BRASILIA – La segunda vuelta del 25 de octubre definirá quién será el próximo presidente de Brasil. Con el 100% de las mesas escrutadas, los datos del Tribunal Superior Electoral (TSE) confirman que el mano a mano será entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que busca la reelección, y el senador de derecha Flávio Bolsonaro, los dos candidatos más votados en la primera vuelta de ayer, por delante de una decena de aspirantes sin chances reales de ganar.

Bolsonaro, de 45 años, hijo mayor del expresidente de extrema derecha Jair Bolsonaro, encabezó el conteo desde el inicio y terminó con el 47,03% de los votos válidos, equivalente a 56,1 millones de sufragios. Lula, líder progresista que aspira a un cuarto mandato no consecutivo, quedó en el 45,16%, con 53,9 millones, a poco más de 2,2 millones de votos de su rival. Para el referente del Partido de los Trabajadores (PT) es un resultado más bajo que el de la primera vuelta de 2022, cuando obtuvo el 48,4%, equivalente a 57,2 millones de votos.

El resultado reconfiguró una carrera que, en la previa, varias encuestas mostraban muy pareja y muchas veces con Lula levemente adelante. Ahora los dos candidatos tendrán tres semanas para conquistar a los votantes que se quedaron sin representante tras la eliminación del resto de los postulantes.

La participación llegó al 78,92% de los 158,7 millones de electores habilitados, con una abstención del 21,08%: 33.469.244 personas no fueron a votar. Las cifras se mantuvieron prácticamente estables respecto de octubre de 2022, cuando la participación había sido del 79,05% y la abstención, del 20,95%. Sí hubo un leve aumento de los votos en blanco, que subieron al 1,84% (2.300.798 votos, 0,25 puntos más que en 2022), y de los nulos, que llegaron al 2,93% (3.674.249 votos, 0,11 puntos más).

Desde la capital, Flávio Bolsonaro celebró el resultado: “Brasil quiere un cambio. Ese es el mensaje principal – afirmó –. Estoy muy satisfecho con los resultados en todas las regiones”.

Lula, en cambio, no ocultó su decepción por un desenlace que calificó de “inesperado”. Criticó con dureza a su rival, aunque se mostró decidido de cara al balotaje: “Estaba convencido de que iba a ganar en primera vuelta – sostuvo –. Soy bueno en el alargue. El partido está por empezar. Estamos en tiempo suplementario. El lunes vamos a hablar y el martes la familia Bolsonaro la va a pasar mal”.

La votación confirmó la profunda polarización que atraviesa Brasil desde hace años. Lula, de 80 años, ya ganó las presidenciales de 2002, 2006 y 2022. Hace cuatro años venció a Jair Bolsonaro por menos de dos puntos porcentuales, en la elección más reñida de la historia reciente del país.

Jair Bolsonaro no pudo presentarse porque fue condenado a 27 años de prisión por el intento de golpe de Estado posterior a su derrota de 2022, y hoy cumple arresto domiciliario. El expresidente respaldó abiertamente la candidatura de su hijo, quien durante la campaña prometió intervenir a favor de su padre y de los simpatizantes involucrados en los ataques del 8 de enero de 2023 contra las instituciones brasileñas.

Mientras espera el balotaje, el clan celebra además una amplia victoria legislativa, con cuatro integrantes de la familia electos. Michelle Bolsonaro, esposa del expresidente, fue la candidata al Senado más votada en el Distrito Federal, con un hermano como suplente, y se perfila como una de las figuras en ascenso de cara a las presidenciales de 2030. Carlos Bolsonaro, segundo hijo de Jair, obtuvo una banca en el Senado por el estado de Santa Catarina, donde su hermano menor, Jair Renan, cuarto hijo del expresidente, fue electo diputado federal.

Renato Bolsonaro, hermano de Jair, consiguió otra banca en la Cámara de Diputados por el estado de San Pablo. Eduardo, el tercer hijo, no se presentó porque en 2025 se mudó a Estados Unidos. Un eventual triunfo de Flávio le permitiría a la familia manejar el Poder Ejecutivo y controlar a la vez dos bancas en el Senado y dos en Diputados, un escenario que abriría la puerta a una amnistía para Jair Bolsonaro.

En las elecciones de gobernadores, que se realizaron en simultáneo, el exjuez Sérgio Moro ganó en primera vuelta en el estado de Paraná con el 50,10% de los votos. Desde el juzgado federal de Curitiba, Moro condujo la megacausa anticorrupción Lava Jato, en la que en 2017 condenó a Lula por corrupción y lavado de dinero, una sentencia que lo dejó afuera de las elecciones de 2018, que ganó Jair Bolsonaro. En 2021, el Supremo Tribunal Federal anuló esas condenas al establecer la incompetencia del tribunal de Curitiba y la parcialidad del propio Moro.

Las relaciones con Estados Unidos ocuparon un lugar central en la campaña. Lula acusó varias veces a Washington de interferir en el proceso político brasileño. En julio, su gobierno le negó la visa a dos funcionarios estadounidenses que, según Brasilia, pretendían poner en duda la confiabilidad del sistema electoral. El Departamento de Estado respondió que esas acusaciones eran “infundadas”.

Flávio Bolsonaro, por su parte, construyó un vínculo estrecho con la administración de Donald Trump. En los últimos meses le pidió a Washington que declarara como grupos terroristas a las dos principales organizaciones criminales del país, el Primeiro Comando da Capital y el Comando Vermelho, una medida que Estados Unidos finalmente adoptó y que el gobierno de Lula rechazó.

La elección tuvo además como telón de fondo una investigación de la Policía Federal sobre posibles injerencias externas. Su director, Andrei Rodrigues, confirmó el inicio de las actuaciones preliminares tras una denuncia de la Abogacía General de la Unión basada en una investigación periodística del diario británico The Guardian. Según esa reconstrucción, el Departamento de Estado habría destinado un millón de dólares del Fondo para los Derechos Humanos y la Democracia a un programa titulado “Lucha contra la censura en Brasil”, que canalizaba recursos hacia organizaciones locales para socavar la integridad del Poder Judicial e influir en el debate político. En el marco de la causa, la policía ya realizó allanamientos y secuestros en San Pablo y en el Distrito Federal.

La investigación tuvo repercusiones diplomáticas. Washington suspendió los servicios consulares en Brasilia y Australia cerró su embajada por motivos de seguridad, después de los controles policiales en sedes estadounidenses, aunque las verificaciones no encontraron pruebas concretas de amenazas. Edinho Silva, presidente del PT, cuestionó el cierre de los consulados estadounidenses: “No tiene ningún sentido. Es una de las formas en que Trump intenta influir en la opinión pública brasileña”.

Los dos candidatos plantearon la elección en términos opuestos. Lula la presentó como una defensa de la democracia y de la soberanía nacional frente a las injerencias externas, y reivindicó los logros de su gestión en materia de inflación, empleo y protección de la Amazonia. Flávio Bolsonaro apostó sobre todo a la seguridad, la economía y la crítica a la gestión del gobierno. El electorado llegó a las urnas golpeado por el alto costo de vida, la inseguridad y el fenómeno de las apuestas online, que el gobierno restringió en los últimos tiempos para frenar el endeudamiento.

Las diferencias geográficas y sociales entre ambos electorados siguen marcadas. Lula conserva más apoyo en el Nordeste, entre los votantes de bajos ingresos y entre las mujeres, mientras que Bolsonaro es más fuerte en el Sur, en los sectores acomodados y en el electorado evangélico.

El tramo final de la campaña giró en torno del voto indeciso, entre fuertes cruces religiosos y polémicas mediáticas. Una de las más recientes surgió a partir de los rumores sobre una supuesta degradación de la patrona de Brasil, Nuestra Señora Aparecida, en caso de un triunfo de la derecha. Flávio Bolsonaro lo desmintió de manera categórica, mientras que Lula se mostró en público con la imagen de la Virgen y calificó de “inadmisible” cualquier intromisión sobre la figura religiosa.

Senador desde 2019, Flávio Bolsonaro mantuvo un fuerte respaldo pese a las investigaciones por corrupción vinculadas al financiamiento de Dark Horse, la película biográfica sobre su padre. En ese caso, admitió haber pedido apoyo económico al banquero Daniel Vorcaro, hoy detenido.