BUENOS AIRES – Javier Milei, uno de los presidentes más activos de la región en X, lleva 19 horas sin publicar. Su último posteo, del domingo por la tarde y antes de que se conocieran los resultados, fue un escueto “MA&AGA” con el que citó un mensaje del subsecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, sobre su reciente visita a la Casa Rosada.

A las 21.08 de ese domingo, el Tribunal Superior Electoral de Brasil proclamó a Luiz Inácio Lula da Silva ganador del balotaje con el 51,79% de los votos válidos, contra el 48,21% del senador Flávio Bolsonaro, una diferencia de casi 4,4 millones de votos. Desde entonces, en la cuenta del presidente argentino, silencio.

Fue una remontada sin antecedentes desde el regreso de la democracia en 1985: nunca antes quien había salido segundo en la primera vuelta había llegado a la presidencia. Lula, de 80 años, asumirá en enero un cuarto mandato, algo que ningún presidente brasileño había conseguido.

El silencio pesa por lo que vino antes. Milei hizo campaña abierta por el hijo de Jair Bolsonaro. En julio, en un acto en San Pablo, llamó a Lula “presidiario” y “ladrón”, y Brasil respondió llamando a consultas a su embajador en Buenos Aires.

En agosto, Itamaraty rebajó la relación al nivel de encargado de negocios y pidió el regreso del embajador argentino, Daniel Raimondi. La semana pasada, el presidente volvió a la carga: el martes escribió que esperaba que el brasileño no intentara “robarse” la elección y lo llamó “zurdo ladrón”.

El viernes, después del último debate televisado, en el que Lula había mencionado la pobreza en la Argentina, posteó “LULA LADRÓN Y MENTIROSO”, según consignó Infobae.

Ese mismo lunes, Milei encabezó la reunión de Gabinete en la Casa Rosada. Según el comunicado oficial, se abordaron “distintos temas de la agenda nacional e internacional”, con especial atención al “contexto geopolítico global”: el texto repasa las guerras en Irán y Ucrania, la suba del petróleo y su impacto en las economías emergentes. De Brasil, principal socio comercial de la Argentina, ni una línea, aunque en la mesa estaba sentado el canciller Pablo Quirno.

El contraste con el Gabinete anterior es llamativo. El 5 de octubre, según recordó Infobae, Milei había celebrado ante sus funcionarios el triunfo parcial de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta y había despachado el “plan platita” de Lula como una receta del pasado.

Lo que sí dejó el parte oficial es una frase difícil de leer sin pensar en el balotaje del domingo. El Presidente sostuvo que “cambiar el rumbo para ganar elecciones es inmoral, injusto, un error técnico y una grave afrenta a la credibilidad”, y anticipó que “por primera vez” los argentinos podrán elegir entre “el partido de la libertad y la prosperidad” y “el partido del Estado”. Faltan doce meses para las presidenciales de 2027.

Tampoco hubo comunicado de la Cancillería ni mensaje propio de Quirno, una ausencia que el legislador Maximiliano Ferraro se encargó de recordar en X.

El contraste con el resto de la región fue nítido. Todos los presidentes de derecha de los países vecinos de Brasil reconocieron el triunfo, con la única excepción de la Argentina. El chileno José Antonio Kast, aliado de Milei, informó que había hablado por teléfono con Lula y que lo había felicitado “por el resultado de la elección”.

También saludaron el boliviano Rodrigo Paz, el paraguayo Santiago Peña, el ecuatoriano Daniel Noboa, la peruana Keiko Fujimori, el panameño José Raúl Mulino y el dominicano Luis Abinader, que pidió seguir trabajando por una América Latina “más integrada y próspera”. El uruguayo Yamandú Orsi contó que se había comunicado con “un amigo”, y la mexicana Claudia Sheinbaum escribió: “Viva la democracia, ganó el pueblo de Brasil”.

El gobierno de Venezuela también saludó el resultado. Entre los expresidentes, el colombiano Gustavo Petro celebró que “se ha detenido el fascismo en América Latina” y el chileno Gabriel Boric, que viajó a Brasil para seguir la votación, festejó junto a su amigo.

En la Argentina, Cristina Fernández de Kirchner saludó a Lula minutos después de conocerse el resultado, y el gobernador bonaerense Axel Kicillof lo definió como una derrota “de Trump, Milei y su motosierra”.

En Brasilia, el derrotado eligió el camino que su padre había ensayado en 2022, pero un paso más allá. En un pronunciamiento ante la prensa la misma noche del domingo, Flávio Bolsonaro dijo que no reconoce el resultado y que pedirá a la Justicia la anulación de la elección. “Es imposible reconocer el resultado en el contexto en que sucedieron las cosas”, afirmó, según la versión de Estadão.

Su argumento central es la decisión del juez del Supremo Tribunal Federal Cristiano Zanin de prorrogar dos horas el cierre de la votación, que a su juicio cambió “la regla del juego en medio del juego”. Lo que el senador omitió es que la prórroga se dictó a pedido de las dos campañas: Lula había alegado problemas de transporte para los votantes y Bolsonaro, las inundaciones en sus bastiones del sur.

También denunció que los fiscales de su partido, el PL, fueron retirados de la sala donde se totalizaban los votos, pero, según Poder360, no presentó documentos que probaran irregularidades. Los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados felicitaron a Lula y defendieron la transparencia del proceso.

En 2022, Jair Bolsonaro tardó dos días en hablar tras su derrota y nunca felicitó al ganador; hoy cumple una condena de 27 años de prisión por el intento de golpe que siguió a aquella elección.

Desde Washington, la señal llegó en la misma dirección. El domingo, antes del cierre de los comicios, Donald Trump se había limitado a decir que estaba “observando”. Ya con el resultado oficial, publicó en Truth Social que en Brasil se había aplicado “el manual de Joe Biden”, en alusión a la elección estadounidense de 2020 que nunca reconoció.

Agregó que “los comunistas no sueltan el poder una vez que lo consiguen”, sin aportar pruebas, según reportó EFE. Su hijo, Donald Trump Jr., cuestionó la extensión del horario de votación. En el Partido Demócrata, el senador Bernie Sanders felicitó a Lula y el representante Ro Khanna advirtió que Trump debe respetar el resultado.

Lula, que durante la campaña acusó a la familia Bolsonaro de alinearse con los intereses de Estados Unidos, dejó en su discurso de victoria una frase para ese destinatario: Brasil, dijo, no acepta ser “el patio trasero de nadie”.

Con su silencio, Milei quedó alineado con Trump y separado de los socios de derecha que, como Kast o Paz, optaron por priorizar el vínculo con la mayor economía de la región, principal socio comercial de la Argentina.