MONTEVIDEO - Nacida en uno de los momentos más complejos de la historia reciente uruguaya, la Asociación Ligur de Paysandú es hoy uno de los puntos de referencia para la colectividad italiana de la ciudad, donde desde hace más de dos décadas impulsa la lengua y la cultura, manteniendo vivos los lazos con Italia a pesar de las dificultades.
“Como muchas asociaciones, nacimos casi de casualidad”, cuenta Jorge Pesce, tesorero y ex presidente de la institución, quien relata: “En casa estábamos tratando de hacer la ciudadanía y encontramos la Biblia de una tía, donde estaban anotados nuestros orígenes desde que llegaron desde Italia”.
Ese documento permitió reconstruir con precisión el lugar de procedencia: el bisabuelo había llegado con cuatro hijos, entre ellos el abuelo. A partir de ahí, una búsqueda personal se transformó en una iniciativa colectiva.
La fuerte presencia de descendientes ligures en Paysandú, en una zona alejada de la costa del Río de la Plata, resulta llamativa. “Los genoveses están históricamente ligados a los puertos. Acá se asentaron porque muchos hacían la cuarentena en una isla frente a la ciudad y después se quedaban”, explica Pesce, subrayando que apellidos como Siri, Volpe, Basso y Barchi siguen dando cuenta de ese origen.
En esos años se vivía un clima de gran dinamismo en la colectividad italiana de la región, y surgieron varias asociaciones en Paysandú. “Se formaron la lombarda, la piamontesa, la lucana y la nuestra”, señala Pesce. Hoy, sin embargo, solo la ligur y la lucana continúan en actividad.
La Asociación Ligur obtuvo la personería jurídica entre 2004 y 2005, y desde el comienzo se propuso difundir la lengua y la cultura italianas, además de acompañar a quienes se acercan a sus raíces. La entidad nació en plena crisis de 2002 y, tras un inicio difícil marcado por la situación económica y social del país, logró estabilizarse con una base de entre 80 y 100 socios.
Entre sus actividades se destacan las celebraciones de fechas italianas, viajes culturales por Uruguay y Argentina y encuentros con invitados provenientes de Italia, como Giulia Ampollini. Un eje central sigue siendo la enseñanza del idioma italiano, organizada también para facilitar la participación de personas mayores.
La sede es compartida con la Sociedad Italiana Unione e Benevolenza, un pilar de la comunidad local y una de las instituciones más antiguas de la ciudad, fundada en 1874.
Junto a esta realidad, también es clave el rol de la Escuela Italiana de Paysandú, que nació con un objetivo específico. “Era una escuela de artes y oficios: cuando llegaron las fábricas, fueron los italianos quienes la crearon para formar mano de obra calificada”, relata Pesce, y agrega que “todavía existe y sigue ofreciendo cursos de oficios, además de algo de italiano”.
Con el tiempo se consolidaron los vínculos con la Región Liguria, a través de viajes, becas e intercambios culturales, y también el vicecónsul honorario de Italia en Paysandú, Martín Andrés Tirio, forma parte de la asociación.
“Nuestro punto de partida son los cursos de italiano, pero también organizamos encuentros y colaboraciones a lo largo del año”, suma la presidenta María del Carmen Barchi, quien además destaca el fuerte lazo con las asociaciones italianas en Argentina.
El período de la pandemia tuvo un impacto importante, con dos años sin ingresos y la necesidad de reorganizar la base de socios, y el recambio generacional aparece como un desafío, como ocurre en muchas instituciones similares.
“La mayoría de los socios es gente grande y no es fácil convocar a los jóvenes”, reconoce Barchi, aunque remarca que, a pesar de todo, la asociación siguió funcionando sin interrupciones desde su fundación.
“Tratamos de mantener vivo el vínculo con Italia y entre nosotros. Aunque no nos juntemos tanto como quisiéramos, ese lazo existe y es muy importante”, concluye Barchi.