MENDOZA — Un homenaje a Pinocho en el tramo final de 2026, a 200 años del nacimiento de Carlo Collodi, cuyo verdadero apellido era Lorenzini, autor de la novela infantil más famosa y exitosa de la literatura italiana. Aunque, en realidad, no es tan infantil.
La célebre marioneta fue el eje del 38° congreso de ADILLI, la Asociación de Docentes e Investigadores de Lengua y Literatura Italiana en Argentina, que se desarrolló en la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, del 30 de septiembre al 2 de octubre.
El homenaje tuvo dos vertientes: una académica y otra comunitaria.
Elena Victoria Acevedo, presidenta de ADILLI y docente de la Universidad Nacional de Tucumán, presentó una ponencia dedicada a la recepción de Pinocho en la Argentina y se detuvo en la repercusión de la lectura que hizo de la novela el filósofo italiano Giorgio Agamben.
La elección no sorprende. Agamben, el mayor filósofo italiano vivo, es especialmente valorado en el ámbito académico argentino, también por sus numerosas publicaciones sobre totalitarismos y dictaduras.
Acevedo analizó el libro de Agamben Pinocho. Las aventuras de un títere doblemente comentadas y tres veces ilustradas, publicado en Italia por Einaudi en 2021 y en la Argentina por Adriana Hidalgo.
Agamben se aparta de las interpretaciones esotéricas o masónicas que se multiplicaron desde 1881, cuando la historia comenzó a publicarse por entregas.
Para él, la novela de Collodi escapa a cualquier clasificación literaria, al igual que su protagonista. No es un animal, ni un objeto, ni un niño, sino un estado en permanente movimiento. Su célebre nariz no representa simplemente una mentira: es la expresión de una insolencia picaresca y de la imposibilidad de definir el límite entre lo humano y lo inhumano.
Los estudiantes de la cátedra de Italiano presentaron luego, junto con la docente Laura Martín Osorio, la instalación artística Diálogos con Pinocho: recorridos entre literatura, artes y diseño.
Como explica Martín Osorio, “en nuestra Facultad de Filosofía y Letras, el estudio del italiano es obligatorio solo para las carreras de Canto Lírico e Historia del Arte”.
Sin embargo, muchos estudiantes lo eligen como materia optativa, por su interés en la cultura italiana o por la cercanía con el castellano. “Casi todos estos chicos empezaron este año, desde un nivel A1, es decir, de principiantes, pero trabajaron con compromiso y muy buenos resultados”, agrega la docente.
La instalación proponía un recorrido guiado en el que estudiantes de carreras artísticas —Música, Gráfica, Diseño, Historia del Arte, Teatro— presentaron sus trabajos vinculados con el mundo de Pinocho. Las propuestas iban desde un estudio de diseño de letras para la tapa de una nueva edición del libro hasta bocetos para una escenografía teatral y un análisis crítico de la escultura Mentira global - No mientas más. La obra es un gran Pinocho metalizado, símbolo de las mentiras de los políticos, que Alberto Echegaray Guevara realizó en 2018 y que fue emplazado en Buenos Aires, en el cruce de las avenidas del Libertador y Alvear. Al año siguiente, la escultura participó por la Argentina en la Bienal de Venecia.
Los estudiantes de la carrera de Música, por su parte, interpretaron un popurrí de canciones dedicadas al personaje. Cade una stella, la versión italiana del tema de la película animada de Disney de 1940, fue interpretada en estilo de “bel canto”, como en la versión de Riccardo Billi, el actor que puso su voz en el doblaje italiano de aquel film.
No podía faltar el Pinocho irreverente y rebelde de Burattino senza fili, el famoso disco de Edoardo Bennato de 1977, en el que el cantautor napolitano propone una interpretación de espíritu anarquista, bajo la consigna “Prohibido prohibir”, evocadora del Mayo del 68.
Pinocho se convierte en una suerte de Emilio de Jean-Jacques Rousseau, al que la sociedad busca normalizar y encuadrar en sus reglas y convenciones.
Acompañados por piano, guitarra y cajón peruano, un instrumento de percusión, los jóvenes interpretaron È stata tua la colpa y la célebre y contagiosa Il gatto e la volpe.
En la segunda parte del encuentro, la universidad abrió sus puertas a la comunidad y recibió a tres escuelas de la ciudad.
Un grupo de teatro integrado por alumnas de la escuela secundaria italiana “XXI Aprile” presentó Proyecto Pinocho, una obra en italiano creada por ellas mismas, con la guía de Laura Martín Osorio. La propuesta imagina qué sucede después del final de la novela de Collodi, cuando la antigua marioneta, ya convertida en niño, debe enfrentarse a las reglas de la sociedad y encontrar un sentido a su lugar en el mundo.
“Este trabajo es el resultado colectivo de casi un año de ensayos y de mucho esfuerzo —señala Martín Osorio—. El estilo de actuación es deliberadamente juglaresco y está inspirado en Dario Fo”. Abel Rodríguez acompañó a las actrices con música de piano en vivo.
A la función también asistió Giuseppe D’Agosto, cónsul de Italia en Mendoza, quien está por completar su tercer año al frente de esa circunscripción consular.
Los alumnos de primaria del Liceo Militar General Espejo mostraron sus originales versiones de Pinocho y de otros personajes de la novela, realizadas con materiales reciclados bajo la guía de la docente María Amparo Jan Casaño. Sus “colegas” de la escuela pública Reyes Católicos, en tanto, cantaron algunas canciones italianas muy conocidas en la Argentina, entre ellas Carissimo Pinocchio y la infaltable L’italiano, de Toto Cutugno, presentada en el Festival de Sanremo de 1983.
No quedó entre los tres primeros puestos, pero, como ocurrió tantas veces —basta pensar en Vasco Rossi—, “no ganar Sanremo” trae suerte. Canciones relegadas a los últimos lugares terminaron convertidas en éxitos mundiales, como sucedió con L’italiano.
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