BUENOS AIRES — Si fuera un personaje de la Divina Comedia, sería sin duda Justiniano, quien “de las leyes quitó lo excesivo y lo vano”, como afirma en el canto VI del Paraíso.

Mariano Borinsky, juez de la Cámara Federal de Casación Penal desde hace 15 años, es también el “padre” de la reforma del Código Penal. Un trabajo que comenzó en 2025, por iniciativa de Javier Milei y del entonces ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, para renovar el texto anterior, que data de 1929.

“Uno de los puntos más importantes en los que trabajamos es la sistematización —afirma, como invitado de la Cena del Lunes del Círculo Italiano de Buenos Aires—. En cien años hubo mil leyes especiales”.

No es una forma de decir. “Exactamente mil, literalmente —asegura—. Para ser precisos, mil cinco”. ¿El motivo de esa superposición? “Distintos gobiernos intentaron, a través de modificaciones parciales, cambiar algunos aspectos del derecho penal”, explica.

Según Borinsky, el derecho penal es “la ley de leyes, el brazo más fuerte del Estado, porque dispone de lo que se conoce como ius puniendi, es decir, de la capacidad de incidir sobre la libertad, el patrimonio, la seguridad, la familia, los bienes más preciados del ser humano”.

Del otro lado está la sociedad que, muchas veces en condición de víctima, quiere que el Código Penal sea un espejo de sus intereses fundamentales. “Pero hoy ese espejo refleja valores de hace cien años, completamente superados —explica—. No se trata de hacer modificaciones sin criterio, sino de garantizar la seguridad jurídica”.

Un aspecto fundamental de la reforma es la lucha contra el lavado de dinero y el crimen organizado, “que también nos pone bajo la lupa de organismos internacionales”.

El jurista anuncia que, por primera vez, la criminalidad organizada tendrá una tipificación específica en el Código. “Además, es necesario definir bien todo lo relacionado con el decomiso de bienes y los plazos, para evitar que se hayan esfumado al finalizar el proceso”.

El Código Penal también debe incorporar las nuevas modalidades delictivas, como los delitos cometidos mediante inteligencia artificial y los deepfakes. “O los mensajes de WhatsApp en los que alguien nos pide dinero haciéndose pasar por una persona que conocemos, las estafas, la difusión de contenido íntimo sin consentimiento”, continúa.

Borinsky fue el primer magistrado en dictar una sentencia por femicidio en la Argentina. Se trataba del caso de un músico de la banda Callejeros —también involucrada en el incendio de Cromañón— que, en 2010, mató a su pareja tras una discusión.

“Fue a partir de ese caso que se modificó la legislación y se incorporó el femicidio al Código Penal —recuerda—. Pero hay otros delitos que se cometen en un contexto de violencia de género y no cuentan con una protección específica. La única protección legal específica en los casos de violencia de género existe cuando la víctima muere”.

En ese sentido, el nuevo Código prevé que, ante lesiones, daños a la integridad física, económicos o morales, el juez deba aplicar el tercio superior de la escala penal prevista.

Otras novedades abarcan los delitos ambientales —incluido el tráfico ilícito de bienes culturales, que forman parte de una concepción amplia del ambiente—, la propiedad intelectual, las patentes y la criminalidad en el ámbito deportivo.

“Me refiero a la violencia durante los partidos, a los fraudes en el mundo del deporte, que mueven mucho dinero, al dopaje —aclara—. Se supone que una familia va a presenciar un espectáculo y quiere tener ciertas garantías de tranquilidad”.

Al hablar del Código Penal, también hay que considerar la delicada cuestión de la prescripción.

“Somos conscientes de que los delitos vinculados con el narcotráfico y aquellos contra la administración pública tienen penas muy bajas en relación con la gravedad de los hechos, por lo que corresponde aumentarlas —afirma el jurista—. Esto incide en la prescripción, porque el plazo depende de la pena máxima prevista para el delito que se investiga. También por eso ajustaremos las penas”.

Borinsky también se permite bromear: “Como cantaba Roberto Carlos, nos vamos a hacer un millón de amigos. Estamos interviniendo en ámbitos nuevos y vamos a despertar cierta antipatía, sobre todo por los delitos tributarios, aduaneros y cambiarios”.

Para esos delitos, es necesario que el Código contemple mecanismos de actualización de los montos mínimos a partir de los cuales una conducta se considera delictiva, ya que pueden quedar rápidamente desactualizados por la inflación que afecta a la Argentina.

“En cambio, conviene no volver sobre cuestiones ya debatidas y ampliamente discutidas, como el aborto o el consumo personal de drogas —declara—. De lo contrario, existe el riesgo de que un artículo sea declarado inconstitucional de inmediato, cuando lo importante es garantizarle al nuevo Código, una vez que entre en vigencia, cierta estabilidad para los próximos años”.