BUENOS AIRES – Murió Luis Brandoni, uno de los grandes protagonistas de la cultura argentina, actor emblemático del teatro, el cine y la televisión, y figura destacada también en la vida política del país. Tenía 86 años.

Su fallecimiento, ocurrido tras varios días de internación luego de una caída doméstica que le provocó un hematoma subdural, generó una profunda conmoción en el mundo del espectáculo.

La noticia fue confirmada por el productor teatral Carlos Rottemberg, con quien mantuvo una relación profesional de casi medio siglo: “Con Beto se va el último primer actor de una generación inolvidable”, escribió, destacando su papel central en la defensa del teatro nacional.

En los últimos días su estado de salud se había agravado tras el accidente del 11 de abril. En un primer momento se esperaba una mejoría, pero el cuadro clínico empeoró rápidamente hasta un desenlace que, en las últimas horas, ya era lamentablemente previsible.

La noticia impactó profundamente a colegas y amigos. Entre los testimonios más significativos, el de Ricardo Darín, quien lo recordó como “un roble”, capaz de mantenerse “de pie hasta el final”, más allá de una relación personal no siempre sencilla, pero atravesada por el respeto y la admiración mutua.

Darín también relató el momento en que se enteró de la noticia, en la madrugada, entre llamadas telefónicas y recuerdos que se agolpaban en su mente. “Tengo la cabeza llena de anécdotas y de historias de Beto”, dijo, utilizando el apodo con el que Brandoni era conocido en su círculo íntimo.

La relación entre ambos fue compleja, con etapas de gran cercanía y otras de distancia, también por diferencias personales. “Conmigo tuvo gestos maravillosos y otros no tanto, pero elijo quedarme con los primeros”, señaló Darín, subrayando que el respeto nunca se perdió.

Nacido en Dock Sud en 1940, Adalberto Luis Brandoni atravesó más de medio siglo de historia cultural argentina. Desde sus comienzos hasta sus grandes éxitos, construyó una carrera imponente, con títulos fundamentales como La tregua, Hay unos tipos abajo (basada en la novela sobre la dictadura de Antonio Dal Masetto), La Patagonia rebelde, Esperando la carroza, Made in Argentina, Cien veces no debo y Mi obra maestra (junto a Guillermo Francella).

En televisión alcanzó gran popularidad con programas como Mi cuñado, convirtiéndose en un rostro familiar para distintas generaciones, mientras que en teatro dejó interpretaciones clave, desde Parque Lezama hasta ¿Quién es quién?, obra que debió ser suspendida por el deterioro de su salud.

Pero la figura de Brandoni va más allá del ámbito artístico. Su vida estuvo profundamente marcada por el compromiso político y sindical. En los años setenta fue secretario general de la Asociación Argentina de Actores, un rol que lo expuso directamente a las tensiones de la época: recibió amenazas de la Triple A, fue incluido en listas negras durante la dictadura militar y debió exiliarse en México.

Con el regreso de la democracia en 1983, se convirtió en una figura de referencia del mundo intelectual cercano al presidente Raúl Alfonsín, de quien era amigo personal y con quien colaboró como asesor en temas culturales. Su militancia en la Unión Cívica Radical lo llevó luego a ocupar cargos institucionales: fue elegido diputado nacional por la provincia de Buenos Aires en los años noventa, consolidando una presencia política activa e influyente.

En los años siguientes continuó siendo una voz fuerte en el debate público, a menudo con posturas controvertidas y declaraciones directas, además de una marcada oposición al kirchnerismo.

Al mismo tiempo, nunca abandonó el escenario. Incluso en sus últimos años continuó trabajando con intensidad, fiel a una concepción del teatro como una necesidad vital. “Si no actúo, me muero”, era una de sus frases más conocidas, recordada hoy como síntesis de su vínculo con la profesión.

Con su muerte se cierra una etapa de la cultura argentina. Brandoni fue no solo un actor capaz de atravesar géneros, épocas y lenguajes, sino también un protagonista de la vida pública, testigo directo de las transformaciones políticas y sociales del país.

Queda una herencia amplia y compleja: la de un artista total y la de un hombre que vivió su tiempo sin retroceder.