CIUDAD DE MÉXICO – Mientras las calles se llenan de hinchas y la atención internacional está puesta en el Mundial de fútbol organizado por México, Estados Unidos y Canadá, cientos de familiares de personas desaparecidas marchan en las principales ciudades mexicanas para visibilizar una de las crisis humanitarias más graves del país.

Con fotografías, antorchas y pancartas, las llamadas Madres Buscadoras —mujeres que desde hace años buscan por su cuenta a hijos e hijas desaparecidos ante la falta de respuestas estatales— aprovecharon la visibilidad que brinda el torneo para exigir a las autoridades que destinen a la búsqueda de los desaparecidos el mismo compromiso y los mismos recursos invertidos en la organización del evento deportivo.

Una situación que recuerda a las Madres de Plaza de Mayo argentinas, que durante el Mundial de 1978 lograron dar a conocer internacionalmente la desaparición de sus hijos gracias a la presencia de periodistas extranjeros en Buenos Aires.

Desde hace más de dos décadas, el crecimiento de la violencia vinculada al crimen organizado y a los carteles del narcotráfico, sumado a episodios de violencia estatal y corrupción, alimentó el fenómeno de las desapariciones forzadas en México. Sin embargo, sus orígenes son anteriores y se remontan al menos a la década de 1960.

Paradójicamente, el mismo México que fue considerado un destino seguro para muchos exiliados argentinos que escapaban de la dictadura era responsable de la desaparición de sus propios ciudadanos.

Frente a lo que numerosas organizaciones describen como una crisis estructural del Estado, surgieron cientos de colectivos de familiares que realizan búsquedas en el terreno, muchas veces con recursos propios y en condiciones de alto riesgo.

En las últimas semanas, distintas manifestaciones acompañaron el inicio del Mundial. Algunas activistas incluso resignificaron el lema oficial “La pelota vuelve a casa” con una consigna alternativa: “La pelota vuelve a casa, ¿ellos cuándo?”, en referencia a sus seres queridos desaparecidos.

En Ciudad de México se instaló un campamento permanente bajo el monumento al Ángel de la Independencia, mientras que también se realizaron protestas pacíficas en las inmediaciones de los estadios. Las familias marchan con la camiseta de la selección mexicana y el símbolo de una pala sobre el pecho, una referencia a las excavaciones que realizan de manera autónoma en terrenos donde se hallan fosas clandestinas.

La noche previa al partido inaugural, más de 400 mujeres pertenecientes a organizaciones como Luz de Esperanza, Madres del Ajusco y Buscadoras de Zacatecas participaron de la marcha Iluminemos la búsqueda, recorriendo la Calzada de Tlalpan en dirección al Estadio Azteca.

Las manifestantes reclamaron al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum que destine a la búsqueda de las víctimas el mismo esfuerzo desplegado para la organización del Mundial. La respuesta de las autoridades fue un importante operativo policial antidisturbios que bloqueó el acceso a las zonas cercanas al estadio.

La protesta puso de relieve la diferencia entre los 23.000 millones de pesos destinados a obras de renovación urbana vinculadas al Mundial y la crónica falta de recursos denunciada por organismos judiciales y servicios forenses encargados de identificar a las víctimas. Para muchas familias resulta difícil aceptar que el Estado invierta en infraestructura y campañas promocionales mientras el país sigue registrando cifras récord de personas desaparecidas.

Según datos oficiales, actualmente hay más de 135.000 personas desaparecidas en México. En cambio, no existe un registro que contabilice a las mujeres que participan activamente en su búsqueda. El Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez estima que existen alrededor de 500 colectivos distribuidos en todo el país, algunos de ellos integrados por entre 100 y 150 miembros.

Desde 2019, las familias organizadas contribuyeron al hallazgo de restos de unas 1.230 personas en fosas clandestinas y a la localización con vida de más de 1.300 personas.

Entre los grupos más activos figuran Madres y Guerreras Buscadoras de Sonora, Mariposas Buscando Corazones y Justicia, Ángeles de Pie por Ti y Corazones sin Justicia. Estas organizaciones forman parte de una larga tradición de movilización social que hunde sus raíces en los movimientos surgidos durante la llamada “guerra sucia” de las décadas de 1960, 1970 y 1980, como el Comité Eureka.

Un papel central lo desempeña el Movimiento por Nuestros Desaparecidos en México (MNDM), una red creada en 2015 que contribuyó a la aprobación de la Ley General en Materia de Desaparición Forzada, vigente desde 2018. Sin embargo, la búsqueda de desaparecidos continúa siendo una actividad extremadamente peligrosa.

Numerosas madres y familiares recibieron amenazas de muerte por su activismo, y algunas fueron asesinadas. Entre los casos más conocidos se encuentran los de Arantza Ramos Gurrola, asesinada en 2021 mientras buscaba a su esposo desaparecido; Rosario Lilian Rodríguez Barraza, asesinada el 30 de agosto de 2022, fecha en la que se conmemora el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, y María Carmela Vázquez, asesinada a fines de 2022 mientras buscaba a su hijo desaparecido, después de que su hija también hubiera sido asesinada por el mismo motivo.

El MNDM denuncia desde hace años la falta de medidas adecuadas de protección para quienes participan en las búsquedas y reclama la creación de una mesa permanente de diálogo con las autoridades para abordar la seguridad de los familiares.

Mientras tanto, a pocos kilómetros del Estadio Akron de Guadalajara, una de las sedes principales del Mundial, siguen apareciendo nuevas fosas clandestinas con cientos de restos humanos.