ZENICA - La escena se repite, pero el dolor no se atenúa. Italia volvió a tropezar en el momento decisivo, cayó por penales ante Bosnia y Herzegovina y quedó fuera del Mundial 2026. Otra vez. Una herida que ya dejó de ser sorpresa para convertirse en una pesadilla recurrente: la Azzurra no estará en su tercera Copa del Mundo consecutiva.

El empate 1-1 tras 120 minutos fue apenas la antesala de otro final amargo. Desde los doce pasos, Bosnia se impuso con más temple y desató una celebración inolvidable en el estadio Bilino Polje, mientras Italia se hundía en el silencio, la incredulidad y el dolor.

El inicio del partido había sido prometedor para el equipo de Gennaro Gattuso. A los 14 minutos, Moise Kean aprovechó su oportunidad y abrió el marcador, encendiendo la ilusión de un país que necesitaba volver a creer. Pero esa ventaja, una vez más, no alcanzó. La expulsión de Alessandro Bastoni cerca del final del primer tiempo alteró el partido, condicionó el plan italiano y empujó a la Azzurra a un terreno que ya le resulta demasiado conocido: el del sufrimiento.

Con un hombre más y el empuje de su gente, Bosnia creció con paciencia y convicción. Italia, en cambio, perdió el control, retrocedió en el campo y empezó a resistir más de lo que jugaba. El empate llegó a los 78 minutos, cuando Haris Tabakovic capturó un rebote tras una gran intervención inicial de Gianluigi Donnarumma y firmó el 1-1 que encendió por completo la noche en Zenica.

Donnarumma, de hecho, fue una de las pocas certezas del conjunto visitante. Sostuvo al equipo en varios pasajes y evitó la caída antes de tiempo, pero ni siquiera sus reflejos alcanzaron para frenar el derrumbe emocional de una selección que vuelve a desmoronarse cada vez que el partido entra en zona límite.

Durante el alargue, la tensión fue total. Bosnia mantuvo la iniciativa, empujada por su gente y por la sensación de que estaba frente a una oportunidad única. Italia, en cambio, volvió a mostrar esa fragilidad que la persigue en los partidos decisivos: se replegó, sufrió y terminó apostando todo a una tanda de penales que, a esa altura, ya parecía una amenaza.

Y allí llegó el desenlace más doloroso. Bosnia fue más firme desde el punto penal y se impuso 2-1. Francesco Pio Esposito falló el primer remate italiano y Bryan Cristante también dejó escapar su oportunidad. Sandro Tonali fue el único que convirtió para la Azzurra. Del otro lado, los bosnios mostraron serenidad y eficacia para sellar una clasificación histórica. La celebración explotó en Zenica; Italia quedó atrapada otra vez en la impotencia y en la sensación de haber desperdiciado una nueva oportunidad para volver al primer plano del fútbol mundial.

El impacto trasciende este partido. Italia, cuatro veces campeona del mundo, se convierte en el primer gigante del fútbol internacional en quedarse fuera de tres Mundiales consecutivos. Desde Brasil 2014, todo ha sido caída: eliminaciones tempranas, repechajes fatales y una identidad que parece desvanecerse con el paso de los años.

El golpe también vuelve a exponer la crisis profunda del calcio. La falta de renovación, la escasa irrupción de jóvenes talentos y una liga cada vez más dominada por futbolistas extranjeros fueron debilitando la base de un seleccionado que alguna vez impuso respeto en cualquier escenario. Italia ya no marca el rumbo ni intimida como antes, y en la hora de la verdad paga el precio de ese deterioro.

Mientras Bosnia celebra una página dorada y su segunda clasificación a un Mundial tras Brasil 2014, Italia vuelve a enfrentarse con su vacío. Y con una verdad incómoda: la historia pesa, pero ya no alcanza.