BOLOGNA – A pesar del apellido, en la familia de Sandra Siemens también hay raíces italianas. La escritora santafesina, oriunda de Wheelwright, fue candidata al premio Hans Christian Andersen 2026.
“Mi bisabuelo materno era de Ischia y el apellido de mi mamá es Ciliano”, le cuenta a Il Globo la autora, durante un encuentro en la Bologna Children’s Book Fair, en el stand de Caissa, su editorial en Italia. La charla giró en torno a relatos, memoria, palabras y silencios.
“Mis libros no nacen de historias familiares, al contrario –confiesa–. En mi casa predominaban los silencios”. Sin embargo, Un cucchiaio pieno di storie (ilustrado por Bea Lozano) condensa la esencia de muchas epopeyas migratorias.
“En todas las casas hay objetos que se transmiten de generación en generación –dice– y que por eso adquieren un valor simbólico, se convierten en ‘tesoros’, que hay que cuidar”.
En este caso, se trata de una cuchara que, en la casa de la protagonista, no puede usarse ni para comer ni “para golpear las ollas”. Porque era de la bisabuela. “Era lo único que trajo consigo cuando se mudó acá. La bisabuela se la dio a la abuela, la abuela a la mamá. Y algún día será mía”, dice el relato.

La tapa de “Un cucchiaio pieno di storie”.
Es una historia de migraciones que podría ser la de muchos lectores. Al fin y al cabo, en Argentina el relato fundacional de la mayoría de las familias se apoya en ese “viaje del héroe”, del antepasado que cruzó el océano.
“El protagonista del libro –explica– es un chico que llega desde Italia. Está basado en historias que escuché en distintos momentos. Muchos lectores me dicen que sienten que les pertenece, que también es la historia de su familia. Pero también hay quienes no quieren contar, no quieren hablar, porque se fueron para olvidar o escapar del dolor. Mis antepasados son silenciosos y yo respeté esos silencios”.
Los otros dos libros publicados en Italia, también por Caissa, son Mio papà dipinge parole y La mia mamma.

La tapa del poema “La mia mamma”.
El primero, con ilustraciones de Amanda Mijangos, transcurre en México y está dedicado a la figura del tlacuilo, el escriba azteca encargado de registrar todo lo que ocurría, hasta que esa civilización fue arrasada por los conquistadores españoles.
“La escritura no es solo memoria individual y familiar, sino también memoria histórica”, afirma Sandra.
La mia mamma, en cambio, es un poema delicado escrito poco después de la muerte de la madre de la autora.
En ese sentido, se vincula más con la novela Lucía, no tardes (publicado por Random House) –basada en la relación de una adolescente con una madre muchas veces ausente– y Astronauta (bajo el sello de Lecturita), un cuento cuya protagonista es una nena que se siente fuera de lugar en el mundo. Ninguno de los dos, por ahora, fue traducido al italiano.