MONZA – Hay carreras que empiezan antes de la primera largada. Antes del semáforo en verde, antes del rugido del motor, antes incluso del karting. La de Mattia Colnaghi comenzó en el lugar donde la velocidad es cultura: Monza, Italia. Pero también empezó lejos, muy lejos, en un rincón de la Patagonia llamado Esquel, donde todavía vive parte de su familia materna. Por eso su historia no se resume en un apellido ni en una estadística: Mattia es un piloto que corre con el futuro en la mirada y con dos banderas en el corazón.
En las últimas horas, el automovilismo argentino recibió una noticia que emociona y enciende expectativas: Colnaghi, un italo-argentino de apenas 17 años, fue confirmado como integrante del Red Bull Junior Team y está terminando los trámites para representar oficialmente a la Argentina en las grandes categorías internacionales. La decisión, contada por el propio piloto en el programa Corazón de F1, no tardó en generar repercusión: llegó incluso la “bendición” del referente nacional del momento, Franco Colapinto, quien celebró la noticia en redes con un mensaje que vale oro: “¡Apa!, ¡vamos!”.
El gesto no fue casual. En el mundo del automovilismo, la aprobación de un piloto que ya está en la cima es más que una felicitación: es una señal. Y todo indica que Colnaghi transita un camino similar al de Colapinto: resultados sólidos, crecimiento rápido, estructura fuerte y una pertenencia argentina que se vuelve cada vez más visible y profunda.
Colnaghi nació en Italia, pero sus raíces argentinas son reales y cercanas: su mamá es argentina, nacida en Esquel, y emigró a Europa luego de la crisis de 2001, llevando consigo una identidad que, con los años, se convirtió en herencia. Mattia creció en Italia, sí, pero también creció con historias, costumbres y sentimientos que lo conectan con el sur argentino. Y hoy, cuando el talento lo empuja hacia los escenarios más exigentes, él decide no esconder ese vínculo: lo abraza.
En 2026 correrá en Fórmula 3 con MP Motorsport, el mismo equipo con el que Colapinto dio pasos clave antes de llegar a la Fórmula 1. Esa coincidencia alimenta las expectativas, pero también la emoción: Argentina vuelve a mirarse en el espejo de un joven piloto que puede representar una nueva etapa. Porque, mientras Colapinto seguirá en la Fórmula 1 y Nicolás Varrone estará en la Fórmula 2, la F3 tendrá otro nombre con acento patagónico: el de Mattia Colnaghi.
El presente del joven piloto ya es mucho más que prometedor. Su trayectoria tiene logros contundentes y un ascenso que no da respiro. En 2023 su carrera dio un giro decisivo cuando se postuló al Richard Mille Young Talent Shootout, una exigente selección que evalúa no solo habilidades deportivas, sino también preparación física y fortaleza psicológica. Colnaghi fue elegido entre seis pilotos: un premio enorme y, al mismo tiempo, una puerta abierta.
Con ese impulso, llegó la oportunidad en la Fórmula 4 española con MP Motorsport. Y Mattia no solo aprovechó la chance: la convirtió en gloria. En 2024 se consagró campeón de la F4 Española luego de una remontada espectacular, cerrando la temporada con seis victorias en el tramo final. Fue una señal clara para el paddock europeo: ahí había algo distinto.
Luego sumó el título de la Eurocup-3, una categoría en la que acumuló victorias y podios, confirmando que lo suyo no era un chispazo. Ese rendimiento llamó la atención del equipo de cazatalentos de Red Bull liderado por Helmut Marko, y así llegó la confirmación más esperada: Colnaghi se sumó al Red Bull Junior Team, una de las academias más exigentes y prestigiosas del automovilismo actual.
“Unirme a la Fórmula 3 y al Red Bull Junior Team es un sueño hecho realidad”, expresó Mattia tras la confirmación. Y desde MP Motorsport, su director Sander Dorsman destacó su evolución: “Reconocimos inmediatamente su talento. Ascender a la F3 con él es un orgullo”.
Colnaghi no solo eligió una licencia: eligió una historia. Eligió la Argentina. No porque lo convenga, sino porque lo siente. Su vínculo con el país no está construido desde el marketing sino desde la familia, la memoria y esa pertenencia que no necesita pasaporte para existir.
En diálogo con TyC Sports, lo dijo con emoción: “Es un privilegio estar donde estoy. Ellos saben lo que funciona y lo que no, y pueden darme mucha información para crecer como piloto. Es un buen camino hacia la F1”. También reconoció que su objetivo es ganar, pero que primero debe trabajar fuerte durante el invierno y mantenerse enfocado en la Fórmula 3, un desafío físico y técnico completamente distinto: más potencia, más exigencia, más presión.
Y en ese proceso, Mattia mira a los suyos. “Franco es una de mis referencias, hizo el mismo camino con MP Motorsport”, reconoció. También mencionó a Varrone como inspiración. Es decir: Colnaghi se siente parte de una generación que vuelve a poner a la Argentina en el mapa grande del automovilismo mundial.
Para Italia, Colnaghi es un joven nacido en la tierra de los motores que empieza a escribir un futuro enorme. Para Argentina - y especialmente para Esquel - su historia tiene un valor extra: demuestra que, aun a miles de kilómetros, las raíces empujan. Y que a veces el deporte hace lo que la geografía no puede: unir identidades, construir puentes, encender emociones.
Mattia Colnaghi corre rápido. Muy rápido. Pero hay algo que lo impulsa todavía más: la certeza de que no está corriendo solo. Corre con la técnica europea, con el sueño Red Bull, con la disciplina de Monza… y con la Patagonia en el pecho.
Y eso, en el automovilismo, también puede marcar la diferencia: cuando la velocidad se mezcla con la identidad, no solo se corre por ganar. Se corre por pertenecer. Se corre por representar. Se corre por soñar.