BUENOS AIRES – El turismo de raíces se consolida como una de las estrategias con mayor potencial para poner en valor el patrimonio menos conocido de Italia.

La propuesta va más allá de promocionar paisajes o monumentos. Busca construir una oferta basada también en el patrimonio intangible: el sentido de pertenencia, las tradiciones, las historias familiares y el vínculo emocional que une a millones de descendientes de emigrantes italianos con los pueblos de origen de sus familias.

Ese fue el eje del workshop Italia-Argentina organizado por la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad del Salvador (USAL), en el marco de la carrera de Turismo.

La actividad, dirigida a profesionales del sector y estudiantes, presentó una experiencia de desarrollo territorial que involucra a cuatro localidades de Calabria —Scilla, Riace, Stilo y Pazzano— dentro de los proyectos financiados por el Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia (PNRR) de Italia.

Moderado en italiano y español por Malena Errico, el encuentro comenzó con una presentación sobre la cooperación entre la Argentina y los cuatro municipios calabreses. Participaron, entre otros, el decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Usal, Claudio Flores, y la directora de la carrera de Turismo, Lorena Villamayor.

Luego fue el turno de los intendentes de las cuatro localidades, junto al presidente de la Fundación Magna Grecia, Nino Foti.

A través de imágenes de sus cascos históricos, paisajes y rincones más representativos, Gaetano Ciccone (Scilla), Maria Spanò (Riace), Giorgio Antonio Tropeano (Stilo) y Maria Antonietta Coniglio (Pazzano) mostraron la identidad y el patrimonio de cada uno de los pueblos.

El atractivo de estos lugares, ubicados entre el mar, la montaña y siglos de historia, resulta indiscutible. Sin embargo, durante la jornada se remarcó que la belleza por sí sola no alcanza para garantizar el futuro de los pequeños centros urbanos.

La construcción de una identidad territorial capaz de ofrecer experiencias diferenciadas fue desarrollada por Franco Sensi, responsable de Proyectos Especiales de la Fundación Magna Grecia, y por Nicola Durante, especialista en marketing territorial.

Sensi explicó que el objetivo es frenar el declive demográfico y económico de los pequeños pueblos italianos mediante inversiones europeas que combinen innovación y preservación de la identidad cultural. Dos conceptos que pueden parecer opuestos, pero que, sostuvo, se potencian mutuamente.

La iniciativa forma parte del programa europeo NextGenerationEU, creado para impulsar la recuperación económica y promover una transformación estructural basada en la transición digital y ambiental, además de reducir las desigualdades territoriales.

Italia es el principal beneficiario de esos fondos a través del PNRR, que destinó una parte importante de los recursos a la regeneración cultural y social de los pequeños centros históricos.

En particular, la denominada Línea B del Plan Borghi financió a más de 229 municipios italianos con menos de 5.000 habitantes para promover un desarrollo económico sostenible y de largo plazo.

“El objetivo es generar desarrollo económico para el territorio a través del turismo, por lo que es importante que no sea solo estacional, sino que sea sostenible”, explicó Sensi.

A partir de la articulación entre el sector público y el privado, los proyectos incluyen infraestructura y servicios tanto para visitantes como para nuevos habitantes. Entre las iniciativas figuran espacios para nómades digitales y trabajadores remotos, el impulso a la producción artesanal y agroalimentaria de calidad y la generación de nuevas oportunidades para emprendedores jóvenes.

“Hay que pensar constantemente en nuevos proyectos. Los fondos europeos ofrecen herramientas importantes y existe la posibilidad de hacer mucho por nuestras comunidades”, agregó.

Stilo, uno de los cuatro pueblos incluidos en el proyecto. (Foto: Regione Calabria).

La estrategia apunta a convertir la historia y la identidad de cada localidad en el eje de su propuesta turística.

En Scilla, por ejemplo, la tradición vinculada al mito de la Odisea —en la obra de Homero, Escila es el monstruo marino que habita una cueva sobre el estrecho de Mesina, frente a Caribdis— fue puesta en valor mediante obras de recuperación urbana y actividades culturales, como festivales organizados en el anfiteatro griego.

Ese legado histórico también se proyecta hacia el futuro mediante inversiones en infraestructura digital, entre ellas fibra óptica, redes 5G, plataformas de ciudades inteligentes y espacios equipados para el trabajo remoto.

Durante explicó cómo esos principios fueron aplicados a la promoción turística de cada localidad.

“Todos son hermosos, pero ¿qué hace que un pueblo sea distinto de los demás?", planteó de manera provocadora para explicar que el branding territorial permite “transformar la intervención pública del Pnrr en un valor percibido por el visitante”.

“Es importante respetar la identidad única del lugar. No se puede separar un territorio de sus paisajes y de su historia. No hay que inventar nada, sino ser capaces de reconocer lo que ya existe y hacerlo comprensible”, afirmó.

De esa visión surgió un trabajo de narrativa territorial que presenta a estos pueblos no como destinos aislados, sino como distintas expresiones de un mismo recorrido cultural.

La identidad de Scilla gira en torno a la pesca del pez espada y al mito de Ulises. Riace pone el foco en su vínculo histórico con la antigua Grecia, representado por los célebres Bronces de Riace. Stilo destaca su arquitectura como punto de encuentro entre Oriente y Occidente. Pazzano, con el Monte Stella y sus antiguas minas, conserva la memoria del trabajo en el interior calabrés.

Sensi y Durante coincidieron en que construir nuevos relatos sobre el territorio resulta fundamental para generar un vínculo emocional con los visitantes, especialmente cuando estos pueblos compiten con ciudades de arte y destinos turísticos mucho más conocidos.

Ese desafío adquiere un significado especial en la relación con la Argentina, donde reside una de las comunidades de origen italiano más numerosas del mundo y una importante colectividad de descendientes de calabreses.

Sobre ese aspecto también expusieron Vicente Granata, presidente de la Federación de Asociaciones Calabresas en Argentina (Faca), junto con Claudia Forgione y Martha Siri, docentes de la carrera de Turismo de la USAL.

De sus intervenciones surgió que estos pequeños pueblos no representan solamente un destino turístico, sino auténticos lugares de la memoria, capaces de despertar emociones profundas entre los descendientes de inmigrantes italianos.

Para muchos italo-argentinos, recorrer esas localidades significa reencontrarse con la historia de sus familias, reconstruir vínculos y recuperar un sentido de pertenencia que atraviesa generaciones y continentes.

En ese contexto, el turismo de raíces deja de ser un simple viaje para convertirse en una experiencia de reconexión personal y colectiva que, al mismo tiempo, puede contribuir al renacimiento de los pequeños pueblos italianos.