BUENOS AIRES – Quién sabe si alguna vez habrá pensado realmente en “dejar todo e irse a la Argentina”, como dice el estribillo de una canción suya de 1983 titulada, precisamente, Argentina.
No es la obra más famosa de Francesco Guccini, cantautor y escritor emiliano. Apátrida entre el “bastardo lugar” de Módena, la “vieja señora” Bolonia y su Pàvana, en los Apeninos de Pistoia, donde había elegido vivir. El “Maestrone” murió esta mañana, 6 de agosto, a los 86 años, y dejó huérfanas de música, compromiso político e identidad emiliana a por lo menos tres generaciones de seguidores.
Y si bien es cierto que Argentina no es su canción más conocida ni más interpretada —ni siquiera por él—, para nosotros, que realmente “dejamos todo y nos vinimos a la Argentina”, sigue siendo una suerte de manifiesto.
Todos nos cruzamos alguna vez con un taxista, en Buenos Aires, que no tardó ni un instante “en decirnos que él también era italiano”. Y todos nos despertamos al menos una vez y comprendimos que esos lugares, en apariencia tan familiares, “no son tuyos y vos no les pertenecés”.
Aunque la “frontera” con la que soñaba de chico, “entre la Via Emilia y el Oeste”, siempre fue para Guccini la de Estados Unidos, su relación con la Argentina era subterránea: profunda e invisible, pero capaz de aflorar de manera inesperada.
Ocurre, por ejemplo, en el álbum Stagioni (2000), con Canzone per il Che, dedicada a la muerte de Ernesto Guevara, “en tierra boliviana”, el 9 de octubre de 1967.
La composición habla del Che, como todos los héroes “siempre joven y hermoso”, pero sobre todo del impacto de su figura en una generación de la que el propio Francesco formaba parte: los bisnietos del anarquista de La locomotiva, la generación de la parka, que se negaba a pensar en un Dios muerto en los campos de exterminio y quería luchar contra las injusticias, aunque con métodos que más tarde la historia se encargaría de juzgar. O que terminó perdida entre “nubes de humo”, “caminos que nunca llevan a ninguna parte” o “habitaciones transformadas por las pastillas”.
El lazo de Francesco con el país también estuvo representado por Juan Carlos “Flaco” Biondini, histórico guitarrista de su banda, nacido en Junín, provincia de Buenos Aires, y radicado en Italia desde 1974.
Sin duda, Biondini es el responsable de las incursiones de Francesco en el tango. De hecho, es el autor de la melodía de Primavera ’59, tema incluido en Stagioni, aunque su música fue compuesta en 1974 y está estructurada como un tango clásico. Se destacan, por lo tanto, los arreglos de bandoneón y guitarra acústica, instrumentos protagonistas de este género musical, mientras que la letra cuenta un amor adolescente de Francesco, vivido en Florencia, en la plaza San Marco, a fines de los años ’50.
Aún más explícitas, desde el propio título, son las referencias musicales de Tango per due, que se remonta a 1990 (Quello che non...), la historia de una pareja madura que baila una noche mientras evoca un pasado ya desdibujado. La música es de Francesco, pero Biondini colaboró en los arreglos.
Scirocco (Madama Bovary, 1987), en cambio, es el recuerdo de una historia de amor inconclusa, evocada durante un día en el que sopla en Bolonia este inusual y cálido viento africano, que hace que la ciudad parezca surrealista y provoca una sensación de extrañamiento, reforzada por la estructura musical que, en este caso, es una milonga y no un tango clásico. Biondini vuelve a aparecer como autor de la melodía.
Finalmente, después de una sociedad musical que se prolongó durante 40 años, Guccini canta a dúo con Biondini en Don Chisciotte (también incluida en Stagioni), otorgándole un papel coprotagónico.
Después de una sociedad musical que duró 40 años, Guccini cantó con él en Don Chisciotte, también incluida en Stagioni.
Biondini interpreta a Sancho Panza, el más cínico y realista de los dos personajes que, llegados ya a la vejez, reflexionan sobre el sentido de la utopía y de los ideales que devuelven dignidad a las acciones humanas. Principios a los que, pese a las desilusiones, las derrotas y los fracasos, no quieren renunciar.

Juan Carlos “Flaco” Biondini. (Foto: Gabriele Zuffetti/Wikimedia)
Y es allí donde vuelve a aparecer, como en Argentina, la nostalgia de los expatriados y los exiliados —reales y metafóricos—, de quienes se sienten “fuera de lugar”, como todos nosotros, por “los sitios en los que nunca viviremos y las personas que no conoceremos”.
Después aparece la Cruz del Sur, en el cielo invertido del hemisferio austral que tan bien conocemos. Y “la nostalgia por lo no vivido” cede su lugar a “un amanecer igual que se te ofrece como una visión, el mismo de tu cielo boreal, el alba dulce que trae consuelo”.
Buen viaje, Francesco. Gracias por todo.