Estudiantes es el nuevo campeón del fútbol argentino. En una final de altísimo desgaste físico y mental, que por momentos se tornó dramática para ambas parcialidades, el Pincha igualó sobre el cierre de los 90 minutos para seguir con vida y se impuso 5-4 por penales ante el Racing de Gustavo Costas. El equipo de Eduardo Domínguez, una vez más conducido hacia la gloria, aseguró además su clasificación a la próxima Copa Libertadores.

La definición, disputada en el Estadio Único Madre de Ciudades, tuvo desde el inicio el voltaje propio de un partido decisivo. El calor, el marco imponente y la magnitud del duelo se reflejaron en un desarrollo friccionado, intenso y con pierna fuerte desde el arranque. Racing buscó asumir el protagonismo a partir de una mayor tenencia de la pelota, mientras que Estudiantes se plantó con un bloque compacto, decidido a cortar circuitos y lastimar con salidas rápidas de contraataque.

En el primer tiempo, la Academia encontró su principal vía de desequilibrio en Duván Vergara, que se movió con inteligencia entre líneas y generó las primeras aproximaciones peligrosas. Sin embargo, las situaciones más claras fueron para el Pincha. A los 29 minutos, Guido Carrillo tuvo una chance inmejorable mano a mano, pero Facundo Cambeses respondió con una atajada extraordinaria para sostener el cero. Con el marcador en blanco, ambos equipos se fueron al descanso, dejando la sensación de un partido abierto.

El complemento mantuvo la paridad, aunque con el correr de los minutos el desgaste empezó a hacerse sentir. Racing manejaba la pelota, pero carecía de profundidad, mientras que Estudiantes apostaba a esperar el error. Y el quiebre llegó a los 35 minutos del segundo tiempo: Adrián “Maravilla” Martínez, tras recibir en el área y ante la salida de Fernando Muslera, tuvo la lucidez de picar la pelota y marcar un verdadero golazo para el 1-0 de Racing. El título parecía inclinarse del lado académico.

Pero Estudiantes nunca dejó de creer. Cuando el reloj marcaba el minuto 47, apareció su goleador. Un tiro libre cayó al área, Carrillo se elevó y conectó un cabezazo letal que dejó sin chances a Cambeses y desató el delirio de la parcialidad pincha. El 1-1 forzó el tiempo suplementario y mantuvo viva la ilusión.

En el alargue, el cansancio fue protagonista. El partido perdió ritmo y claridad, aunque hubo algunas aproximaciones aisladas: Lucas Alario desperdició una ocasión para Estudiantes y Muslera respondió con seguridad ante un intento de Racing. Sin goles, la definición llegó desde el punto penal.

La tanda fue tan dramática como el desarrollo del partido. Facundo Cambeses abrió la serie con una atajada al remate de Edwin Cetré, pero Muslera contestó de inmediato al contener el disparo de Martirena, dejando el marcador igualado 4-4 tras las cinco ejecuciones reglamentarias. En el desempate, Facundo Rodríguez convirtió con suspenso, con la pelota deslizándose apenas por debajo del cuerpo de Cambeses. Obligado a marcar para estirar la definición, Pardo ejecutó cruzado y su remate se estrelló contra el poste, sellando el 6-5 definitivo y el título para Estudiantes, que desató una celebración inolvidable.

Estudiantes, que había estado al borde de la eliminación en los playoffs,  terminó celebrando una consagración impensada semanas atrás. El equipo que había quedado de espaldas a Central volvió a encontrarse de frente con la gloria y sumó una nueva estrella a su rica historia.

El título coronó una campaña tan irregular como heroica. El Pincha llegó a la definición de manera agónica, con más derrotas que victorias en la fase regular y siempre jugando en condición de visitante. Sin embargo, en los momentos decisivos sacó a relucir su identidad histórica, su fortaleza mental y un notable espíritu competitivo.

En un contexto institucional complejo, con tensiones con la AFA y un calendario exigente, el equipo de Eduardo Domínguez volvió a demostrar su capacidad para rendir bajo presión. Con sufrimiento, épica y carácter, Estudiantes levantó la copa del Torneo Clausura y regresó a lo más alto del fútbol argentino. Un campeón a la vieja usanza, fiel a su ADN.