BUENOS AIRES – “Vivimos una jornada realmente especial, vino tanta gente que muchos tuvieron que quedarse parados”, cuenta Mercedes Canovi.
El domingo pasado, junto a Lorena Zucarrelli, fue invitada por Feditalia y el Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires para presentar, en el stand italiano de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, la historia del transatlántico Principessa Mafalda, una de las embarcaciones más emblemáticas y trágicas de la emigración italiana.
“Junto a Lorena, gran amiga y compañera en este proyecto, recorrimos la historia de los ricos y de las celebridades que viajaron a bordo, el relato del hundimiento y las historias de los héroes que lograron salvar la vida de cientos de pasajeros”, explica.
El Principessa Mafalda, transatlántico del Lloyd Italiano botado en 1908, era en ese momento el barco más grande de su tipo construido para una compañía italiana. La embarcación se hundió el 25 de octubre de 1927, a pocas millas de la costa brasileña, tras la rotura del eje de una hélice.
A pesar del intento del régimen fascista de minimizar la tragedia a través de los medios controlados por el gobierno, el desastre del Principessa Mafalda es considerado hoy el peor naufragio italiano del siglo XX, al punto de ser recordado como el “Titanic italiano”.
La prensa sudamericana fue muy dura al señalar las responsabilidades de lo ocurrido. Algunos diarios, entre ellos Clarín de Buenos Aires, llegaron incluso a hablar de una cifra de víctimas doble respecto del número oficial difundido por las autoridades italianas: 657 muertos.

Fotografía de principios del siglo XX que retrata a los pasajeros de primera clase listos para embarcar, hallada en una tienda de antigüedades de Perú.
Para Mercedes Canovi, sin embargo, esta historia no es solamente un objeto de investigación, sino también parte de la memoria familiar. “Escucho la historia del naufragio desde que tengo memoria”, relata.
Su abuelo, Raúl Arranz Oharriz, viajaba en uno de los barcos que acudieron al rescate de los sobrevivientes y, con apenas nueve años, fue testigo involuntario de aquel horror. “Nunca lo olvidó –confiesa–. Muchas veces nos contaba ese viaje a Europa para conocer a su familia y nos describía con lujo de detalles el hundimiento del Principessa Mafalda”.
Con el paso de los años, Mercedes descubrió que la historia del barco iba mucho más allá de la tragedia marítima. “Es poético pensar en ese gran transatlántico que llevaba a miles de inmigrantes hacia una nueva vida. Estos barcos eran una especie de rito de paso, una segunda oportunidad”.

El reconocido arquitecto Alejandro Bustillo junto a tres de sus hijos en la cubierta del barco, algunos años antes del desastre.
Desde hace siete años, junto a Lorena Zucarrelli, administra un grupo virtual dedicado al barco, que reúne a descendientes de pasajeros e investigadores de historia naval de distintas partes del mundo. Con el tiempo se formó una verdadera comunidad internacional donde se comparten fotografías, anécdotas, documentos y bibliografía sobre el Principessa Mafalda.
Muchos integrantes lograron reencontrarse con los compañeros de viaje de sus abuelos, definidos cariñosamente como “los hermanos del mar”. Otros descubrieron que en el mismo viaje de sus antepasados viajaban figuras célebres como Carlos Gardel, el mítico cantor de tango, o el Padre Mario Pantaleo, nacido en Pistoia en 1915, misionero en la Argentina y fallecido en Buenos Aires en 1992.
En los últimos años el grupo organizó numerosos encuentros virtuales, sobre todo durante la pandemia. Entre ellos se destacó la conmemoración del 25 de octubre de 2021, de la que participó también la genealogista Guillermina Chiodin, mientras Lorena Zucarrelli intervino con interpretaciones musicales.
Desde hace un par de años estas iniciativas también llegaron a encuentros presenciales, alcanzando a un público cada vez más amplio gracias a una historia capaz de conmover a cualquiera, más allá de los lazos familiares vinculados con la emigración.
“Fue una jornada muy enriquecedora y estamos profundamente agradecidas con Feditalia y el Instituto Italiano de Cultura por la invitación”, concluye Mercedes Canovi. “Esperamos poder seguir organizando estos encuentros, sobre todo en este año en el que se cumplen 99 años del naufragio, para continuar uniendo a los descendientes de los pasajeros, ayudar a muchos a recuperar información sobre sus antepasados y compartir sus historias”.