Martínez respondió con seguridad para sostener el arco en cero. Fue apenas un intento aislado frente a un rival que nunca logró incomodar.
El cuarto gol llegó tras un rebote que terminó en contra de Dominic Chanda, reflejando el desconcierto de un equipo superado en todos los aspectos. A esa altura, Argentina ya jugaba con soltura, confianza y una superioridad indiscutible.
Hubo tiempo para más cambios y para otro debut en la red. Juan Musso sumó minutos bajo los tres palos y en el cierre apareció Valentín Barco para marcar el quinto con un gran remate, tras una jugada colectiva que incluyó un lujo de taco de Nicolás González.
El pitazo final encontró a la Selección con una goleada necesaria, no solo en el resultado sino también en lo anímico. Argentina cumplió con lo que se le pedía: marcar diferencias, recuperar sensaciones y reafirmar su condición de campeón del mundo.
Ahora, el desafío será otro. Llegarán rivales de mayor exigencia y pruebas más duras en la preparación hacia el Mundial. Pero este triunfo dejó algo claro: cuando Argentina se lo propone, la diferencia sigue siendo abismal.