SAN JOSÉ - La politóloga Laura Fernández asumió este viernes al frente de Costa Rica con la promesa de aplicar mano dura contra el narcotráfico e impulsar reformas profundas del Estado, en un contexto de creciente concentración de poder y marcada continuidad con la gestión saliente de Rodrigo Chaves.

Fernández, de 39 años, gobernará bajo la influencia de su mentor político, el ahora exmandatario Chaves, designado “superministro” con amplias facultades sobre la agenda política y económica del nuevo Ejecutivo, definido como un “gobierno de continuidad”.

Exministra de la Presidencia durante la administración anterior, Fernández hereda la conducción de un país de 5,2 millones de habitantes, históricamente considerado uno de los más estables y seguros de América Latina, aunque hoy golpeado por cifras récord de homicidios vinculados al narcotráfico.

La ceremonia se realizó en el Estadio Nacional de San José ante miles de personas, en una jornada de festejo nacional. La nueva jefa de Estado gobernará durante cuatro años, después de imponerse con amplitud en las elecciones del 1° de febrero gracias también a la elevada popularidad de Chaves.

Fernández juró sobre la Constitución y la Biblia durante el acto oficial, mientras la titular de la Asamblea Legislativa, Yara Jiménez, le colocaba la banda presidencial. Fue la primera ceremonia de traspaso entre dos mujeres en la historia del país, pese al reciente avance del conservadurismo en Costa Rica.

En los últimos años, el electorado costarricense mostró un fuerte giro hacia la derecha. El país cerró su embajada en La Habana y expulsó a diplomáticos cubanos, aceptó recibir a 100 deportados por mes enviados desde Estados Unidos y se sumó al “Escudo de las Américas”, la alianza continental antidrogas encabezada por la secretaria estadounidense Kristi Noem.

En los últimos meses, Washington también les revocó las visas a algunos críticos del oficialismo y a directivos del diario costarricense La Nación, al que Chaves calificó como “prensa canalla”.

Según distintas organizaciones humanitarias, Costa Rica sufrió retrocesos en libertad de prensa y derechos sexuales durante los últimos años de gobierno.

Hija de productores rurales, católica y madre de una niña, Fernández se define como “liberal en economía y conservadora en lo social”. Además, eligió que la llamen “presidente”, sin utilizar la forma femenina, a diferencia de otras líderes progresistas de América Latina.

En el plano económico, la administración saliente asegura haber reducido la pobreza del 23% al 15% en los últimos cuatro años. Sin embargo, Costa Rica sigue siendo el sexto país más desigual de América Latina y el segundo dentro de la OCDE, detrás de México, donde más se trabaja pese a salarios relativamente bajos.

El nuevo Ejecutivo contará con el respaldo de 31 diputados sobre un total de 57 en el Congreso, una mayoría que le permitirá buscar acuerdos para avanzar con su programa de reformas, especialmente sobre el sistema judicial, al que acusa de ineficacia frente a la inseguridad y de proteger a las élites tradicionales.

Fernández, que mantuvo gran parte del gabinete de Chaves, prometió un “cambio profundo e irreversible” para el futuro de Costa Rica.