BUENOS AIRES – Dejó una producción inmensa de cuentos, novelas, poesías, ensayos e incluso obras teatrales. Fue la única mujer italiana en ganar el Nobel de Literatura, en 1926. Y en este centenario, los sardos de la Argentina celebran a su compatriota más ilustre: Grazia Deledda.
María del Carmen Pilán —docente de la Universidad Nacional de Tucumán, especialista en Deledda y descendiente de sardos— le dedicó una conferencia en la Feria del Libro de Buenos Aires, en el stand del Instituto Italiano de Cultura.
Pilán, traductora de algunos relatos de Deledda, trazó un retrato de la personalidad de la autora a partir de su fuerte identidad sarda y del sentido de pertenencia a su ciudad natal, Nuoro, en el interior de la isla, ya de por sí alejada del continente y periférica.
Nacida en 1871, la propia Grazia —apenas pasada la veintena— se presenta y se describe en una carta al periodista socialista Giovanni De Nava, escrita el 20 de mayo de 1894.
“Déjenme hablar un poco de mí —dice—. Muchos me creen una criatura fantástica, extraña y aristocrática. Otros, en cambio, me imaginan maestra perdida en una escuela comunal de montaña. Nada de eso. Soy simplemente una señorita cualquiera, llena de sentido común, una pequeña señorita morocha, de rasgos finos, tan pequeña, delgada y liviana que parezco una niña”.
Habrá sido también una “señorita cualquiera”, pero desde joven mostraba inquietud, era ambiciosa y quería destacarse. “Asertiva y con buena autoestima”, diría hoy una descripción contemporánea.
“Crece en un contexto aislado, de provincia, con el mar separándola de los grandes centros culturales italianos —explica Pilán—. Pero desde Nuoro les escribía cartas a todos los intelectuales de la época”.
Su producción, que incluye 36 novelas y más de 250 cuentos, se divide en dos etapas. “La primera, la de Nuoro —afirma la investigadora—. Después, tras el casamiento, en 1900, llega el período romano, que se extiende hasta su muerte, en 1936, a causa de un cáncer de mama”.
Las poesías pertenecen casi exclusivamente a los años de juventud. Pero no se limitó a eso. Enviaba sus cuentos a las revistas literarias de la época y recibía buenas críticas. También escribía sobre tradiciones etnográficas sardas en publicaciones especializadas.
Entre sus primeros libros aparecen Sangue sardo, Nell’azzurro (cuentos) y Stella d’Oriente, novela publicada bajo el seudónimo Ilia di Sant’Ismail, porque no era bien vista por sus compatriotas sardos, ya que exponía prejuicios e hipocresías.
“Uno de mis libros preferidos sigue siendo Tradizioni popolari di Nuoro e Sardegna —afirma Pilán—. Es un verdadero trabajo etnográfico, una recopilación de oraciones, conjuros, insultos, proverbios, juramentos, modismos, juegos y canciones infantiles. Está escrito en sardo, con la traducción al italiano al lado”. En otras palabras: modernísimo.
“Es un libro fascinante y, hasta donde sé, todavía no fue traducido al español”, agrega la especialista.

María del Carmen Pilán durante la conferencia.
En 1898 deja Nuoro por primera vez y viaja a Cagliari. Allí conoce a Palmiro Madesani, que se convertiría en su marido y, de manera informal, en su representante. Una relación que despertó la curiosidad y el escándalo de Luigi Pirandello, quien hizo una caricatura de ambos en la novela Suo marito.
En una fotografía, Palmiro le dedica estas palabras: “A Grazia Deledda, más grande que el mar, sos mi amor y toda mi vida”. Se casan el 11 de enero de 1900. Y ese matrimonio se convierte en el pasaporte hacia Roma y hacia nuevas posibilidades de carrera. Tienen dos hijos: Franz y Sardeus.
Deledda anticipó el estereotipo de la madre trabajadora. Escribía todos los días de dos a cuatro de la tarde. Por la mañana se ocupaba de la casa, de los hijos y de la cocina. Pero en esas dos horas que eran solo suyas, la casa debía permanecer en absoluto silencio. Franz recordaba: “Mamá está escribiendo, hay que quedarse callados”.
Las grandes obras del período romano son Elias Portolu, Dopo il divorzio (un tema escandaloso para la época), Cenere (la única obra llevada al cine mientras la autora todavía vivía, con Eleonora Duse como protagonista). Después llegarían Canne al vento, Marianna Sirca, Il paese del vento y finalmente Cosima, publicada de manera póstuma en 1937.
El Nobel llegó en 1926, aunque su nombre ya circulaba desde 1918 entre los posibles candidatos. Muy interesante resulta la fundamentación del premio, vinculada al “regionalismo” de Deledda. Según la academia, después del siciliano Giovanni Verga y del lombardo Antonio Fogazzaro, nadie había contado un territorio como ella lo hizo con Cerdeña.

El flyer de la iniciativa.
“Cuando empecé a trabajar sobre Deledda, en Tucumán había muy pocos libros disponibles y Google no existía. Navegábamos con Yahoo y Altavista. Pero aun así logré encontrar una grabación con su voz agradeciendo el Nobel, en el momento de recibir el premio”, cuenta Pilán.
Deledda —con su humildad habitual— respondió: “Yo no sé hacer otra cosa más que agradecer a la Academia Sueca por el gran honor concedido a Italia”. Pero enseguida agregó: “Soy sarda”.
¿Qué repercusión tuvo su figura en la Argentina? “Su muerte fue recordada con un artículo publicado en La Nación el 17 de agosto de 1936, un extenso retrato que resumía toda su obra —dice Pilán—. En 1972, en un diario de La Plata apareció otro artículo que repasaba su vida y describía algunas de sus obras”.
En 1995 fue el turno de El Siglo, diario tucumano que ya no existe, que le pidió un texto de síntesis a la propia Pilán, que poco antes había terminado su tesis doctoral justamente sobre la gran autora.
“Acá en Tucumán realizamos números monográficos, traducimos cuentos y le dedicamos una unidad didáctica en un manual para la enseñanza del italiano publicado por nuestra universidad —explica—. Cada dos años organizamos un curso optativo dedicado a ella”.
Hoy no abundan las traducciones disponibles en el mercado editorial: Cosima (Austral), las obras seleccionadas publicadas por la madrileña Aguilar en dos volúmenes, uno dedicado a las novelas y otro a las recopilaciones de cuentos. También Elias Portolu (Losada), Cenere (Perelló) y pocos títulos más. “Lamentablemente, ninguno traducido al castellano rioplatense”, señala. Paradójicamente, quien publicó a Deledda en la Argentina con una traductora local fue una editorial infantil, Quipu, que editó una antología de relatos para jóvenes lectores.
A pesar de la deuda histórica con esta autora, “muchos lectores argentinos la quieren y reconocen el papel fundamental de las asociaciones y los círculos sardos para difundir a la escritora y mantener viva su memoria”, concluye la docente.