VENECIA – La expectativa alrededor de la propuesta del pabellón argentino es altísima y muchos observadores ya la consideran una de las obras más potentes de esta edición de la Bienal de Venecia.
Esta semana, la presentación de Monitor Yin Yang, la obra con la que Matías Duville representa al país en la prestigiosa muestra internacional, despertó el interés del mundo del arte y de los visitantes.
Después de la renuncia del jurado internacional —en señal de protesta por la decisión del presidente de la Bienal, Pietrangelo Buttafuoco, de incluir los pabellones de Rusia e Israel— los premios serán definidos a través del voto del público.
En este clima complejo, el Pabellón Argentino aparece como uno de los espacios más visitados y comentados de la muestra.
Monitor Yin Yang marca un giro en la producción de Duville: es el primer dibujo monumental realizado por el artista con sal y carbón. Concebida como una obra interdisciplinaria, la instalación combina dibujo de gran escala, video, sonido e intervención espacial, transformando el Arsenale en un entorno inmersivo y en permanente cambio.
La obra se despliega a través de líneas de carbón molido trazadas sobre un enorme manto de sal. Aparecen montañas, senderos, objetos y horizontes que el público puede atravesar físicamente, dejando huellas y modificando progresivamente el paisaje hasta el cierre de la Bienal, previsto para el 22 de noviembre.
Duville utiliza el concepto de Yin y Yang no como una referencia meramente simbólica —espacio negativo y positivo, blanco y negro— sino como un principio estructural para construir un territorio transitable en tensión entre polos opuestos; entre elementos naturales y artificiales, entre cristalización y transformación.
Como explica la curadora del Pabellón Argentino, Josefina Barcia, “el proyecto nació a partir de las primeras conversaciones con Matías Duville y de la influencia del pensamiento de la curadora camerunesa Koyo Kouoh, directora artística de esta edición 2026 (fallecida en 2025, antes de la apertura de la muestra, ndr), cuyo texto teórico funcionó como un ‘faro’ en la construcción de la obra”.
El tema de la 61ª Bienal de Arte de Venecia, In Minor Keys, había sido definido por la propia Kouoh y continuado por su equipo respetando su visión curatorial. La propuesta invita a “tomar un respiro” frente a las grandes narrativas y los postulados absolutos, desplazando la mirada hacia los matices de la intimidad.
Fue sobre todo la dimensión musical la que orientó el trabajo del equipo curatorial del Pabellón Argentino. En el texto de Kouoh, la “clave menor” representa una sensibilidad artística y humana hecha de matices emocionales sutiles: un lenguaje alejado de la monumentalidad y del ruido del poder o, como interpreta Barcia, “una forma de reflexión que permite desplazar la mirada desde aquello que es central hacia registros más laterales y delicados”.
En ese contexto, el dibujo y los materiales elegidos por Duville encuentran una ubicación singular. “No se imponen de manera dominante, sino que actúan a través de una presencia discreta, casi secundaria, pese al peso histórico y simbólico que cargan”, explica Barcia.
La decisión de integrar sonido surge además del reconocimiento de la capacidad de la música para expandir el dibujo en el espacio y en el tiempo. “El sonido, a través de la vibración, transforma el plano trazado sobre el piso y hace que se perciba de otra manera”, observa Barcia. La música introduce así una dimensión líquida y cambiante, capaz de disolver cualquier rigidez lineal.
Desde esa perspectiva, Monitor Yin Yang se construye como una especie de composición en tonalidad menor: un paisaje atravesado al mismo tiempo por la nostalgia y la tensión.
Las imágenes evocadas por la obra recuerdan a la blue note del jazz mencionada en el texto de Kouoh, esa leve alteración tonal que nunca encuentra una resolución definitiva y que justamente en sus mínimas variaciones revela toda su fuerza expresiva. “Algo parecido ocurre también en el dibujo de Matías”, concluye la curadora.